Roberto Bardini - rodelu.net
28 de Octubre de 2003
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Moon (I) *

Un reverendo
hijo de... ¿Dios?

Roberto Bardini
Algún día tenía que suceder, pero fue de noche. La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) y los empleados del periódico Tiempos del Mundo denunciaron el domingo 26 de octubre que “entre gallos y medianoche” la empresa News World Argentina SA, editora de esa publicación –que aparece en 17 países de América Latina y en tres ciudades de Estados Unidos– “procedió a un vaciamiento físico de su planta de redacción”.
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Sun Myung Moon speaks at the          
UTS Graduation, June 21, 2001          
 
El sábado 25, cuando el personal estaba ausente como es habitual durante los fines de semana, informa el comunicado, “empleados de mudanza contratados para la ocasión retiraron todo el equipamiento técnico, material periodístico y e inclusive los efectos personales de los trabajadores y montaron una guardia de seguridad privada que impide el ingreso a la redacción”. La empresa editora, perteneciente al grupo económico y al movimiento religioso encabezado por el reverendo coreano Sun Myung Moon –propietaria también del periódico The Washington Times y de la agencia United Press International (UPI)– estaba radicada en Argentina desde 1996. La firma empleaba a más de 50 periodistas y trabajadores de prensa.

¿Quién es Moon?

Sun Myung Moon quiere decir “sol brillante y luna”. Ése es el nombre –norteamericanizado– que adoptó un ex electricista llamado Young Myung Mun, nacido en enero de 1920 en Pyongyang (Corea), en el seno de una familia campesina que abandonó el confucianismo y se hizo presbiteriana. El portador de ese nombre, que vio la luz en “el país donde el sol se alza y comienzan las mañanas”, es uno de los más controvertidos personajes religioso-políticos de la segunda mitad del siglo XX: el “reverendo” Moon, sumo pontífice de la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial, más conocida como Iglesia de la Unificación.

¿Iluminado o demente? ¿Profeta mártir o gurú impostor? ¿Cruzado de la fe o embaucador a nivel internacional? ¿Un rebelde al que sus ideas lo llevaron seis veces a la cárcel o simplemente un degenerado sexual y un delincuente económico? La historia de Moon –como la de aquellos malvados personajes de ficción creados durante la guerra fría y que aspiraban al dominio absoluto del planeta– es una sucesión de actitudes paranoicas, obsesiones económicas, anticomunismo enfermizo, misticismo trasnochado y mitomanía religiosa que algún día deberá estudiar un grupo especializado de psiquiatras, sociólogos, criminalistas y teólogos.

Los padres del pequeño Mun le hicieron aprender desde los siete años los caracteres chinos para que pudiera acceder a las enseñanzas de Confucio. El niño no oyó hablar de Cristo hasta los 14 años, cuando sus papás se convirtieron al cristianismo. El adolescente se sumergió en el credo presbiteriano con la misma devoción con que antes se había iniciado en el confucianismo. En la Pascua de 1936, a los 16 años de edad, tuvo una “revelación divina” y –según sostiene él mismo– recibió “instrucciones” directas de Dios. El Señor lo había escogido para expresar su voluntad en la Tierra. Pero este mensaje –continuar la misión inconclusa de Jesús y redimir a la humanidad– no se conoció sino muchos años más tarde.

Corea estaba ocupada por Japón desde 1904. Durante la Segunda Guerra Mundial, las guerrillas campesinas dirigidas por Kim Il Sung, con apoyo de soldados soviéticos, expulsaron a las tropas japonesas hacia el norte del país. Corea quedó dividida por el paralelo 38 en dos partes: el norte, a cargo de Kim Il Sung, con respaldo de la Unión Soviética, y el sur, bajo la administración del general Douglas MacArthur en representación de Estados Unidos.

En mayo de 1948, los norteamericanos organizaron elecciones presidenciales, sin la conformidad total de los partidos políticos locales, y lanzaron la candidatura de un coreano residente en Estados Unidos. Ante la proclamación unilateral en Seúl de la República de Corea y la postergación indefinida de la reunificación del país, Kim Il Sung convocó a comicios en el norte y el 25 de agosto de ese año proclamó en Piongyang la República Popular Democrática de Corea. En junio de 1950 estalló la guerra entre el norte y el sur, que duró hasta julio de 1953. A su término el país quedó oficialmente dividido. La URSS se retiró de la región pero Estados Unidos permaneció en el sur. La administración norteamericana impulsó una política económica ferozmente capitalista y convirtió al territorio en un enclave exportador, donde hasta los niños eran vendidos al exterior.

Moon, que había estudiado ingeniería eléctrica en la Universidad de Waseda (Japón), regresó a Corea del Norte en 1945 convertido al pentecostalismo. Y fundó, por su propia cuenta, una iglesia de esa denominación, con interpretaciones religiosas muy libres. Tenía entonces 25 años.

Bigamia, estupro y anticomunismo

Otra “revelación” le indujo a casarse con una de sus jóvenes y atractivas devotas. Pero olvidó un detalle: divorciarse de su primera esposa. La mujer lo denunció y él terminó preso. En 1948 fue excomulgado de la iglesia presbiteriana por practicar ritos sexuales con sus discípulas y encarcelado nuevamente “por alterar la sociedad e incitar al desorden”. En enero de 1949 fue nuevamente a prisión, esta vez por “adulterio y libertinaje”.

Simultáneamente, desde su regreso de Japón, Moon se había transformado en un militante anticomunista y organizó un grupo contrarrevolucionario. En 1949, se descubrieron sus vinculaciones conspirativas y fue detenido. Desde Corea del Sur comenzó una campaña que lo reivindicaba como prisionero político y reclamaba su libertad. En 1950, por gestiones de la Organización de Naciones Unidas fue liberado. Se trasladó a territorio surcoreano, donde fijó su residencia y estableció su propia iglesia.

En el nuevo destino, su tendencia al misticismo y el esoterismo no aplacó su frenesí sexual. El 4 de julio de 1955 terminó otra vez tras las rejas a causa de una doble acusación: bigamia y estupro. Otras fuentes señalan diferentes motivos: según un periódico coreano de la época, fue por “violación a la ley del servicio militar” y “detención ilegal de personas”. De acuerdo con un informe de inteligencia estadounidense –que cita la policía de Corea– fue por “seudo religión y falsificación de documentos oficiales”. Como siempre, tuvo suerte y salió rápidamente en libertad.

El año anterior había sucedido algo que transformaría su vida. El primero de mayo de 1945, a 18 años de aquella “revelación divina” de Pascua, Sun Myung Moon fundó la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial. El acontecimiento se produjo en un pequeño cuarto de una miserable casa, ubicada en el número 391 de la calle Bukhal, en Seúl. El motivo que impulsaba a la nueva organización era “combatir al comunismo, que es Satanás, en defensa del bien, que es Dios”. Y el ex electricista de 34 años de edad se convirtió en el principal monje de la nueva secta.

En 1960, a los 40 años y separado de cuatro mujeres, Moon encontró finalmente a una supuesta “nueva Eva”, llamada Han Hak. Cinco años después, adquirió notoriedad internacional cuando realizó –financiado por los servicios de inteligencia surcoreanos– una gira de contenido anticomunista por 40 países. Finalmente, el “reverendo” llegó a Estados Unidos el 18 de diciembre de 1971 y se quedó a residir.

En 1990, la secta poseía centros en 130 países. Según sus miembros, contaban con 50 mil adeptos en Estados Unidos; sus críticos sostenían que en realidad eran 5 mil alterados mentales.

El falso sacerdote tenía diez hijos, producto de cinco matrimonios. Vivía en una lujosa mansión –seis hectáreas, 500 metros cuadrados de construcción– de 25 habitaciones, valuada en 75 millones de dólares, en Irvington (Nueva York), a orillas del río Hudson. Poseía avión, dos yates de 15 metros y varios automóviles, entre ellos un Lincoln blindado.

Con el paso del tiempo se calmaron los apetitos carnales de Moon pero se le despertó la voracidad económica. El 16 de julio de 1982, un juez federal del distrito de Manhattan lo condenó a 18 meses de prisión y 25 mil dólares de multa por evadir impuestos.

En 1985, cumplió 65 años de edad en una cárcel de Danbury (Connecticut), donde estuvo alojado 12 meses, también por evasión fiscal. Fue liberado el 4 de julio, día de la independencia norteamericana, y declaró: “Dios me visitó en la prisión, me escogió entre todos los clérigos de América latina y me pidió que trabajara para salvar a Nicaragua”. A principios de ese año, la secta Moon había recaudado un aporte inicial de 100 mil dólares para los contrarrevolucionarios de la Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), “los paladines de la libertad” del presidente republicano Ronald Reagan que intentaban –sin éxito– derrocar al gobierno sandinista.

En las dos oportunidades que estuvo preso por no pagar impuestos a sus ganancias millonarias, sus seguidores aseguraron que la acusación era un pretexto. El verdadero motivo, decían, era “discriminación racial, prejuicios religiosos y persecución ideológica”. La primera vez, su sustituto provisional al frente de la secta, Moses Durst, afirmó: “Si el reverendo fuese un hombre blanco y de religión presbiteriana, no se hubiera llevado proceso alguno en su contra”. Horas antes de ingresar a la prisión, el propio Moon se autocalificó como “una víctima de sus creencias religiosas, al que en lugar de las hogueras medievales se le destinaba al martirio de la reclusión”.

Sin embargo, en ambas ocasiones sus devotos evitaron mencionar el tema económico. Que quizá sea, precisamente, la principal cuestión que impulsa a la Iglesia de la Unificación. Porque Moon posee uno de los más grandes imperios comerciales y financieros transnacionales del mundo, con ramificaciones en Asia, Europa y América.

“Billetes verdes para el Padre Moon”

“Para alcanzar el Cielo hay que ser poderoso en la Tierra”, predica Sun Myung Moon. Y el falso monje actúa de acuerdo a este precepto. A él no le preocupa la afirmación cristiana de que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos”.

En uno de sus manuales de adoctrinamiento, la Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial incluye pasajes como el que sigue: “¿Te gustaría hacer dichosos a los billetes verdes (dólares)? ¿Por qué no los haces dichosos? ¡Hay tantos billetes verdes que lloran! ¿Nunca los has visto llorar? ¿Todavía no? Tienes que oírlos. Todos están destinados a ir al Padre Moon”. El mensaje suena ridículo. Pero está dirigido a personalidades frágiles y mentalidades alteradas, que lo absorben, asimilan y actúan en consecuencia, con decisión y fanatismo.

Dispuesta a ganar el Cielo a través de su poderío en la Tierra, la secta Moon es una especie de mafia financiero-teológica que cuenta con alrededor de 110 empresas que constituyen uno de los imperios económicos privados más poderosos del planeta. Posee recursos casi ilimitados y compañías repartidas en todo el “mundo occidental”: hoteles, agencias de viaje, empresas pesqueras, fábricas de alimentos, industrias de armas, granjas, centros vacacionales, restaurantes, imprentas y publicaciones. En Estados Unidos controla, de este a oeste, cientos de escuelas de karate, judo, aikido y tae kwon do. Un dato ilustrativo: en 1975, el presupuesto de la Agencia Central de Inteligencia era diez veces inferior al de la secta.

En 1977, a través de intermediarios coreanos, chinos y japoneses en Estados Unidos, logró el control del Diplomat National Bank y de ahí se lanzó al mundo de los negocios marítimos. Adquirió dos compañías de fletes: la International Ocean Enterprices, en la costa este, y la Golden Gate Sea Food, en la costa oeste. Y además, un astillero que construye buques-factoría en Bayou (Alabama). Compró una fábrica procesadora de pescado en Alaska y una flota de setenta embarcaciones que pescan permanentemente frente a las costas de Guyana y Brasil.

En Estados Unidos, Moon tiene cuentas en el Chemical Bank (Nueva York), el Riggs y el American Security Bank (Washington) y el Wells Fargo (San Francisco). Controla, además, fábricas en Argentina, Australia, Canadá, Costa Rica, Gran Bretaña, Italia, la República Federal Alemana y en casi toda Asia.

La agencia de noticias UPI reveló en 1984 –cuando aún no era propiedad de Moon– que sus empresas daban a la secta una ganancia de 500 millones de dólares al año. Esa cantidad equivale a los beneficios de grandes compañías internacionales, como la ITT o Hitachi. Sólo en Estados Unidos, la venta de objetos “religiosos”, jarrones de mármol, miniaturas decorativas y flores dejaban ganancias de 30 millones de dólares anuales.

La organización seudo religiosa predica la paz y el amor, pero se enriquece con la guerra. Sin prejuicios éticos o humanitarios, la Iglesia de la Unificación es accionista de los mayores consorcios del complejo militar-industrial, como MacDonnell-Douglas. En Corea del Sur es propietaria de cuatro compañías. La principal es la Tongil Industrial Company, que produce armamento ligero: fusiles M-16, lanzacohetes M-79 con licencia norteamericana, metralletas M-60 y la ametralladora antiaérea Vulcano. En segundo lugar se ubica la Illwha Pharmaceutical Co, que industrializa el té de gingseng –extraído de la raíz de una planta con “virtudes tonificantes” y supuestamente afrodisíacas, de un espantoso sabor amargo– que produce ganancias anuales de 10 millones de dólares. Moon posee, además, la Ilshin Handicraft Co y la Tangatita Minus Industrial Co.

Por otra parte, desde Japón la secta se proyecta a Asia y desde Francia a Europa. En el primer país tiene 60 compañías, una empresa cinematográfica y el diario Seikai Nippo. Entre 1975 y 1984, la sucursal de Moon transfirió a la central en Nueva York ganancias por 800 millones de dólares.

Francia fue uno de los primeros países del Viejo Continente en los que se estableció la secta. Fue en 1968, a través del bretón Henri Blanchard, un ex seminarista de la Sociedad de Padres de Picpus. Allí, Moon posee cuentas en la Banca Rothschild. Es propietaria, además, de la red de laboratorios medicinales Alfa-Omega, de las joyerías Christian Bernard (imitación de Christian Dior), de 20 centros donde se alojan alrededor de 2 mil adeptos, de empresas comerciales que distribuyen al resto de Europa el té de gingseng y del periódico Le Nouvel Espoir (“La nueva esperanza”), que llegó a editar 60 mil ejemplares. Su redactor jefe era Jean-Pierre Gabriel, un estudiante de arquitectura que militó en la Liga Comunista Revolucionaria (trotskista). Por otra parte, Moon ha desarrollado fuertes vínculos con el Frente Nacional, de Jean-Marie Le Pen.

En Francia, la secta se divide en cuatro equipos: “La alegría”, que vende Nouvel Espoir y tarjetas postales; “La victoria”, que ofrece vasijas, flores y porcelanas; la sección imprenta, que hace trabajos comerciales; y el grupo distribuidor de té. En París, tenía su sede en el número 4 de la Plaza André Malraux, en la margen derecha del Sena.

Moon ingresó a la República Federal Alemana a través de Paul Warner y Vincenz Reiner. Warner fue integrante de las Juventudes Hitleristas en épocas del Tercer Reich. Dirigía una empresa de importación-exportación y era miembro de la Liga Anticomunista Mundial. En la RFA, la secta era dueña del semanario derechista Der Report y de dos fábricas de máquinas-herramientas: una, cerca de Munich; otra, no muy lejos de Frankfurt.

Negocios e inversiones, compra y venta de acciones, tiendas y comercios, fábricas e industrias... El ex moonista japonés y ex redactor jefe de Sekai Nippo, Yoshikazu Soejima, dijo decepcionado en 1984: “Moon ha traicionado a sus seguidores. Convirtió al movimiento en una gran máquina de hacer dinero. Moon no está trabajando para el mundo, sino para sí mismo”.

27 de octubre de 2003

* Primero de una serie de seis artículos

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