Roberto Bardini
24 de Julio de 2003
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A falta de presentador...

Autopresentación

Roberto Bardini
Nací en 1948, un 7 de noviembre. El mismo día -pero de otros años- nacieron la científica polaco-francesa Marie Curie, el revolucionario ruso León Trotsky, el zoólogo 
austríaco Konrad Lorenz, el escritor francés Albert Camus y el cantante de rock Johnny Rivers (cuyo verdadero apellido era Ramistella). Lamentablemente, lo único que tengo en común con todos ellos es la fecha en que lloramos por primera vez.

Después de pasar el medio siglo de vida, me di cuenta que casi siempre hice todo mal o a medias. Quizá haya influido el hecho de que me sacaran del vientre materno con fórceps. A lo largo de mi época como alumno de primaria o estudiante de secundaria, me expulsaron siete veces de distintos colegios. Por suerte, también me echaron de la Academia Naval Militar. Sí, en algún momento quise ser marino y participar en desembarcos en playas de países exóticos, mientras alrededor sonaban los disparos... Demasiadas lecturas de Emilio Salgari, Jack London y el ucraniano criado en Polonia y nacionalizado inglés Jóseph Teodor Konrad Nalecz Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad. Y de las historietas imaginadas por Héctor Germán Oesterheld e ilustradas por Hugo Pratt y Alberto Breccia.

Comencé y abandoné sucesivamente las carreras de Derecho, Sociología, Filosofía y Letras e Historia. Mientras empezaba y dejaba, trabajaba como reportero en un 
semanario sensacionalista de Buenos Aires. Así que un día, a la edad en que mis compañeros de escuela ya eran médicos o abogados o arquitectos o fracasados, me inscribí en Periodismo. Casi termino: hice tres de los cinco años. Hasta el día de hoy tengo la duda de qué hubiera ocurrido de no ser por la circunstancia de que en febrero de 1976 me subí apresuradamente a un avión y volé rumbo a México. "Por un año", me dije. Y ya pasaron veintiséis.

Políticamente, pasé por toda la gama. Me inicié a los 14 años en el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara, fui recorriendo el abanico y a los 24 era adherente de la Cuarta Internacional (trotkista). En esa década, conocí mucha gente, tuve varias novias e hice algunos amigos que conservo hasta hoy. Tengo la impresión de que en esos diez años leí todo lo que estuviera relacionado con política, desde "Los Protocolos de los Sabios de Sión" y "El Mito del Siglo XX" hasta las tesis de la revolución permanente. De aquella cambiante etapa, sólo conservo un título en mi biblioteca: "Retrato del Aventurero", de Roger Stephane, con prólogo de Jean Paul Sartre.

Me casé cinco veces y tengo cuatro hijos de tres nacionalidades: Valeria (1978) es argentina, Robertito (1982) es hondureño, Eva Victoria (2001) y Federico Nicolás (2003) son mexicanos.

Trabajé en diarios, revistas, agencias de noticias, radio y televisión. Fui corresponsal de guerra en Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Líbano, Irak y la República Árabe Saharaui Democrática (ex Sahara Español). Di clases de periodismo, sobre todo de reportaje de investigación. He escrito 18 libros pero sólo logré publicar diez. Y únicamente con tres conseguí cobrar derechos de autor.

En el prólogo a uno de esos libros, Danilo Aguirre, entonces presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) escribió en 1984: "Bardini es un reportero febril y nunca satisfecho con lo obvio. Posee un estilo de redacción culto, ameno y fanático del detalle. Es un militante de la verdad, un comprometido con la lucha de los pueblos a los 
que les vuelca estas virtudes". En otro prólogo, en 1988, Miguel Bonasso fue más breve: "Bardini es un periodista de raza". Y en un artículo divulgado por Internet, el veterano 
de la guerra de Malvinas y actual funcionario de la ONU Miguel Ángel Trinidad me definió como un "repornauta", un "reportero-viajero de la vida y la historia". 

Comento lo anterior porque me siento honrado. Pero yo me considero, con absoluta franqueza, un periodista y escritor mediocre. Cuando releo mis notas ya publicadas siempre quedo con la sensación de que me faltaron cinco centavos para el peso. La prueba está en estos ocho párrafos: a los 55 años, con tres décadas en el oficio, una madrugada de julio de 2003 se me ocurrió escribir esta autobiografía. Y soy conciente de que -como casi todo lo que hice en mi vida- es una presentación mala y a medias. Pero si no la escribo yo, no la escribe nadie. Es como decían en mi barrio, con 
olímpico desprecio, a los recién llegados: "Che, ¿y a vos quién te conoce?"
 

© Roberto Bardini
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