El
arte de la prudencia
y el
terrorismo
Roberto
Bardini
El jesuita
español Baltasar Gracián (1601-1658), fue profesor, escritor,
orador y valiente soldado (en la guerra contra los franceses, sus camaradas
de armas lo apodaron “El padre de la victoria”). También es autor
de El arte de la prudencia, una colección de trescientas
máximas para alcanzar la perfección. En los últimos
días, hubo varios ejemplos de que muchos protagonistas internacionales
del momento se aproximan a ese ideal. El mundo avanza a grandes pasos hacia
la meta de convertirse en un lugar habitable, gobernado por hombres comprensivos
y solidarios. |
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Baltasar Gracián (1601-1658)
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1.
Dice Gracián: “Renovar el lucimiento. La excelencia suele envejecer,
y con ella la fama. La costumbre disminuye la admiración y una novedad
mediana suele vencer a la mayor eminencia una vez envejecida. Hay que renovar
el valor, el ingenio, el éxito, todo. Hay que aventurarse a renovar
en brillantez, amaneciendo muchas veces como el sol, cambiando las actividades
del lucimiento”.
El
6 de agosto, el presidente George W. Bush anunció que su gobierno
“ya no usa” la expresión “guerra contra el terrorismo”, acuñada
después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. La nueva
denominación es “combate contra extremistas ideológicos que
no creen en sociedades libres y apelan al terrorismo como arma para intentar
afectar la conciencia del mundo libre”.
Es
probable que Bush -hombre de sólida formación académica
y dueño de una memoria prodigiosa- crea que la flamante definición
es más sintética y fácil de recordar. Como recomienda
el jesuita español, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”.
2.
Dice Gracián: “No estar siempre de broma. La prudencia se conoce
en la seriedad, que está más acreditada que el ingenio. El
que siempre está de burlas no es hombre de veras. Otros ganan fama
de chistosos y pierden el crédito de prudentes. Lo jovial debe tener
su momento, y la seriedad todos los demás”.
El
Ministerio del Interior británico ha seguido esta recomendación
al pie de la letra: prohibió que sus súbditos sonrían
en las fotografías de los nuevos pasaportes. “Una pequeña
sonrisa está permitida, siempre y cuando los labios permanezcan
cerrados”, explicó un vocero.
La
disposición establece que los titulares de los pasaportes deberán
tener “expresión neutra y mantener la boca cerrada”. Los niños
no podrán llevar muñecos o juguetes que los distraigan al
tomarse la foto.
El
nuevo documento de viaje entrará en vigor a partir de 2005 y almacenará
datos biométricos como parte de la guerra contra el terrorismo.
Perdón: como parte del “combate contra extremistas ideológicos
que no creen en sociedades libres y apelan al terrorismo como arma para
intentar afectar la conciencia del mundo libre”. Esos niños que
hoy sonríen ante la cámara, mañana pueden convertirse
en criminales fundamentalistas.
3.
Dice Gracián: “Conseguir la admiración general es mucho,
pero es más ganar el afecto. La cortesía es el mayor embrujo
político de los grandes personajes”.
Quizá
el sargento estadunidense Hydrue Joiner, policía militar en la prisión
iraquí de Abu Ghraib, no tenga la talla de un gran estadista. Sin
embargo, a diferencia de sus sádicos y sádicas camaradas,
fue definido por los prisioneros árabes como “un salvador”. Y no
porque predicara el Nuevo Testamento o el Corán, sino porque era
amable. Simplemente no los vejaba, ni se retrataba con ellos en posturas
indignas. Además, por iniciativa propia, Joiner les suministraba
pasta de dientes y jabón, lo cual no estaba previsto por las autoridades.
El
sargento, que dio testimonio en Fort Bragg durante una audiencia militar,
definió a Abu Ghraib como “un infierno”. Quizá el policía
militar no estaba muy convencido de que los prisioneros eran “terroristas”.
Es decir, “extremistas ideológicos que no creen en sociedades libres
y apelan al terrorismo como arma para intentar afectar la conciencia del
mundo libre”.
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Roberto Bardini
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