Roberto Bardini Roberto Bardini - rodelu.net
24 de diciembre de 2006

Dos personajes claves
en la captura de Ricardo Cavallo

Un reportero argentino y un jefe de policía mexicano fueron los protagonistas clave –sin conocerse personalmente y separados por diez mil kilómetros de distancia– de la captura en agosto de 2000 del ex capitán de corbeta Ricardo Miguel Cavallo, alias “Serpico”, “Ángel” y “Marcelo”, acusado en su país y en España de secuestros, torturas y muertes.
Roberto Bardini
- Ricardo Cavallo revistó en la Escuela
de Mecánica de la Armada (ESMA)
Ricardo Cavallo
Durante el régimen militar instaurado en Argentina de 1976 a 1983, Cavallo revistó en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), en cuyas instalaciones funcionaba una cárcel clandestina y en la que, según testimonios de ex prisioneros, el marino fue responsable de 159 secuestros, 264 asesinatos y la desaparición de 16 bebés, cuyas madres estaban detenidas.

Con el final de los “años de plomo” y el retorno a la democracia, el ex militar se transformó en empresario y apareció en México a fines de los años 90 como vicepresidente de la firma argentina Talsud S. A., especializada en “tarjetas inteligentes” dotadas de un microchip que almacena datos de los propietarios de vehículos automotores. La empresa poseía subsidiarias en Bolivia, Brasil, El Salvador y Zaire.

La filial de Talsud en El Salvador era Servicios de Transporte Centroamericanos (Sertracen), que maneja la emisión de licencias de conducir y el registro del parque automotor, que entonces era de alrededor de 650 mil vehículos. En combinación con el ejército salvadoreño, además, Sertracen participa en el Registro Nacional de Armas. El gerente general de la empresa era Oscar Eduardo Cavallo, hermano de Ricardo y también ex oficial de la marina de guerra.

El 27 de agosto de 1999, Talsud ganó en México una controvertida licitación para dirigir el recién creado Registro Nacional de Vehículos (Renave), cuyo objetivo era controlar el parque automotor –estimado en 14 millones de unidades– para disminuir el robo de coches, entonces el segundo delito más rentable en México con 160 sustracciones diarias.

Talsud obtuvo la licitación porque ofreció cobrar 43 pesos (unos cinco dólares de la época) por usuario mientras que otras cuatro empresas que competían habían fijado un arancel promedio de 75 pesos, pero al entrar en práctica el Renave la tarifa de la firma argentina saltó a 546 pesos para los vehículos nuevos.

Bajo la dirección de Cavallo y en medio de protestas empresariales, el Renave comenzó a funcionar en febrero de 2000 en los estados de Hidalgo y San Luis Potosí. Tres meses después se había extendido a toda la república, menos en el Distrito Federal. La operación –cuyas ganancias se calculaban en 400 millones de dólares– fue denunciada por varios organismos económicos como “un negocio poco transparente”.

Además, algunas organizaciones políticas sostenían que la “tarjeta inteligente” tenía un formato de “ficha de identidad” policial más que de registro vehicular, ya que se exigía una serie de datos que incluían cambios de domicilio y descripción de la vivienda de los conductores.

Fue precisamente al investigar qué era la firma Talsud S. A. cuando el reportero José Vales, entonces corresponsal en Buenos Aires del diario Reforma, se topó con la presencia en México de Ricardo Miguel Cavallo, alias “Serpico”. El periodista entrevistó a cinco sobrevivientes de la ESMA –que reconocieron al ex torturador por una fotografía de 1971– y destapó el escándalo.

En la mañana del 24 de agosto de 2000, la noticia despertó el interés del abogado Juan Miguel Ponce Edmondson, quien en aquella época era director de Interpol-Mexico y, para desgracia de Cavallo, no tenía nada en común con los policías argentinos, más interesados en proteger que apresar a los ex integrantes de las fuerzas armadas acusados de violaciones a los derechos humanos.

Antes de llegar a la jefatura de Interpol, Ponce Edmondson se había desenvuelto en el ámbito de las Relaciones Exteriores: de 1976 a 1979 fue primer secretario de la embajada de México en Perú y en 1992 fue cónsul en Los Ángeles (California). Estuvo en Suiza como representante de la Procuraduría General de la República (PGR) ante la Unión Europea de 1994 a 1997 y ese último año fue nombrado director de Interpol.

Y por una extraña coincidencia, otros datos personales de Ponce Edmondson agregan un condimento especial al caso Cavallo: la esposa del abogado es argentina y él es un interesado lector de la historia del país rioplatense, además de que en la década del setenta mantuvo relaciones de amistad con muchos exiliados en México.

Otro rasgo personal que no figura en sus antecedentes laborales es su afición por las carnes a la parrilla –especialmente el churrasco y el bife de lomo– que muchos mediodías degustaba en el restaurant argentino Quilmes, ubicado en la esquina de Río Pánuco y Río Danubio, a espaldas de la embajada-búnker de Estados Unidos.

Pero eso no es todo: en 1955, Ponce Edmondson conoció en Paraguay al ex presidente argentino Juan Domingo Perón –quien había sido derrocado por un golpe de estado en septiembre de ese año y durante 49 días residió como asilado político en Asunción– donde se hizo amigo de su padre.

Desde entonces nació una amistad entre Perón y Ponce padre, que se prolongó durante otros dos cortos exilios de Perón en Panamá (1956) y en Venezuela (1956-1960). En Panamá, el ayudante del mandatario derrocado era un joven teniente de la Guardia Nacional llamado Omar Torrijos.

De todo eso fue testigo en su infancia el hombre que cuatro décadas después llegaría a ser director de Interpol en México y que ordenó la detención del ex capitán Ricardo Cavallo en el aeropuerto de Cancún, cuando el ex militar se disponía a fugarse a Argentina.

Aunque en ese momento no existía orden de captura contra Cavallo, el jefe policial decidió actuar inmediatamente. En declaraciones al diario Clarín, de Buenos Aires, el 31 de agosto de 2000 reconoció: “No podíamos perder tiempo. Él se estaba evadiendo del país. [...] Había demasiadas evidencias como para detenerlo por averiguación de antecedentes”.

Cavallo estuvo tres años preso en México y fue extraditado a España. Ahora, después de otros tres años en una cárcel española, será enviado a Argentina.

En 2001, Juan Miguel Ponce Edmondson solicitó el puesto de embajador en Argentina. Pero, según fuentes de la Secretaría de Relaciones Exteriores consultadas por Bambú Press, a raíz de un cortocircuito con el entonces canciller, el veleidoso Jorge Castañeda Gutman –un ex izquierdista devenido en neocon– sólo fue designado segundo secretario en la representación diplomática de México en Uruguay. De todas maneras, Montevideo está a pocos minutos en avión de “su Buenos Aires querido”.

El otro protagonista clave, José Vales, nacido en 1962 y reportero desde 1985, se considera de la “generación de las Malvinas” y en 2001 ganó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo por su investigación del caso, que dos años después convirtió en su primer libro: “Ricardo Cavallo - Genocidio y corrupción en América Latina”.


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