| De Kabul
a Bagdad
“Preséntate
a tu Dios como un soldado”
Roberto
Bardini
¡Oh, Pueblo
de Irak! No eres huérfano
para precisar un cuidador, Irak.
Ya no podrás disfrutar
del agua del Tigris
si aceptas la humillación
y la opresión.
Versos de un poeta sunita.
Citado por Yitzhak Nakash, Los
chiítas de Irak,
Princeton University Press, 1994.
París.
“Hacia el complicado Oriente partía yo con ideas simples”, recuerda
un general francés graduado en la Academia Militar de Saint-Cyr.
El hombre ha estado en Dakar, Siria, Madagascar y Argelia. Es, además,
autor de dos libros: El filo de la espada y Memorias de la esperanza.
Bagdad.
“Nuestros ejércitos no han venido a sus ciudades y tierras como
conquistadores o enemigos, sino como liberadores”, anuncia a través
de una proclama un militar inglés que ha avanzado hacia la capital
desde Basora. E insiste: "Pobladores de Bagdad, recuerden que durante 26
generaciones ustedes han sufrido bajo extraños tiranos, que desde
siempre han intentado por todos los medios enfrentar entre sí a
los reinos árabes con el fin de obtener provecho de sus diferencias”.
Bagdad.
Desde la capital de Irak, otro oficial británico informa: “Nos han
metido en una trampa de la cual será difícil salir con dignidad
y honor. Nos han engañado con una información sistemáticamente
manipulada. Los comunicados de Bagdad son tendenciosos, mentirosos, incompletos.
Las cosas van mucho peor de lo que se nos dice, nuestra administración
en este país es mucho más ineficiente y corre más
sangre de lo que sabe el público. Hoy no nos encontramos muy lejos
de un desastre”.
Buenos Aires.
Lejos del teatro de operaciones, un militar y político argentino
advierte: “Hace pocos días en Medio Oriente amenazaron a Estados
Unidos con cerrarle el grifo del petróleo. El petróleo que
produce Medio Oriente es el 80 por ciento del petróleo del mundo.
Si ellos cierran la llave, la industria norteamericana -que esta montada
sobre energía basada en petróleo- tendrá un sacudón
muy fuerte ¿Cómo contestó Estados Unidos? El senado
de Estados Unidos contestó que si lo hacían los árabes,
Estados Unidos ocuparía Medio Oriente. Eso lo van a hacer;
pero no solo con los árabes..... ¡Lo van a hacer también
con nosotros el día que necesiten y no tengan!”.
Nada de lo anterior
fue dicho ayer, ni la semana pasada. Todos los personajes citados están
muertos desde hace mucho tiempo. Sus frases, impresiones y augurios, sin
embargo, conservan una notable vigencia. O una trágica actualidad.
* * * * *
París.
El general francés con “ideas simples” es Charles de Gaulle (1890-1970),
considerado por muchos un héroe de la Segunda Guerra Mundial, a
pesar de que nunca se arrugó el uniforme o se embarró las
botas. Fue, además, tres veces presidente. La primera, como mandatario
provisional en el exilio durante la ocupación alemana de Francia
(1944-1945); la segunda y tercera, como vencedor en elecciones. En 1962,
De Gaulle negocia la independencia de Argelia, cuya lucha de liberación
ha dejado 250 mil víctimas en ocho años.
Bagdad.
El militar inglés que anuncia a los iraquíes que sus batallones
no llegan “como conquistadores o enemigos, sino como liberadores", es el
teniente general sir Stanley Maude. Su proclama se divulga el 8 de marzo
de 1917. El lugarteniente de Maude, sir Percy Cox, convoca a dirigentes
iraquíes para formar un gobierno de colaboración con las
autoridades británicas. Ambos quieren convencer a los árabes
para que acepten la ocupación extranjera mientras administradores
y técnicos del Reino Unido se adueñan del petróleo.
El general Maude murió víctima al bacilo del cólera
a los ocho meses de haber llegado a Bagdad. A principios de marzo de 2003,
el documento con la proclama original de Maude se subastó en Inglaterra
por mil 400 libras esterlinas.
Arthur Harris,
comandante de la Fuerza Aérea en Irak, está muy compenetrado
de las promesas de Maude. Anteriormente ha servido en Rodesia, África
del Sur. Muy didáctico hace saber a los kurdos que “en 45 minutos
un pueblo puede ser borrado del mapa”. [En 1941, dos años después
de estallar la Segunda Guerra Mundial, fue promovido a mariscal del Aire
y ocho meses más tarde estuvo a cargo del Comando de Bombardeo.
Fue partidario de utilizar bombas incendiarias en lugar de artefactos explosivos.
En mayo de 1942 dirigió su primer bombardeo masivo contra Alemania
con mil aviones. La prensa británica lo apodó Bombardero
Harris].
El ejemplo del
teniente general Stanley Maude se extiende. Pocos meses después,
el general sir Edward Allenby toma Jerusalén y “libera” Palestina
de los turcos. El oficial se vanagloria de haber terminado con cuatro siglos
de dominación otomana. Dos años más tarde, el ejército
francés “libera” Líbano y Siria. Se crean fronteras donde
solo había desierto. Los países cambian de manos; las riquezas,
también.
Winston Churchill,
quien como ministro de las Colonias había impulsado la creación
de Irak, Jordania y Palestina, se queja a pesar de todo: para él,
Irak es “un volcán ingrato”, siempre a punto de estallar.
Londres.
El oficial que denuncia la “trampa de la cual será difícil
salir con dignidad y honor” es un poco disciplinado teniente coronel, arqueólogo
graduado en Oxford, traductor y criptógrafo, al que le fascinan
la Antigüedad y los castillos medievales. Se llama Thomas Edward Lawrence
y nació en Gales, en 1888. Pasará a la historia como “Lawrence
de Arabia” –para los occidentales– o Aurens, como lo llamaron los
árabes.
Su informe sobre
“una información sistemáticamente manipulada” fue publicado
en el Sunday Times, de Londres, el 22 de agosto de 1920. Antes,
en un documento de 17 puntos dirigido a las fuerzas británicas,
Lawrence había alertado: “Al extranjero y al cristiano no se le
tiene mucha simpatía en Arabia. No importa cuán amigable
e informal sea el tratamiento hacia ustedes; recuerden siempre que vuestros
cimientos son muy arenosos”. Tiempo después, ampliará el
tema en dos libros muy descriptivos que podrían releerse mañana
mismo o dentro de media hora: Los siete pilares de la sabiduría
y Rebelión en el desierto.
Buenos Aires.
El militar y político argentino que advierte sobre la voracidad
petrolera de Estados Unidos en Medio Oriente es el teniente general
Juan Domingo Perón. Lo dice el 30 de julio de 1973, en un discurso
en la Confederación General del Trabajo (CGT), un año antes
de morir.
* * * * *
París-El
Cairo. Rastreando en la historia se encuentran similares antecedentes.
Son más añejos, pero el objetivo es exactamente el mismo.
“Pueblo de Egipto, os dirán que he venido a destruir vuestra religión”,
afirma el general francés Napoleón Bonaparte al entrar a
El Cairo, en 1798. "No lo crean. ¡Contesten que he venido a restaurar
vuestros derechos!”.
La “cruzada” imperial
de Napoleón intentaba dificultar los esfuerzos de Inglaterra para
hallar una nueva ruta a la India. Los estrategas franceses cometieron exactamente
el mismo error que casi todas las potencias europeas: tratar de dividir
y gobernar utilizando a minorías tribales, étnicas o religiosas
a pueblos mayoritariamente adversos a las autoridades títeres. Al
igual que los británicos, lograron un casi milagro: unificar clanes
enfrentados entre sí.
Al amanecer
del 19 de mayo de 1798, Bonaparte había zarpado del puerto mediterráneo
de Tolón. Iba al mando de 300 buques, 38 mil soldados y 16 mil marineros.
A bordo de la flota también viajaban 154 hombres de ciencia. Había
matemáticos, químicos, especialistas en minerales, ingenieros,
astrónomos, médicos, farmacéuticos, zoólogos
y botánicos. Los acompañaban literatos y orientalistas. La
mayoría desconocía cuál era el destino final. Para
convencer a sus alumnos de que lo dejasen todo, el mineralogista Déodat
de Dolomieu les fomenta expectativas: “No puedo decirles adónde
vamos ni cuánto tiempo vamos a estar allí ni con qué
objetivo, pero puedo asegurarles que es un lugar para conquistar gloria
y saber”. Se autodenominaron Comisión de las Ciencias y de las Artes
del Ejército de Oriente. Los rudos soldados con los que emprenden viaje
los designan sencillamente como “los sabios”. La mayoría de ellos
ronda los 30 años de edad.
El 28 de junio
la escuadra francesa toma la isla de Malta. Napoleón celebra la
victoria con un discurso. Y devela el secreto: el destino es Egipto. Se
trata de una “conquista científica”, dice. El general desembarca
en Alejandría el 2 de julio. El 21, sus tropas se lucen en la Batalla
de las Pirámides. En agosto ya está instalado en El Cairo,
pero muy pronto su suerte dará un giro de 180 grados. A fines de
1798 estalla una insurrección en la capital egipcia y los turcos
le declaran la guerra. El 23 de agosto de 1799, luego de varios enfrentamientos
–en los que resultan vencedores a costa de muchas bajas– Bonaparte y los
oficiales de su estado mayor huyen rumbo a Francia. Los “sabios” se quedan,
a pesar de todo. Son los únicos que a la larga, gracias a descubrimientos
y saqueos, revelarán al mundo algunos enigmas del antiguo reino
de los faraones.
* * * * *
Bombay-Kabul-Londres.
A mediados de los años 60, los movimientos hippies y pacifistas
distribuyen un pequeño cartel que muestra el dibujo de un fornido
“boina verde” o marine estadounidense. El afiche tiene un breve
texto: Ingrese al ejército, viaje a países exóticos,
conozca gente interesante... y mátela.
El escritor británico
Rudyard Kipling no revistó en las filas de ningún ejército
ni mató a nadie, pero recorrió tierras exóticas y
conoció a personas muy interesantes. Nace en Bombay (India) en 1865,
de un matrimonio inglés. Su padre es director de la Escuela de Arte
de Lahore (Pakistán). El muchacho crece en plena expansión
del colonialismo del Reino Unido en Asia y –como hijo de un funcionario
de la Corona– va a estudiar a Londres. Pronto retorna a su país
de origen, en el cual permanece varios años trabajando como periodista.
Se desplaza por la India y viaja por África, donde se relaciona
con oficiales del ejército, exploradores y buscadores de fortuna.
A los 31 años,
Kipling se establece en Londres, donde se dedica a escribir novelas de
aventuras y poesías que describen el ambiente exótico de
Oriente. En la misma línea de Robert Louis Stevenson y Joseph Conrad,
sus obras alcanzaron gran éxito. Es autor de Cuentos simples
de las colinas (1887), El libro de la selva (1895), Los siete
mares (1896), Capitanes intrépidos (1897), Kim
(1901) y Puck de la colina Pook (1906), entre otros títulos.
Se le considera el “Cantor del Imperio” en su versión “heroica”.
A pesar de su romántica defensa del sistema colonial, fue respetuoso
de las costumbres, leyendas y tradiciones de la India. Uno de sus libros
de poemas se llama Baladas de la sala de cuartel (1892). En 1907
ganó el Premio Nobel de Literatura. Falleció en Londres en
1936.
Es muy probable
que ninguno de los soldados estadounidenses de origen anglosajón,
afroamericano, hispano o asiático que están repartidos entre
Afganistán e Irak sepa quién es Rudyard Kipling. Posiblemente
piensen que sea un mercenario convertido al islamismo, un guardaespaldas
de Saddam Hussein o un secuaz de Osama bin Laden. Sin embargo, uno de sus
poemas –de apenas seis líneas– debería imprimirse en una
pequeña cartilla. Cada invasor californiano, texano o neoyorkino
tendría que llevarlo en la mochila o grabado en la memoria. Se titula
Como un soldado y dice así:
Cuando te encuentres herido y abandonado
en las planicies de Afganistán
y las mujeres lleguen a destripar lo que queda,
agarra tu rifle, levántate la tapa de los sesos
y preséntate a tu Dios
como un soldado.
28 de Noviembre de 2003
©
Roberto Bardini
Copyright © 2003 Movimiento
Bambú
bambupress@iespana.es
Se permite la reproducción
de nuestros trabajos mientras se citen las fuentes y se conserve esta nota
de copyright. Bambú no es un grupo pacifista. Está contra
lo «políticamente correcto», el «pensamiento único»
y la «mundialización» impuesta desde arriba. Está
a favor de la ética, las relaciones fraternales entre personas y
la universalización construida desde abajo. |