Roberto Bardini - rodelu.net
15 de Agosto de 2004
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El arte de la prudencia 
y el terrorismo
Roberto Bardini
El jesuita español Baltasar Gracián (1601-1658), fue profesor, escritor, orador y valiente soldado (en la guerra contra los franceses, sus camaradas de armas lo apodaron “El padre de la victoria”). También es autor de El arte de la prudencia, una colección de trescientas máximas para alcanzar la perfección. En los últimos días, hubo varios ejemplos de que muchos protagonistas internacionales del momento se aproximan a ese ideal. El mundo avanza a grandes pasos hacia la meta de convertirse en un lugar habitable, gobernado por hombres comprensivos y solidarios.
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Baltasar Gracián (1601-1658)

1. Dice Gracián: “Renovar el lucimiento. La excelencia suele envejecer, y con ella la fama. La costumbre disminuye la admiración y una novedad mediana suele vencer a la mayor eminencia una vez envejecida. Hay que renovar el valor, el ingenio, el éxito, todo. Hay que aventurarse a renovar en brillantez, amaneciendo muchas veces como el sol, cambiando las actividades del lucimiento”. 

El 6 de agosto, el presidente George W. Bush anunció que su gobierno “ya no usa” la expresión “guerra contra el terrorismo”, acuñada después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. La nueva denominación es “combate contra extremistas ideológicos que no creen en sociedades libres y apelan al terrorismo como arma para intentar afectar la conciencia del mundo libre”. 

Es probable que Bush -hombre de sólida formación académica y dueño de una memoria prodigiosa- crea que la flamante definición es más sintética y fácil de recordar. Como recomienda el jesuita español, “lo breve, si bueno, dos veces bueno”.

2. Dice Gracián: “No estar siempre de broma. La prudencia se conoce en la seriedad, que está más acreditada que el ingenio. El que siempre está de burlas no es hombre de veras. Otros ganan fama de chistosos y pierden el crédito de prudentes. Lo jovial debe tener su momento, y la seriedad todos los demás”. 

El Ministerio del Interior británico ha seguido esta recomendación al pie de la letra: prohibió que sus súbditos sonrían en las fotografías de los nuevos pasaportes. “Una pequeña sonrisa está permitida, siempre y cuando los labios permanezcan cerrados”, explicó un vocero. 

La disposición establece que los titulares de los pasaportes deberán tener “expresión neutra y mantener la boca cerrada”. Los niños no podrán llevar muñecos o juguetes que los distraigan al tomarse la foto. 

El nuevo documento de viaje entrará en vigor a partir de 2005 y almacenará datos biométricos como parte de la guerra contra el terrorismo. Perdón: como parte del “combate contra extremistas ideológicos que no creen en sociedades libres y apelan al terrorismo como arma para intentar afectar la conciencia del mundo libre”. Esos niños que hoy sonríen ante la cámara, mañana pueden convertirse en criminales fundamentalistas.

3. Dice Gracián: “Conseguir la admiración general es mucho, pero es más ganar el afecto. La cortesía es el mayor embrujo político de los grandes personajes”. 

Quizá el sargento estadunidense Hydrue Joiner, policía militar en la prisión iraquí de Abu Ghraib, no tenga la talla de un gran estadista. Sin embargo, a diferencia de sus sádicos y sádicas camaradas, fue definido por los prisioneros árabes como “un salvador”. Y no porque predicara el Nuevo Testamento o el Corán, sino porque era amable. Simplemente no los vejaba, ni se retrataba con ellos en posturas indignas. Además, por iniciativa propia, Joiner les suministraba pasta de dientes y jabón, lo cual no estaba previsto por las autoridades.

El sargento, que dio testimonio en Fort Bragg durante una audiencia militar, definió a Abu Ghraib como “un infierno”. Quizá el policía militar no estaba muy convencido de que los prisioneros eran “terroristas”. Es decir, “extremistas ideológicos que no creen en sociedades libres y apelan al terrorismo como arma para intentar afectar la conciencia del mundo libre”.

© Roberto Bardini
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