Edén
Pastora,
un cero
en la historia
Roberto
Bardini
En la escena cinco del Quinto Acto
de Macbeth, William Shakespeare escribe: “La vida no es más
que una sombra ambulante, un pobre actor que sobre el escenario se pavonea
y sacude en su hora signada, y después no se oye más. Es
un cuento contado por un idiota, lleno de sonido y furia, que no significa
nada”. |
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Hoy, cuando se cumplen 25 años
del triunfo de la insurrección popular que el 19 de julio de 1979
derrocó al dictador Anastasio Somoza en Nicaragua (y hay poco que
festejar), la hermosura de estas líneas de Shakespeare sirve para
recordar a un personaje que aún se pavonea por la desafortunada
Managua:
Edén Pastora.
Con 67 años de edad, lentes,
la cabeza totalmente blanqueada por las canas y muchos kilos de más
que acentúan su baja estatura, el ex comandante Cero del fragmentado
Frente Sandinista de Liberación Nacional aún está
repleto de sonido y furia.
El 14 de junio pasado, durante un
mitin frente a su casa en el que participaron unos doscientos simpatizantes,
Pastora agradeció su nominación como precandidato a alcalde
de Managua por el Partido Liberal Independiente y la Alianza Democrática
Nicaragüense. Al asegurar que él “no se mete a proyectos tontos”,
conservó su estilo: “Si yo voy a hacer algo, me tomo un palacio
o hago la guerra. O hago una cagada de buey leonés, porque como
cabrito no voy a cagar”. El poético lenguaje -lleno de elaborado
simbolismo y fragantes alegorías- fue vitoreado por sus seguidores,
que llegaron acarreados en
seis autobuses.
Este es el hombre que el 22 de agosto
de 1978, a los 42 años de edad, dirigió un comando de veinticinco
sandinistas que tomaron por asalto el Palacio Nacional (Poder Legislativo)
nicaragüense. La ocupación duró 45 horas y concluyó
con la liberación de 59 prisioneros políticos, trasladados
en avión fuera del país.
La foto de Pastora en la escalera
del avión que lo llevaría a Panamá dio la vuelta al
mundo: los dos brazos en alto, un fusil G-3 en una mano y la V de la victoria
en la otra, la boina guerrillera, las granadas en el pecho y -a diferencia
de sus milicianos- el rostro descubierto.
El comandante Cero provenía
de una familia de pequeños terratenientes conservadores. En su juventud,
intentó estudiar medicina en la Universidad Autónoma de Guadalajara,
en México. Después, se dedicó a pescar tiburones en
Costa Rica. Cuando en 1970 se vinculó tardíamente al Frente
Sandinista, tenía poca formación política y no lograba
leer un libro completo. Pero como hombre de acción, se construyó
una imagen combinada de Che Guevara socialdemócrata y Rambo
tropical. Y también de “macho” centroamericano: tenía 19
hijos, como resultado de cuatro matrimonios.
Un día se autodefinió
como “el comandante más querido”. Le parecieron estrechos los puestos
de viceministro de Defensa y jefe nacional de las Milicias Populares Sandinistas.
Anunció que se iba “tras el olor de la pólvora”, a combatir
en otras latitudes. Después se supo que anduvo un poco con la guerrilla
de El Salvador y la insurgencia de Guatemala.
En abril de 1982, se pasó
a las filas contrarrevolucionarias y terminó financiado por la Agencia
Central de Inteligencia.
Éste es el hombre que aspira
a convertirse en el próximo alcalde de Managua, a quien la poetisa
nicaragüense Gioconda Belli le dedicó cuatro versos:
Los que te hicimos hombre, Edén
te deshombramos
sólo eres dueño ahora
de un cero en la historia.
©
Roberto Bardini
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