Roberto Bardini - rodelu.net
14 de junio de 2005
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- Mamá,
¿ya puedo comer
postre de lombrices?
Roberto Bardini
 
De entrada, una disculpa por autocitarme. En 2002 escribí un artículo titulado «Volver al futuro, avanzar al pasado», que comenzaba así: 

«El futuro ya llegó y no es cómo lo imaginábamos décadas atrás. Este futuro que ya está aquí y que no conquistamos, no es ni remotamente como lo presentaban en los años 50 y 60 las revistas de historietas, las novelas y las películas de ciencia ficción. Julio Verne y H. G. Wells se quedaron cortos.

«El hombre llegó a la Luna y a Marte, pero en la Tierra descendió a los infiernos. Por ningún lado se ven —ni siquiera en Estados Unidos o Europa— los avances científicos y tecnológicos al servicio de los seres humanos, el súper confort en casas con artefactos sofisticados, los afanosos robots preparando un jugo de naranja sintético en cocinas súper esterilizadas. [...] Este futuro en el que estamos ni siquiera se aproxima al desalentador Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Es casi un retorno a la Edad Media. Se parece más a Mad Max II, el guerrero de la carretera».

Fin de la cita. Lo que van a leer a continuación posiblemente les revuelva un poco el estómago. En un futuro no muy lejano, quizá se escuche esta conversación alrededor de la mesa en cualquier vivienda miserable de México:

- ¿Te sirvo más gusanos, mi amor?
- No, querida. Mejor pásame un poco de larvas de hormiga.
- Mamá, ¿ya puedo comer dulce de lombrices?
- Sí, pero primero termina la sopa de mosquitas.

Suena bastante morboso, ¿verdad? Bueno, aún hay más. Según la agencia Associated Press, biólogos mexicanos proponen el consumo de insectos entre los sectores más pobres. Aseguran que es una «fuente proteínica» y una actividad productiva «benéfica para el medio ambiente». Estos afanosos investigadores buscan incorporar los insectos a algunos alimentos, preparando tortillas de harina (sustituto del pan) enriquecidas con larvas, hotdogs de chapulines (saltamontes o langostas de campo) y dulces de lombriz. Quieren, además, que los agricultores se dediquen a la producción, comercialización y distribución de otros «manjares», como los huevos de hormiga (conocidos como escamoles) y los gusanos de maguey o ágave (una planta espinosa muy común en el país).

«La larva de mosca es mejor que la carne de vaca»

«En México, el consumo de insectos se remonta al periodo prehispánico; se fue perdiendo con la conquista y actualmente las poblaciones rurales conservan un poco esta costumbre», afirma Gabriela Jiménez Casas, bióloga de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien ofrece conferencias y demostraciones a los niños mexicanos para convencerlos de que los insectos son «ricos y nutritivos». La bióloga insiste que algunos insectos, añadidos a salsas o ensaladas, pueden proporcionar las proteínas necesarias para muchos niños pobres. Argumenta que una larva de mosca puede contener el doble de proteínas que la carne de vaca, con mucha menos grasa, aunque reconoce que no tienen un aspecto muy apetitoso.

Cuando leí esto, recordé una vieja tira cómica de Mafalda, el personaje de Quino. Es de 1967 y me quedó grabada. Un grupo de aristocráticas señoras, integrantes de una sociedad de beneficencia, organizan un banquete. Sirven faisán, langosta (de mar, por supuesto), huevos de codornices. Con lo que recauden, comprarán «papa, arroz, fideos y todas esas porquerías que comen los pobres». Los pobres de ahora ni siquiera tienen acceso a estos productos básicos.

Gelatinas de lombriz y gusanos cubiertos con caramelo

El biólogo Juan García, del Instituto Politécnico Nacional, es partidario del engaño. Propone esconder los insectos mezclándolos en la harina para las tortillas o cubriéndolos con alimentos apetecibles como chocolate o caramelo. García ya ha producido langostas cubiertas de chocolate, gelatinas de lombriz o gusanos cubiertos de caramelo transparente. Asegura que a los niños les encantan estos bichos en el caramelo. Cuenta que los pequeños empiezan a chuparlo para ver si los insectos son de plástico. Cuando llegan, dicen: «¡Son reales!», y lo siguen comiendo, explica con absoluto descaro.

Si estos «especialistas» tienen éxito, seguramente pronto tratarán de extender las «recetas» a otros gobiernos, para ser aplicadas en villas miserias argentinas, favelas brasileras, cantegriles uruguayos y bohíos caribeños, eso que los organismos económicos denominan con el cínico eufemismo de «asentamientos precarios».;

Aparentemente, estos «científicos» no hacen el menor esfuerzo por entender por qué, en un continente pleno de riquezas alimenticias, los pobres no tienen acceso a carne, huevos, legumbres y frutas. Si lo hicieran, quizá entenderían que en el origen del mal se encuentra este Nuevo Orden económico que nos impusieron lo que, para colmo, comen bien todos los días.

Por apologistas de la inmundicia, habría que condenarlos de por vida a la dieta alimentaria que proponen para los demás. Que coman larvas de mosca, que contienen el doble de proteínas que la carne y, además, mucha menos grasa. Como decían en el Lejano Oeste: que prueben su propia medicina.

El futuro ya llegó

En aquel artículo de 2002, escribí (y otra disculpa por volver a autocitarme):

«Lo cierto es que en este retorno a la nueva era medieval estamos peor que en la vieja Edad Media. Las grandes mentiras del liberalismo que supimos conseguir —o que no logramos evitar— nos hicieron creer que los adelantos científicos o tecnológicos permitirían que la gente trabajara menos horas, ganara más y disfrutara de mayor tiempo para el ocio.

«Sucedió exactamente al revés: se trabaja mucho más y se gana mucho menos. La producción es cada día más social pero la apropiación es cada vez más individual. Unos pocos ejemplos lo confirman:

* La suma de los principales ejecutivos, gerentes y directores de las grandes corporaciones del mundo, más los presidentes de los principales bancos privados, más los directores del FMI y el Banco Mundial, dan como resultado entre 6 mil y 7 mil personas. Ellos deciden la suerte de 6 mil millones de individuos.

* Según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), las ganancias anuales de 358 millonarios superan las ganancias anuales de 2 mil 600 millones de personas.

* El 95 por ciento de todas las transacciones de las grandes empresas se hacen con el llamado "dinero ficticio".

* El 20 por ciento más rico de la población mundial recibe 82 por ciento de las ganancias. El 80 por ciento más pobre recibe 1,4 por ciento.

* Desde 1945, 600 millones de personas murieron de hambre. Esto equivale a 10 veces más que los muertos de la Segunda Guerra Mundial.

* La fábrica de calzado Nike se fue de Francia porque con lo que le pagaba a un obrero francés ahora le paga a 47 asiáticos. Los operarios chinos que producen microchips para Motorola no ganan en un mes lo que cuesta un par de zapatos Nike. Exactamente lo mismo sucede con los obreros de Levi Strauss, Gap, Ralph Lauren, Guess y marcas parecidas.

* En Suiza se consume en un solo día lo mismo que los habitantes de Mozambique en todo un año.

* En los países donde se instalan, los hipermercados se apropian del 80 por ciento de las ganancias por consumo de la población y exportan esas ganancias a sus países de origen.

«Para mi generación, lo bueno es que el futuro ya llegó. Lo malo es que Mad Max no vendrá a salvarnos».

© Roberto Bardini

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