Armenia:
el genocidio
olvidado
Roberto
Bardini
El 24 de abril de 1915, durante la
Primera Guerra Mundial, 600 líderes e intelectuales de la comunidad
armenia en Estambul son arrestados por las autoridades turcas y asesinados.
A partir de entonces, en un período de cinco años y ante
la indiferencia mundial, un millón y medio de armenios son masacrados
sistemáticamente.
Los armenios -singular mezcla de
las civilizaciones iraní, griega, romana y bizantina- constituyen
la nación cristiana más antigua de la historia: abrazaron
este credo en el año 301 y
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posteriormente adoptaron la variante
ortodoxa. El antiguo reino de Armenia ocupaba una superficie de 800 mil
kilómetros cuadrados (hoy reducidos a sólo 30 mil) desde
el Mar Negro hasta Siria y Persia, pasando por el Cáucaso.
Las escasas menciones de la Biblia
sobre esta región contribuyeron a engrandecer las leyendas sobre
su glorioso pasado. Hay quienes creen que es la cuna de la humanidad, donde
se ubicaba el jardín del Edén. En las heladas planicies de
Anatolia, donde se fusionan los actuales límites de Turquía,
Armenia e Irán, se levanta el Monte Ararat, de 5 mil 156 metros
de altura. Allí, se dice, encalló el Arca de Noé después
del Diluvio Universal.
A partir del siglo XIII los turcos
otomanos iniciaron la conquista del Asia Menor. En 1453 tomaron Constantinopla
y marcharon hacia el este, invadiendo Persia. Las numerosas guerras entre
Turquía y Persia tuvieron como campo de batalla al territorio de
Armenia. En el siglo XVII, el país fue repartido definitivamente
entre ambos imperios musulmanes. Gran cantidad de armenios emigraron y
se establecieron lejos del país. Muchas de esas colonias existen
hasta hoy.
En 1722, Rusia ocupa territorios
que pertenecían a Persia. Los nobles armenios de Nagorni Karabaj
y otros territorios vecinos se sublevan y se unen a las tropas rusas, dirigidos
por David-bek, considerado héroe nacional. El zar ruso Pedro el
Grande, quien había prometido apoyo a los armenios, muere en 1725,
y Rusia firma la paz con Persia. De 1804 a 1813 se desarrolla otra guerra
entre Rusia y Persia; al concluir, Karabaj y otros territorios de Armenia
son incorporados al Imperio Ruso.
Durante casi todo el siglo XIX Rusia
combate contra Persia y Turquía, y anexa nuevas regiones armenias.
Al final, se queda con toda la parte oriental del país, habitada
por más de dos millones de personas. La mayor parte de Armenia,
con más de cuatro millones de pobladores, continúa formando
parte de Turquía. La parte oriental prospera bajo la protección
rusa, pero en el Imperio Otomano los armenios son víctimas de persecuciones.
“Extermínenlos sin miramientos”
El 15 de septiembre de 1915, el ministro
turco del Interior, Talaat Pachá, envía un telegrama a la
Prefectura de la ciudad de Alepo, con la siguiente directiva: “El gobierno
ha decidido exterminar totalmente a los armenios habitantes en Turquía.
Sin miramientos por las mujeres, los niños y los inválidos,
por trágicos que pueden ser los medios de exterminio, sin escuchar
los sentimientos de la conciencia, se debe poner fin a sus existencias”.
El 6 octubre de 1915, menos de un
mes después de la directiva del ministro del Interior turco, lord
James Bryce comparece en la Cámara de los Comunes de Gran Bretaña
y declara:
“La totalidad de la población
armenia, en cada ciudad y en cada aldea, fue arrojada fuera de sus casas.
Los individuos eran lanzados a la calle; algunos hombres fueron reducidos
a prisión, y allí se les dio muerte, después de someterlos
a tortura en algunos casos; a los demás hombres, con las mujeres,
se les hizo marchar fuera de las poblaciones. A cierta distancia de éstas
se los separaba. Los hombres eran conducidos a algún lugar en la
montaña, en donde los soldados o las tribus kurdas, llamadas a colaborar
en la obra de exterminio, les daban muerte a balazos o a bayoneta”.
Entre ese año y 1923, cien
mil armenios emigran hacia Irak, Siria y Líbano. Alrededor de 200
mil –sobre todo, mujeres y niños- son islamizados por la fuerza.
Mil 500 templos son destruidos. Los kurdos, hoy una etnia acosada y sin
fronteras políticas, persiguen y asesinan -con el visto bueno del
gobierno turco- a los cristianos armenios, saquean sus viviendas y raptan
a sus mujeres. El poeta Avedik Isahagian (1875-1957) escribe: “Nacer armenio
es una desgracia y vivir como armenio es heroísmo”.
El asesinato de una nación
En su momento, las víctimas
sólo cuentan con las voces solidarias de los franceses Anatole France
y Jean Jaurés, quienes intentan llamar la atención ante la
indiferencia mundial.
“Desde los tiempos de Temerlán,
la historia no ha vuelto a registrar un crimen tan horrendo y llevado a
cabo en tan gran escala”, sostiene el historiador británico Arnold
Toynbee (1889-1975). Cuando el autor de Estudio de la historia escribe
esas palabras, aún no se han ejecutado las masacres de judíos
en la Segunda Guerra Mundial ni las matanzas ordenadas por José
Stalin en la Unión Soviética.
Henry Morgenthau, embajador de Estados
Unidos en Turquía, redacta un informe que posteriormente es editado
como libro: El Asesinato de una nación. Narra el sufrimiento
de mujeres y niños famélicos, deportados a pie a través
del desierto rumbo a Irak o Siria, y describe torturas, linchamientos y
violaciones. “Las grandes matanzas del pasado parecen insignificantes cuando
se comparan con los sufrimientos de la raza armenia en 1915”, señala
el diplomático.
Uruguay fue el primer país
que, en 1965, reconoció el genocidio armenio. La subcomisión
de derechos humanos de la ONU lo hizo recién el 29 de agosto de
1985, seguida por el Parlamento Europeo el 18 de junio de 1987. Israel,
después de décadas de negarse sistemáticamente a mencionar
el tema -porque le quitaba fuerza al holocausto judío durante la
Segunda Guerra- en 1994 aceptó informalmente que los armenios fueron
víctimas de matanzas.
Turquía niega hasta hoy el
término “genocidio”. El gobierno reconoce que perdieron la vida
entre 250 mil y medio millón de armenios, pero insiste en que fue
“represión contra una minoría culpable de colaborar con el
enemigo ruso en la Primera Guerra Mundial”.
A Hollywood, que se ha enriquecido
produciendo bodrios desgarradores sobre campos de concentración,
nunca le interesó el tema. No hay sobrevivientes del genocidio armenio
que, cada cierto tiempo, aparezcan en los diarios o la televisión
relatando su horrible experiencia. No hay descendientes que reclamen indemnizaciones,
reparaciones históricas o meas culpas. Armenia es el genocidio
olvidado.
©
Roberto Bardini
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