| Venezuela
C-4,
una herramienta “democrática”
Roberto
Bardini
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Henry Vivas
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El viernes pasado, dos ex jefes
de policía venezolanos pidieron asilo a El Salvador porque se consideraban
“perseguidos políticos”. Según el abogado que los representa,
ambos se sienten “acosados por las autoridades policiales y desconfían
del actual sistema judicial del país”. ¿Policías
buenos perseguidos por policías malos? Nada de eso.
No se trata de un par de angelitos
defensores de la democracia, los derechos humanos y la ecología.
Ellos son Lázaro Forero y Henry Vivas, ex comisarios de la Policía
Metropolitana de Caracas, investigados por homicidio durante los hechos
de violencia que precedieron al breve derrocamiento del presidente Hugo
Chávez en abril de 2002. Los dos estuvieron a las órdenes
del alcalde opositor Alfredo Peña, quien también estaba siendo
investigado por la fiscalía y huyó del país.
¿Quién investigaba
a estos “perseguidos políticos”? El fiscal Danilo Anderson, quien
les había prohibido salir del país y tenía bajo la
lupa a 400 sospechosos más, entre los que se contaban otros oficiales
de policía, jefes militares, políticos opositores y empresarios
pro estadounidenses.
¿Quién era Anderson?
Un abogado de 38 años, egresado de la universidad en 1995, especializado
en Ciencias Penales y Criminológicas, así como en Derecho
Ambiental y Desarrollo Sustentable. En su juventud fue fundador de Acción
Reivindicatoria del Derecho Estudiantil (ARDE). En la actualidad era el
brazo derecho del Fiscal General de la Republica, Isaías Rodríguez.
Defensor del sistema ecológico, el abogado fue el primer fiscal
que abrió un juicio por delitos ambientales en Caracas. Sus amigos
cuentan que tenía espíritu aventurero, le gustaba escalar
montañas y se caracterizaba por ser un gran narrador de historias.
¿Qué pasó con
Anderson? A las once de la mañana del 18 de noviembre voló
en pedazos en la explosión de dos bombas colocadas en su automóvil.
Su cuerpo quedó irreconocible.
A principios de la semana que pasó
fue capturado otro de los buenos ciudadanos que investigaba Anderson. Se
trata de Iván Simonovis, el ex secretario de Seguridad Ciudadana
de la alcaldía de Alfredo Peña, quien fue arrestado cuando
cuando intentaba huir de Venezuela. Rumbo a Estados Unidos.
El mismo día que los ex comisarios
Forero y Rivas solicitaban asilo político a la embajada salvadoreña,
otros dos coleguitas fueron detenidos: son los hermanos-comisarios Otoniel
y Rolando Guevara. El primero fue jefe del Cuerpo Técnico de la
Policía Judicial; el segundo, perteneció a la tenebrosa Dirección
de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), disuelta por
el presidente Hugo Chávez. En sus domicilios y oficinas se halló
un mapa que al parecer señalaba la ruta de desplazamiento del fiscal
Anderson en su rutina diaria y un video de un centro comercial caraqueño
al que concurrió el fiscal el día en que fue asesinado.
Un primo de estos dos policías,
Juan Bautista Guevara, chocó con su camioneta al automóvil
del Anderson antes del atentado. Ingenuamente, el fiscal intercambió
teléfonos para cubrir el accidente con los seguros. Mientras tanto,
un desconocido se agachó y fingió revisar los daños
del vehículo del funcionario. Se cree que en ese momento colocó
las dos bombas.
Los explosivos eran C4, conocidos
como “plásticos”. Fueron utilizados por el ejército de Estados
Unidos en la guerra de Vietnam, por escuadrones de la muerte centroamericanos
en los años 80, por los contras antisandinistas en la misma época
y por cubanos anticastristas. Se puede decir que el C4 es el “disuasivo”
más contundente con que cuentan los defensores a ultranza de la
democracia occidental.
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Roberto Bardini
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