El Holocausto,
¿un negocio millonario?
Roberto
Bardini
El 27 de enero se recordarán
60 años de la liberación de Auschwitz, en Polonia, considerado
el mayor campo de concentración y exterminio durante la Segunda
Guerra Mundial. La fecha sirve para recordar la obra de un intelectual
judío que ha sido anatemizado en Israel y Estados Unidos. Se llama
Norman Finkelstein y es autor de La industria del holocausto. |
- |
 |
Auschwitz
remite a cámaras de gas y hornos crematorios. Se dice que allí
murieron un millón 600 mil personas, en su mayoría judíos.
También había -aunque no se les otorga la misma importancia-
gitanos, homosexuales, discapacitados y opositores políticos, principalmente
guerrilleros y comunistas. Los prisioneros efectuaban trabajos forzados
para las principales empresas alemanas: Wolkswagen, Krupp, Thyssen, IG
Farben, Messerschmidt.
La palabra holocausto proviene del
griego (holo: “todo”, y caustos: “quemado”). Entre los judíos,
se denominaba así al sacrificio en el que se prendía fuego
completamente a la víctima, la ofrenda. La Biblia relata que, por
obediencia a Dios, Abraham ofreció a su propio hijo en holocausto.
A mediados de la década del 60, la palabra comenzó a escribirse
con mayúscula en alusión a los judíos muertos en los
campos de concentración nazis y se transformó en sinónimo
de exterminio masivo. Hasta hoy, a seis décadas de terminada la
Segunda Guerra Mundial, Hollywood continúa produciendo películas
al estilo La lista de Schindler, que mantienen viva esa historia.
El rabino Arnold Jacob Wolf, director
de la fundación académica Hillel, de la Universidad de Yale,
declaró en 1990 que tenía la impresión de que “en
lugar de dar clases sobre el Holocausto, lo que se hace es venderlo”. ¿A
qué se refería el religioso? Al negocio que representa lo
que algunos historiadores revisionistas europeos califican de “holocuento”
u “holocash”.
Hay un polémico libro al respecto,
editado por Siglo XXI de España en 2002, al que intereses ocultos
impidieron que circulara en México. Se titula La industria del
holocausto – Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío.
Su autor es Norman Finkelstein, nacido en Brooklin, profesor en la Universidad
De Paul, en Chicago, y articulista de la London Review of Books. Finkelstein
es hijo de supervivientes de Auschwitz.
Finkelstein se indigna por el modo
en el que el genocidio nazi ha sido explotado y convertido en negocio.
Considera que extraer dinero en el nombre de las víctimas judías
del Holocausto, reduce su martirio a una especie de “casino de Montecarlo”.
Menciona el caso de Alemania, donde varias empresas enfrentaron acciones
legales en 1998 y accedieron a constituir un fondo de 5 mil 100 millones
de dólares para atender las demandas de los trabajadores esclavos
de la época nazi.
La industria del holocausto
da más ejemplos. En 1997, Suiza accedió a entregar mil 250
millones de dólares. Ese mismo año, se estableció
el Fondo Especial para las Víctimas Necesitadas del Holocausto,
con 200 millones de dólares. El Congreso Mundial Judío, por
su parte, había recibido siete mil millones de dólares.
En septiembre de 2004, Finkelstein
declaró al diario mexicano La Jornada que “una parte importante
de los sobrevivientes del Holocausto nunca ha visto ni un dólar
de ese dinero, porque lo cobran las organizaciones judías que gestionan
las reparaciones económicas ante los Estados europeos involucrados”.
El investigador no anduvo con vueltas: “Muchos de sus dirigentes son verdaderos
gángsters y sinvergüenzas profesionales que deberían
estar en la cárcel”.
El exterminio en los campos de concentración
“fue utilizado por los dirigentes israelíes en el último
cuarto de siglo como instrumento para un chantaje moral y político,
pero en tiempos más recientes también para el chantaje financiero”,
afirmó Finkelsrtein.
El autor, que ha provocado un ataque
de furia en la prensa de Estados Unidos e Israel, asegura que las organizaciones
supuestamente encargadas de restituir las “indemnizaciones” o “reparaciones”,
en realidad se dedican a conservar e invertir los fondos obtenidos. Sostiene
que la gran mayoría de “supervivientes” es irreal. Y subraya una
ironía: el número de supervivientes del holocausto aumenta
con el paso del tiempo, lo que es “una forma de negar el holocausto”.
En la introducción al libro,
Finkelstein escribe: “El motivo más evidente de mi ira es que esta
manipulación se haya empleado para justificar la política
criminal del Estado de Israel y el apoyo estadunidense a la misma”. Y concluye:
“A la vista de los sufrimientos de los afroamericanos, los vietnamitas
y los palestinos, el credo de mi madre siempre fue: «Todos somos
víctimas del holocausto»”.
©
Roberto Bardini
Copyright © 2003 Movimiento
Bambú
bambupress@iespana.es
Bambú Press está
contra lo «políticamente correcto», el «pensamiento
único» y la «globalización» impuesta desde
arriba. Está a favor de la ética, las relaciones fraternales
entre personas y la universalidad construida desde abajo. |