Irreverencias
y reverencias
Klaus
Santen,
el depredador
de la estepa
Roberto
Bardini
Santa Claus
(también conocido como San Nicolás y Papa Noël) se inspiró
en un temible cazador de renos vikingo que detestaba a los niños,
asegura un académico mexicano de origen escandinavo. Y, además,
en un duro invierno nórdico del año 22 antes de Cristo, el
hombre gordo de barba blanca intentó comerse a un bebé. |
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A estas
conclusiones llegó Erik Wences Guallan, profesor investigador de
la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), de México,
después de consagrar prácticamente toda su vida a develar
el misterio de la leyenda navideña. De padre sueco y madre noruega,
Guallan nació en Chivilcopán (Veracruz) hace 51 años.
«Viví toda mi infancia y gran parte de la adolescencia en
un clima cálido», explica. «De niño, iba de vacaciones
con mis padres a las playas de la región. Crecí secándome
el sudor y no recuerdo haber usado jamás un abrigo o una bufanda
en aquella época».
Décadas después, Guallan
relata: «Por eso nunca me explicaba por qué para Navidad y
Año Nuevo mi papá se disfrazaba de señor gordo, con
barba blanca y se vestía de rojo. ¡Y además me hablaba
de un trineo, nieve y renos, tres cosas que en Veracruz los niños
sólo veíamos en fotos o dibujos!».
Con su cabello rubio casi hasta la
cintura y un metro 84 de estatura, Guallan se ganó en la ENAH el
apodo de «Eriquito Largo-de-aquí». «Desde que
ingresó a la facultad, en la época que todos los estudiantes
estábamos interesados en la revolución o el amor libre, Erik
vivía obsesionado con Santa Claus», recuerda María
Labasca, una de sus condiscípulas. Otro ex compañero, Hugo
Palacios de la Penguin, comenta: «Eriquito no asistía a las
fiestas, ni tenía novia, ni fumaba porros. Sólo quería
graduarse para lanzarse a su gran investigación».
Y Erik Wences Guallan se lanzó.
Con el título universitario en la mano, dedicó más
de 20 años de su vida académica a terminar con la obsesión
del «hombre bueno», conocido como Santa Claus, San Nicolás
y Papa Noël. Perfeccionó su dominio de los idiomas sueco y
noruego, aprendió dinamarqués y finlandés, comprendió
un poco el ruso. Por etapas, durante meses, recorrió todos los países
nórdicos. Pasó horas en bibliotecas de Estocolmo, Oslo, Helsinski
y Copenhague. Consultó archivos, tradujo pergaminos, desempolvó
libros del siglo XI escritos a mano. Entrevistó a historiadores,
narradores de leyendas y anónimos habitantes de aldeas perdidas.
Cuando los padres de Guallan fallecieron
en un accidente de carretera –paradójicamente en la Navidad de 1989–
vendió la casa paterna para financiar más viajes e indagaciones.
Su salud se deterioró: habituado a los climas cálidos, las
temperaturas de Suecia, Noruega, Finlandia y Dinamarca causaron estragos
en su organismo. Vivió engripado la mitad del año 1996 y
todo 1997. Aún hoy, cuando lo recuerda, tiene prolongados accesos
de estornudos.
El resultado de todo este esfuerzo
fue Klaus Santen, el depredador de la estepa, que editará
la Escuela Nacional de Antropología e Historia en cinco tomos, ya
que la obra consta de de 3 mil 398 páginas. El voluminoso texto
sostiene que Santen, un vikingo nacido en el último siglo antes
de la era cristiana, fue un gigantesco ermitaño que vivía
en los bosques. Se alejó de las aldeas porque no soportaba los juegos
y las risas infantiles. Para sobrevivir los crudos inviernos, durante los
pocos meses de sol se dedicaba a cazar renos que luego enterraba en la
nieve. En el verano del año 22 antes de Cristo mató a 427
de esos animales.
«Fue el primer enemigo del
medio ambiente en la historia de la humanidad», se indigna Erick
Wences Guallan mientras estornuda varias veces. «Y además,
un casi antropófago».
El investigador explica por qué:
«Luego de aquella matanza, casi todos los renos de la región
huyeron hacia lo que hoy es Rusia. Entonces, el hambriento Klaus Santen
llegó a una aldea, robó a un bebé de seis meses, dos
semanas y tres días, e intentó comérselo. Los aldeanos
rescataron al crío y colgaron a Santen de un árbol: le colocaron
campanillas en los pies y lo exhibieron hasta que se convirtió en
un esqueleto. Durante mucho tiempo, cada aldeano o viajero que pasaba por
ahí, le sacudía los pies. Al sonido de las campanillas, los
renos retornaron a la comarca». El primero de ellos fue apodado Rudolf
Nariz Roja y se convirtió en mascota de la región.
El académico anunció
que en el 2008 o 2009, una vez que se venda el último tomo de su
obra, publicará un pequeño ensayo sobre los Reyes Magos titulado
Siembra historias falsas y recogerás leyendas bobas. Adelantó
que su breve estudio tendrá sólo 689 páginas y 54
ilustraciones. «Es un texto dirigido a todo público, de divulgación,
para que los padres lean a sus niños», dijo.
(N. del A: Esta nota fue redactada
el 28 de diciembre, fecha que en muchos países se conmemora como
el Día de los Inocentes)
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Roberto Bardini
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