El Vaticano
y las sectas
Homero
Simpson
tras
el flautista de Hamelin
Roberto
Bardini
Bambú
Press
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Lo admitió la Iglesia a fines
del siglo pasado y lo acaba de reconocer el flamante papa Joseph Ratzinger:
el catolicismo enfrenta un futuro incierto, amenazado por el aumento de
congregaciones pseudo cristianas en todo el mundo. La pobreza y el analfabetismo
son el caldo de cultivo de cultos casi delirantes. Para colmo, los millonarios
también buscan la “espiritualidad” lejos de Roma. Hay oferta para
todos los gustos y presupuestos.
A fines de la década del 60,
Los Beatles se plegaron a las enseñanzas del Maharishi Yogui, un
gurú hindú especialista en “meditación trascendental”.
Hace unos años, los actores John Travolta y Tom Cruise ingresaron
a la Cienciología, secta creada por el escritor de ciencia ficción
Ronald Hubbard. Ahora es la cantante Madonna convertida a la Cábala,
un polémico grupo dirigido por el aún más controvertido
rabino Philip Berg.
En estos tiempos, “la figura
del pensador de Rodin ha sido trocada por la de Homero Simpson”, escribe
el poeta y ensayista colombiano Carlos Fajado Fajardo en Lo light: esa
cultura de pasarela, artículo publicado en enero de 1999. El
escritor sintetiza una confrontación de nuestra época: “Pensamiento
ilustrado versus información banal”.
El desencanto se abre a puertas del
siglo XXI y predomina el “imperio de lo efímero”, sostiene Fajado
Fajardo. “Se han globalizado instituciones dadoras de mentalidades neoconservadoras:
fundamentalismos, terapeutas místicos, psicólogos, lectores
de cartas astrales, nuevos chamanes, esoterismos, sectas cristianas, nueva
era, literaturas de autoayuda, todas apoyadas por los medios masivos de
comunicación, que dan a la gran mayoría soluciones inmediatistas
que no curan el vacío pero evitan que se agrave”.
La Iglesia católica, mientras
tanto, pierde adeptos. El rebaño se desperdiga tras nuevos pastores
–más cercanos al flautista de Hamelin, aquel exterminador de ratas
y niños- que a San Pedro o San Pablo.
In god we trust
Las meditaciones, terapias y esoterismos
no se prodigan gratuitamente. Entre “El pensador” y Homero Simpson casi
siempre se erigen las efigies de Benjamin Franklin y Abraham Lincoln estampadas
junto con la divisa In God we trust.
El Maharishi Yogui, un millonario
especialista en adoctrinar millonarios, le insinuó a Los Beatles
que le cedieran el 25 por ciento de sus ganancias. Esta terrenal propuesta
motivó la ruptura del vínculo místico entre el santón
y el cuarteto de Liverpool.
La Iglesia de la Cienciología,
fundada en 1954 por Ronald Hubbard en Los Ángeles, cuenta con ocho
millones de adeptos en el mundo. Muchos de sus dirigentes han sido juzgados
por delitos de estafa. En 2001, quince de ellos fueron acusados por un
tribunal de España de “un obsesivo afán de lucro” y de haberse
convertido “en una auténtica multinacional”, que “no desdeña
medio o método alguno, sean lícitos o ilícitos”.
Dianética: La ciencia moderna
de la salud mental, el libro más divulgado de Hubbard, afirma
que “nos podemos liberar de nuestras psicosis si nos enfrentamos a los
incidentes traumáticos que bloquean nuestra mente”. Liberarse es
fácil pero costoso: se requiere un “audímetro” de 5 mil dólares.
El curso completo que concluye el “camino de purificación” implica
expulsar todos los traumas, que son resultado “de los errores cometidos
en vidas anteriores”. Eliminar estos descalabros del pasado puede costar
más de 80 mil dólares.
La secta judía Cábala
tiene sedes en Los Ángeles y Nueva York. En marzo, Madonna le regaló
una mansión en Londres, valuada en más de seis millones de
dólares. Luego del ingreso de la cantante pop, quien adoptó
el nombre hebreo de Esther, se sumaron otras estrellas del cine y la música:
Winona Ryder, Britney Spears, Mick Jagger, Courtney Love, Demi Moore y
Elizabeth Taylor. El futbolista David Beckham y la modelo Naomi Campbell
también se dejaron convencer por el mensaje cabalístico.
El nuevo culto garantiza felicidad
con sólo 20 segundos diarios de meditación “relámpago”.
Se dice que los creyentes, para tener éxito, deben desembolsar el
diez por ciento de su patrimonio.
Algunos ex miembros de la secta revelaron
que se les exige grandes donaciones de dinero, además de alejarse
de parientes o amigos que se muestren escépticos con la prédica
cabalística. El rabino Yitzchak Schochet, director de las agrupaciones
judías en Londres, declaró que el grupo la Cábala
“está ensuciando el nombre del judaísmo con sus enseñanzas
basura”.
Un traje usado y roto
¿Por qué los domingos
hay tantas bancas vacías en los templos?, se preguntan muchos católicos.
¿Por qué cada vez son menos las personas menores de 40 años
que asisten a misa? Si muchos fueron bautizados y tomaron la comunión,
¿por qué se apartan de las parroquias y deciden ser creyentes
a su manera?
Teólogos, filósofos,
sociólogos e historiadores también buscan respuestas: ¿por
qué las sectas cristianas, los grupos esotéricos y las comunidades
de la new age ganan adeptos cada día?
En el pasado lejano, la Iglesia católica
enfrentó diversas escisiones: gnósticos, arrianistas y cátaros;
más tarde, anabaptistas, calvinistas, luteranos, anglicanos, cuáqueros
y menonitas. Después, en los siglos XIX y XX, fueron nuevos cultos:
mormones, testigos de Jehová y adventistas. Luego siguieron grupos
peligrosos, estilo Moon y los Niños de Dios, con sus técnicas
de lavado cerebral. Hoy son las sectas estilo “¡Pare de sufrir!”,
como la expansiva Iglesia Universal del Reino de Dios.
Desde la escala social más
alta hasta la más baja, hay oferta espiritual para todas las necesidades
y aspiraciones. La gama es amplia: cubre un extenso espectro que va desde
el vudú y la macumba hasta el orientalismo (budismo zen, yoga, Sai
Baba, Osho), pasando por las “enseñanzas” de Alan Kardec y Georges
Ivanovitch Gurddieff.
“Solicitada violentamente por integristas
y progresistas, sacudida entre los Lefebvre de un lado y los Cardonnel
de otro, la Iglesia católica se encuentra impotente ante los «fermentos
cismáticos» que la desgarran, según la expresión
de Paulo VI”, escribe Alain Woodrow en Las nueva sectas (Fondo de
Cultura Económica, México, 1979). Este libro, publicado originalmente
en Francia en 1977, ya advertía acerca del descenso del número
de bautismos, asistencia a misa, confesiones previas a la comunión
e ingreso a seminarios religiosos.
Casi tres décadas atrás,
Woodrow señalaba un fenómeno que ha ido en aumento: la indiferencia
juvenil ante la religión católica. “El desapego de los jóvenes
por la fe de sus padres se ha generalizado incluso entre los hijos y las
hijas de hogares militantes cristianos. Para ellos, es algo rebasado, una
historia que ya no les dice nada. No se alejan de puntillas como lo hacen
tantos adultos. Es más franco, más directo entre los jóvenes.
Pierden la fe como se pierde un traje usado que se cae a pedazos”
Mensaje sencillo, futuro incierto
El diccionario Larousse define a
la secta como una “doctrina religiosa que se aparta de la comunión
original”. La palabra tiene dos raíces. Deriva del verbo latino
secare –que significa “cortar”, “separar”, “desgajar”– y define a grupos
que se apartan de un conglomerado mayor y se oponen radicalmente a él.
También proviene del verbo latino sequor, “seguir”; el término
identifica a grupos que van tras un líder carismático.
Nelson Cooper, autor de Cuadernillos
de Catequesis Elemental , cataloga a las sectas como “grupos religiosos,
generalmente pequeños, llenos de entusiasmo, integrados por hombres
y mujeres, asociados voluntariamente, tras una conversión, que creen
y detectan la verdad y la solución, excluyen radicalmente a los
demás, y obedecen ciegamente a sus fundadores”.
En las postrimerías del segundo
milenio, la Iglesia católica lanzó una voz de alerta en varios
países, fundamentalmente en América latina, donde los nuevos
cultos se hacen cada vez más fuertes. A fines de los años
90, la Conferencia Episcopal Mexicana elaboró el documento Compromiso
pastoral de la Iglesia frente a las sectas y nuevos movimientos religiosos,
donde reconoce que alrededor de ocho mil personas se pasan diariamente
en todo el mundo a nuevas religiones. El episcopado admite que la presencia
de las sectas “cada día formará más parte del horizonte
religioso de nuestro pueblo”.
Este fenómeno, según
el informe, se debe a que “la triste situación de pobreza material
en que viven muchos de nuestros hermanos, unida al analfabetismo, los hace
particularmente vulnerables a la manipulación y a un discurso engañoso
basado en emociones y sentimientos”. Las sectas, agrega, “presentan un
mensaje sencillo, fácil de entender y tan seguro en sí mismo
que no deja lugar para la duda”.
El documento de la Conferencia Episcopal
Mexicana asume que “las sectas no van a dejar de trabajar; somos nosotros
los que tenemos que ponernos a trabajar con un renovado entusiasmo apostólico”.
A la misma conclusión llegó
el cardenal Joseph Ratzinger un día antes de ser elegido papa. En
la misa que celebró en la Capilla Sixtina el 18 de abril de 2005,
previa al cónclave para designar al nuevo jefe del Vaticano, el
futuro pastor alemán Benedicto XVI afirmó que la Iglesia
católica “enfrenta un futuro incierto amenazado por el aumento de
sectas cristianas en todo el mundo”.
Son nuevas clarinadas para una vieja
cruzada punitiva. En El aciago demiurgo, el rumano Emile Cioran
(1911-1995) escribió: “Quien se interesa por el desfile de las ideas
y las creencias irreductibles debería detenerse en el espectáculo
que ofrecen los primeros siglos de nuestra era: hallaría en ellos
el modelo mismo de todas las formas de conflicto que se encuentran en cualquier
momento de la historia. Es la época que más se ha odiado.
El mérito corresponde a los cristianos, febriles, intratables, expertos
de inmediato en el arte de detestar”.
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Roberto Bardini
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