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Érase
una vez un espía:
el teniente
Bob Woodward
Roberto
Bardini
Cierta noche
de junio de 1970, un joven teniente de marina fue a llevar un paquete con
información confidencial al subsuelo del ala oeste de la Casa Blanca.
Tenía 27 años y trabajaba en inteligencia naval. El oficial
tenía largo rato en la sala de espera cuando entró un señor
de aspecto distinguido –unos 25 o 30 años mayor que él– y
se sentó. Pasaron varios minutos y ninguno hablaba.
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Para romper el hielo, el teniente se
presentó:
– Bob Woodward.
Y el otro respondió:
– Mark Felt.
Siguió una breve conversación.
Felt dijo era funcionario del FBI. Ambos descubrieron que tenían
algo en común: las informaciones de inteligencia y los códigos
cifrados.
De 1965 a 1970, Woodward sirvió
como operador de radio del buque USS Wright. No era un barco
cualquiera. Corrían los años de la guerra fría
y el navío estaba asignado al National Emergency Comand Post Afloat
(NECPA). En otras palabras: podía convertirse en la residencia flotante
del presidente de Estados Unidos en caso de enfrentamiento nuclear con
la Unión Soviética.
A tres décadas y media de
aquel episodio, Woodward tiene 61 años, es director adjunto de The
Washington Post para temas de investigación y autor de varios libros.
En sus textos, el periodista descubre el mundo en penumbras de los servicios
secretos y la trama oculta de las decisiones más importantes de
la Casa Blanca.
Lo que Woodward nunca ha revelado
es su propia vinculación con varios organismos de inteligencia antes
de dedicarse al periodismo. Según tres conocidos escritores, esta
conexión no sólo fue con la marina de guerra; también
incluyó al Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia.
Un grupo ultrasecreto
En 1979, la periodista Deborah Davis
publicó Katherine, the Great, una biografía
no autorizada sobre Katherine Meyer Graham, la propietaria del Wahington
Post. Davis, articulista del New York Times, Village
Voice y Ramparts, volvió a la carga en 1987
con una segunda edición corregida y aumentada, en la que refuerza
su tesis de que Woodward tuvo nexos con la CIA que iban más allá
de la relación periodística.
La escritora sostiene que después
de estudiar Literatura Inglesa en la Universidad de Yale, Woodward trabajó
en el área de inteligencia del Pentágono, donde fue asignado
a una oficina de códigos secretos. El propio periodista declaró
posteriormente a una revista que había integrado un grupo de inteligencia
relacionado “con asuntos importantes que tenían que ver con la Casa
Blanca”.
Woodward no lo dijo pero ese grupo
era la Task Force 157, una unidad ultrasecreta creada en 1966 bajo el nombre
de Naval Field Operations Support Group (NFOSG). La TF-157 tenía
su base en Alexandra, Virginia, y 75 operadores alrededor del mundo.
Trabajos free lance
El escritor inglés Adrian
Havill, nacionalizado estadounidense, fue cuatro años paracaidista
en la 82º División Aerotransportada, unidad élite del
ejército estadounidense con base en Fort Braggs, Carolina del Norte.
En 1993, Havill publicó Deep truth. The lives of Bob Woodward
and Carl Bernstein, donde asegura que el periodista del Wahington
Post fue agente de la CIA.
De 1970 a 1971, Woodward trabajó
en el periódico Montgomery County Sentinel, de Maryland,
donde logró destacar gracias a datos que le suministraba Mark Feld
desde el FBI. En Maryland –comenta Havill– el reportero hizo amistad con
David Miller, ex agente de la CIA en Vietnam, quien en algún momento
estuvo involucrado con Task Force 157.
El escritor británico revela
que durante su investigación varios agentes de inteligencia afirmaron
que Woodward trabajó como “informante” o “agente operador” free
lance de la CIA.
Candidato a una corte marcial
El periodista Jim Hougan, ex editor
de la revista Harpers, ganó varios premios de periodismo
de investigación por sus ensayos sobre los servicios de inteligencia
estadounidenses. También ha producido documentales para Discovery
Channel y el programa 60 minutos, de la cadena CBS.
En 1984, Hougan publicó Secret
Agenda: Watergate, Deep Throat and the CIA, donde aporta datos
sobre el trabajo del teniente Woodward. En el Pentágono, sostiene
Hougan, manejaba todo el tráfico de comunicaciones top secret
entre el comandante de operaciones navales y la Casa Blanca, la CIA, el
Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional.
Tiempo después, en 1977, Woodward
publicó en The Washington Post algunos artículos
en los que divulgaba información secreta a la que tuvo acceso como
oficial de inteligencia. En uno de ellos se refería a la relación
entre la Task Force 157 y Edwin Wilson, un ex agente de la CIA convertido
en mercenario, quien a mediados de los años 70 entrenaba al ejército
de Libia. Por esas actividades, Wilson está preso en una cárcel
federal.
Hougan entrevistó al ex almirante
Thomas Moorer, jefe de Operaciones de la Marina durante la guerra de Vietnam
y, posteriormente, jefe del Comando Conjunto. Moorer, que no integra el
vasto club de admiradores de Woodward, afirmó que el periodista
“merecía una corte marcial” por apropiarse de secretos militares.
©
Roberto Bardini
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