En
diciembre de 1977 cobró fuerza la insurrección sandinista
contra el dictador Anastasio Somoza y el 16 de enero de 1992 se firmaron
los Acuerdos de Paz entre el gobierno y los rebeldes salvadoreños
en el castillo de Chapultepec, de la ciudad de México. Entre esas
dos fechas fui corresponsal en América Central. Vivía en
Honduras pero me desplazaba a través de Nicaragua, El Salvador y
Guatemala por cuenta del diario mexicano El Día, la desaparecida
revista de circulación latinoamericana Cuadernos del Tercer Mundo
y la Agencia Nueva Nicaragua (ANN).
Fueron
los 14 años más intensos y privilegiados en mi oficio de
reportero. Hago esta alusión personal porque creo que puedo decir
con cierta autoridad profesional que Joaquín Villalobos ha tenido
a partir de 1992 una trayectoria lamentable.
Convertido
en dirigente del nuevo Partido Democrático (PD), antes de su colaboración
con Uribe ya era -y sigue siendo- 'apagaincendios' del actual presidente
de su país, Francisco Flores, de la conservadora Alianza Republicana
Nacionalista (ARENA). El egresado de Oxford dispone de una columna en El
Diario de Hoy y de un espacio matutino en la oficialista Telecorporación
Salvadoreña (TCS).
Además,
cada vez que el gobierno enfrenta conflictos sociales, el analista viaja
desde Gran Bretaña para opinar en vivo y en directo acerca de huelgas,
movimientos sociales, partidos políticos, campesinos, trabajadores
y estudiantes. Y con un pragmatismo sorprendente no pierde una sola oportunidad
para criticar a sus antiguos compañeros del Frente Farabundo Martí
para la Liberación Nacional (FMLN).
Un "error de juventud"
El
10 mayo pasado se cumplieron 28 años del asesinato de Roque Dalton,
periodista, ensayista, poeta, novelista y combatiente revolucionario. La
bala que penetró en su cabeza no salió de un arma policial
o militar. Fue disparada por alguien que se suponía un compañero
del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
La
orden de ejecución fue dada por Alejandro Rivas Mira y Joaquín
Villalobos, quienes también mandaron 'arrestar' a Dalton el 13 de
abril de 1975. La acusación -falsa, desde luego- fue que era 'agente
de la CIA'. La fecha escogida fue cuando en El Salvador se celebra el Día
de las Madres. Cuatro días más tarde, el escritor hubiera
cumplido 40 años.
El
cuerpo ni siquiera fue enterrado: los ejecutores lo abandonaron en un paraje
denominado El Playón. El cadáver terminó devorado
por perros y aves de rapiña. Y un detalle aún más
tenebroso: en ese lugar, los escuadrones de la muerte salvadoreños
dejaban los restos acribillados a tiros de políticos, sindicalistas
y estudiantes sospechosos de colaborar con los guerrilleros.
El
asesinato fue 'injusto, un error de juventud, el más grave que cometí',
le dijo el propio Villalobos casi 18 años después al periodista
Juan José Dalton, hijo de la víctima, quien lo entrevistó
serenamente durante tres encuentros. El muchacho no admitió la explicación:
'Ello sería aceptar que esa etapa de la vida -la juventud- es potencialmente
criminal, lo cual no es posible', escribió.
"Como si supiera que me van a matar al día siguiente"
Roque
Dalton nació el 14 de mayo de 1935, en San Salvador. Su padre, Winnal
Dalton, era un millonario texano criado en la frontera con México.
Su madre, María García, fue una modesta enfermera salvadoreña.
Realizó sus primeros estudios en un colegio jesuita. Después
ingresó a las carreras de Derecho en Chile y Antropología,
por poco tiempo, en México.
En
1953 entrevistó al muralista mexicano Diego Rivera para la revista
literaria de la Universidad de Chile. El mismo Dalton relatará mas
tarde su encuentro con el pintor: 'Me preguntó, con aquella manera
exuberante que tenía, que cuántos años tenía
yo. Yo le dije que 18 años. Entonces me preguntó que si yo
había leído marxismo. Yo le dije que no. Entonces me dijo
que tenía yo 18 años de ser un imbécil. Y entonces
me echó'.
En
1956, Roque fundó con un grupo de poetas salvadoreños y centroamericanos
el Centro Literario Universitario (CLU). Ese mismo año ganó
el Premio Centroamericano de Poesía otorgado por la Universidad
de El Salvador. A los 22 años de edad, se afilió al Partido
Comunista, al que abandonó años después.
Por
su militancia estuvo preso y desterrado. Condenado a muerte dos veces,
logró escapar casi milagrosamente. La primera vez, cayó el
dictador de turno cuatro días antes de su ejecución. La segunda
-el día de Cristo Rey, en 1964- un terremoto sacudió San
Salvador y derrumbó una de las paredes de su celda, situación
que el escritor aprovechó para huir a toda velocidad.
Dalton
vivió exiliado en Guatemala, Cuba, la Unión Soviética
y Checoslovaquia. En ese tiempo, conoció Vietnam del Norte y Corea.
En
1967 escribió una frase premonitoria: 'Desde hace algunos años
siempre me propuse escribir de prisa, como si supiera que me van a matar
al día siguiente'. Con el seudónimo de 'Farabundo', en 1969
ganó el Premio Casa de las Américas de poesía con
su ópera-rock 'Taberna y otros lugares', escrita durante sus dos
años de residencia en Praga.
La
obra poética de Dalton incluye:
'Mía junto a los pájaros', San Salvador (1957)
'La
ventana en el rostro', México (1961)
'El
mar', La Habana (1962)
'El
turno del ofendido', La Habana (1962)
'Los
testimonios', La Habana (1964)
'Poemas',
Antología, San Salvador, (1968)
'Los
pequeños infiernos', Barcelona (1970)
Entre sus ensayos y narraciones se cuentan:
'César
Vallejo', La Habana (1963)
'El
intelectual y la sociedad' (1969)
'¿Revolución
en la revolución? y la crítica de la derecha', La Habana
(1970)
'Miguel
Mármol y los sucesos de 1932 en El Salvador' (1972)
'Las
historias prohibidas del Pulgarcito', México (1974)
Luego
de su muerte se publicaron los siguientes libros:
'Pobrecito
poeta que era yo' (novela), 'El libro rojo de Lenin' (ensayo) y
'Los
hongos', 'Un libro levemente odioso' y 'Contra ataque' (poesía).
"Cuando
sepas que he muerto..."
En
diciembre de 1973, Roque ingresó a El Salvador con un pasaporte
falso a nombre de 'Julio Dreyfus'. Dentro del ERP utilizó el nombre
de 'Julio Delfos Marín'. Antes de su retorno final al país,
se había sometido a una cirugía facial realizada por el mismo
equipo que preparó la entrada clandestina del 'Che' Guevara a Bolivia.
'Es
la inteligencia y clarividencia de Roque la que disgustó a ciertas
personas dentro de una organización política, que tenía
mucha autoridad pero poca inteligencia y poco acierto en sus posiciones',
dijo su compatriota Fabio Castillo, médico y dirigente político,
dos veces rector de la Universidad de El Salvador. 'Era difícil
para esas personas entender la inteligencia de Roque. Eso no le gusta a
las personas que no tienen igual nivel de capacidad y de comprensión'.
El
escritor Eduardo Galeano recuerda así al poeta asesinado:
'Roque
Dalton, alumno de Miguel Mármol en las artes de la resurrección,
se salvó dos veces de morir fusilado. Una vez se salvó porque
cayó el gobierno y otra vez se salvó porque cayó la
pared, gracias a un oportuno terremoto. También se salvó
de los torturadores, que lo dejaron maltrecho pero vivo, y de los policías
que lo corrieron a balazos.
'Y
se salvó de los hinchas de fútbol que lo corrieron a pedradas,
y se salvó de las furias de una chancha recién parida y de
numerosos maridos sedientos de venganza. Poeta hondo y jodón, Roque
prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó
de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente
aquejan a la poesía política latinoamericana. No se salva
de sus compañeros. Son sus propios compañeros quienes condenan
a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta
bala, la única capaz de encontrarlo'.
El
hombre que murió por orden de Joaquín Villalobos, dejó
un poema premonitorio:
'Cuando
sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
porque se detendría la muerte y el reposo.
(...)
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio'.
El politólogo graduado en Oxford y 'especialista en resolución
de conflictos', no cabe la más mínima duda, es incapaz de
redactar una sola línea de este calibre.