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Chile
El pañuelo
en el rostro
Roberto
Bardini
“Yo leo
mucho, soy un gran lector. Además de temas militares, leo historia,
economía, filosofía. Todas las noches leo cinco minutos y
me duermo”. |
El autor de la frase es el general Augusto
Pinochet. Lo declaró a un desaparecido semanario chileno en 1985.
Augusto quiere decir “que infunde
respeto y veneración”. Es, además, sinónimo de “imponente”.
También es el nombre de uno
de los más famosos emperadores romanos: Cayo Octavio -nacido en
el año 63 antes de Cristo y muerto en el 14 de nuestra era, sobrino
y heredero político de Julio César- se hizo llamar Augusto
en el año 27 a. de C. cuando recibió la suma de poderes
políticos, civiles y religiosos. Augusto multiplicó los funcionarios
en Roma, dividió Italia en regiones e inició la era de los
emperadores romanos. Bajo su reinado -una de las épocas más
brillantes de la historia- florecieron las artes y las letras. Los poetas
latinos Virgilio, Horacio y Ovidio fueron sus protegidos.
De Augusto deriva el nombre del mes
agosto. El calendario romano comenzaba en marzo y el sexto mes se denominaba
Sextilis (en latín, sextus, que quiere decir “sexto”). Para lisonjear
al emperador Augusto luego de la batalla de Accio, el Senado cambió
el nombre por el de Augustus en el año 8 antes de Cristo.
Pinochet no posee nada de Augusto
ni de augusto, en ninguno de los sentidos anteriores. Pero bautizó
a todos sus hijos varones con nombres de emperadores romanos.
En uno de esos gestos, el militar
chileno se autoproclamó Primer Infante de la Patria. La decisión
demostró que era mal lector de temas militares y que, además,
desconocía la historia de su propio país. En realidad, no
era ni primero ni infante.
Los llamados Infantes de la Patria
recibieron esa denominación en 1812. Y eran negros o descendientes
de negros, reclutados a la fuerza o desertores.
El 21 de septiembre de 1987, el columnista
chileno Alfonso Stephens Freire escribió sobre este asunto en la
revista Análisis. Ahora que el ex dictador ha perdido su fuero como
ex jefe de Estado y podría terminar ante un estrado judicial, es
buen momento para rescatar ese recorte del archivo. Escribe Stephens:
“El novel Primer Infante de la Patria,
¿pretende reivindicar al llevar ese título un ancestro de
la raza de color, hasta ahora ignorado? No lo creo. Ello no lo favorecería
dado el apenas disimulado espíritu racista predominante en la sociedad
chilena.
“Busquemos, entonces, el origen del
título en su etimología. El Diccionario de la Academia da
varias acepciones de la palabra infante: niño que aún no
ha llegado a los siete años (y el novel Primer Infante tiene muchos
más de esos años); cualquiera de los hijos varones legítimos
del rey, nacidos después del príncipe y la princesa (tampoco
corresponde). También soldado que sirve a pie. Es decir, que combate
a pie. Y, que sepamos, el novel Infante de la Patria nunca ha combatido
a pie, ni en ninguna forma. Su guerra la ha hecho y la hace cómodamente
sentado y bien asegurado”.
Helado como la hoja de un sable,
parco en sus declaraciones, en cierta ocasión Pinochet mostró
una debilidad: se enjugó una solitaria lágrima cuando el
ejército, en una ceremonia marcial, le despidió de sus filas
con un gran desfile. La foto con el pañuelo en el rostro dio la
vuelta al mundo y salió en las primeras planas de los periódicos.
Cáspita, los tiranos también
lloran.
©
Roberto Bardini
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