Roberto Bardini - rodelu.net
30 de Noviembre de 2004
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Venezuela

C-4, una herramienta “democrática”

Roberto Bardini

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Henry Vivas

El viernes pasado, dos ex jefes de policía venezolanos pidieron asilo a El Salvador porque se consideraban “perseguidos políticos”. Según el abogado que los representa, ambos se sienten “acosados por las autoridades policiales y desconfían del actual sistema judicial del país”.  ¿Policías buenos perseguidos por policías malos? Nada de eso.

No se trata de un par de angelitos defensores de la democracia, los derechos humanos y la ecología. Ellos son Lázaro Forero y Henry Vivas, ex comisarios de la Policía Metropolitana de Caracas, investigados por homicidio durante los hechos de violencia que precedieron al breve derrocamiento del presidente Hugo Chávez en abril de 2002. Los dos estuvieron a las órdenes del alcalde opositor Alfredo Peña, quien también estaba siendo investigado por la fiscalía y huyó del país. 

¿Quién investigaba a estos “perseguidos políticos”? El fiscal Danilo Anderson, quien les había prohibido salir del país y tenía bajo la lupa a 400 sospechosos más, entre los que se contaban otros oficiales de policía, jefes militares, políticos opositores y empresarios pro estadounidenses. 

¿Quién era Anderson? Un abogado de 38 años, egresado de la universidad en 1995, especializado en Ciencias Penales y Criminológicas, así como en Derecho Ambiental y Desarrollo Sustentable. En su juventud fue fundador de Acción Reivindicatoria del Derecho Estudiantil (ARDE). En la actualidad era el brazo derecho del Fiscal General de la Republica, Isaías Rodríguez. Defensor del sistema ecológico, el abogado fue el primer fiscal que abrió un juicio por delitos ambientales en Caracas. Sus amigos cuentan que tenía espíritu aventurero, le gustaba escalar montañas y se caracterizaba por ser un gran narrador de historias. 

¿Qué pasó con Anderson? A las once de la mañana del 18 de noviembre voló en pedazos en la explosión de dos bombas colocadas en su automóvil. Su cuerpo quedó irreconocible. 

A principios de la semana que pasó fue capturado otro de los buenos ciudadanos que investigaba Anderson. Se trata de Iván Simonovis, el ex secretario de Seguridad Ciudadana de la alcaldía de Alfredo Peña, quien fue arrestado cuando cuando intentaba huir de Venezuela. Rumbo a Estados Unidos. 

El mismo día que los ex comisarios Forero y Rivas solicitaban asilo político a la embajada salvadoreña, otros dos coleguitas fueron detenidos: son los hermanos-comisarios Otoniel y Rolando Guevara. El primero fue jefe del Cuerpo Técnico de la Policía Judicial; el segundo, perteneció a la tenebrosa Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), disuelta por el presidente Hugo Chávez. En sus domicilios y oficinas se halló un mapa que al parecer señalaba la ruta de desplazamiento del fiscal Anderson en su rutina diaria y un video de un centro comercial caraqueño al que concurrió el fiscal el día en que fue asesinado. 

Un primo de estos dos policías, Juan Bautista Guevara, chocó con su camioneta al automóvil del Anderson antes del atentado. Ingenuamente, el fiscal intercambió teléfonos para cubrir el accidente con los seguros. Mientras tanto, un desconocido se agachó y fingió revisar los daños del vehículo del funcionario. Se cree que en ese momento colocó las dos bombas. 

Los explosivos eran C4, conocidos como “plásticos”. Fueron utilizados por el ejército de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, por escuadrones de la muerte centroamericanos en los años 80, por los contras antisandinistas en la misma época y por cubanos anticastristas. Se puede decir que el C4 es el “disuasivo” más contundente con que cuentan los defensores a ultranza de la democracia occidental.

© Roberto Bardini
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