Roberto Bardini - rodelu.net
8 de Agosto de 2004
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. Sudán,
infierno en la Tierra
Roberto Bardini
A fines del siglo XIX, África encarnaba el primitivismo, el misterio y la aventura. Y también el sueño de grandes riquezas para cualquiera que quisiera apoderarse de ellas. Todo, claro está, en nombre de la civilización y la supremacía blanca. 

Muchos hombres notables, desde Rudyard Kipling hasta H. Rider Haggard, autor de Las minas del rey Salomón y La guerra Zulú, se sintieron atraídos por esas tierras. El corazón de las tinieblas, novela de Joseph Conrad, está ambientada en el curso superior del río Congo; en ese relato se inspiró Francis Ford Coppola para hacer Apocalypsis Now.

Ni siquiera el precoz Arthur Rimbaud escapó a este influjo. En 1880, a los 26 años de edad, abandonó la poesía para convertirse en vendedor de café, marfil y piel de cocodrilo, traficante de armas y mercader de esclavos. De regreso a Francia escribió: “Yo hubiera podido morir en África, roído por el fango y la peste, con el cuerpo lleno de gusanos y rodeado de desconocidos sin edad y sin sentimientos”.

Las palabras del poeta parecen describir ese infierno en la Tierra llamado Sudán, el país más grande del continente africano. Con dos millones y medio de kilómetros cuadrados y alrededor de 33 millones de habitantes, la mortalidad infantil alcanza el 78 por ciento y la esperanza de vida es de 53 años. Sólo el 37 por ciento de la población sabe leer y escribir.

Las principales causas de muerte son malaria, disentería, tuberculosis, sida y desnutrición. En el castigado sur -205 mil kilómetros cuadrados y cerca de siete millones de personas- los enviados de prensa describen “larvas que salen de las llagas de los pies; dos clases de moscas de picadura mortífera; un síndrome misterioso que provoca convulsiones en los niños y retarda su crecimiento hasta matarlos”. En esa región hay sólo tres cirujanos y un tenebroso récord: la llamada “enfermedad del gusano de Guinea” -que prácticamente desapareció del planeta- registra el 80 por ciento de casos en todo el mundo.

Sin embargo, Sudán es un país rico en recursos. Posee petróleo y la ganadería supera los 50 millones de cabezas (bovina, caprina y ovina). Cuenta con áreas fértiles bañadas por el río Nilo, donde se cosecha algodón (principal cultivo, con 40 por ciento de las exportaciones), caña de azúcar, dátiles, cacahuates, plátanos y sésamo.

Pero la historia no ha sido generosa con este país. Primero padeció a los árabes y turcos que llegaban a la búsqueda de esclavos. Después, a los colonialistas europeos. Finalmente, a sus propios dictadores y señores de la guerra.

Entre 1820 y 1822, Sudán fue conquistado por Egipto. A mediados del siglo XIX, los británicos se interesaron en su importancia estratégica para rutas comerciales a la India a través de recién abierto Canal de Suez y para limitar la influencia francesa en África. En 1880, el país cayó bajo el control anglo-egipcio. Después de la Segunda Guerra Mundial, Sudán fue causa de contiendas entre Londres y El Cairo. En 1952, ambas naciones aprobaron un referéndum sobre la independencia, que finalmente llegó en 1956.

Desde entonces, Sudán sólo vivió siete fugaces años de paz. Esa guerra olvidada entre el norte islámico y el sur no musulmán dura cuatro décadas y ha causado, desde 1983, más de un millón de muertos y casi tres millones de desplazados.

© Roberto Bardini
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