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en el Golfo Pérsico y parece surgido de Las mil y una noches,
pero en versión siglo XXI, con teléfonos satelitales, información digital de Wall
Street y la cotización minuto a minuto del barril de petróleo en los mercados
internacionales: Dubai, uno de los siete emiratos árabes, ubicado en la antigua
Costa de los Piratas –que describió Emilio Salgari hace más de cien años sin
haber salido de Italia– es un paraíso fiscal con poco más de un millón de
habitantes, que representa lujo, enormes fortunas y negocios
multimillonarios.
El pequeño reino árabe tiene el único hotel siete estrellas del mundo que,
además, es el más alto del planeta y fue construido en una de las siete islas
artificiales frente a la costa; el precio por día de una habitación sencilla es
de tres mil dólares. En la zona comercial se encuentran The Emirates Towers, las
torres más elevadas de Medio Oriente, con 355 metros de altura. Y se está
levantando el edificio más alto del globo, de 800 metros de altura y alrededor
de 180 pisos. Dubai, además, ofrece prostitución de lujo con sexoservidoras que
“importa” de Bulgaria, Hungría, Rumania, Rusia y Ucrania; para quienes las
prefieren “oscuras”, el discreto pero muy caro mercado brinda jóvenes de
Etiopía.
Y hacia allí se va la empresa petrolera texana Halliburton, que trasladará su
sede para aprovechar el boom del mercado energético en la región, que le genera
38 por ciento de los 13.000 millones de dólares de ingresos y donde trabajan
16.000 de sus 45.000 empleados repartidos en 70 países. El presidente ejecutivo
de la compañía, David Lesar, mudará su oficina del impersonal Houston a la
paradisíaca Dubai. Lesar, de 53 años, en 2007 se embolsó 26 millones y medio de
dólares de ganancias personales. El vicepresidente Richard Cheney fue el
principal ejecutivo de Halliburton de 1995 a 2000.
El anuncio provocó en Washington el enojo de varios congresistas, ya que la
firma sacó enorme provecho de contratos con las fuerzas armadas de Estados
Unidos en Irak. “Es el peor ejemplo de la codicia corporativa”, dijo el senador
demócrata Patrick Leahy, presidente del Comité Judicial de la cámara alta. “Es
un insulto a los soldados estadounidenses y a los contribuyentes que pagaron por
contratos no licitados y padecieron sus sobreprecios en todos estos años”.
Toda la opulencia que Dubai ofrece a los ejecutivos de Halliburton contrasta
con las ratas, las cucarachas y el moho que padecían hasta hace poco los
soldados heridos en Irak y Afganistán e internados en el Hospital Walter Reed,
de Washington, una de las instituciones médicas supuestamente más prestigiosas
de Estados Unidos. Las largas y lentas filas que debían hacer los convalecientes
para lograr tratamiento seguramente no figurarán entre las futuras
preocupaciones de David Lesar y los ávidos hombres de negocios de la empresa
Halliburton que se establecerán en el Golfo Pérsico. Al fin y al cabo, esos
incómodos soldados jamás aparecerán en las páginas de Forbes.