| Ramos generales
Razas
humanas y racismo
Sarah
Becker
"Raza es
una categoría inferior a la especie". Podemos ampliar esta definición
afirmando que raza es una variedad de la especie que presenta caracteres
peculiares transmisibles por herencia, que son constantes. Su naturaleza
es morfológica y funcional.
Algunos autores han sostenido que
se llama raza humana a un grupo biológico dentro de nuestra especie.
Estos grupos se clasifican por detalles característicos, que afectan
la forma corporal, la estatura, el peso, la pigmentación de la piel,
textura y color del cabello, la fórmula química de la sangre,
las huellas digitales e incluso la excreción de aminoácidos.
El concepto de raza humana no es
estático, porque las mismas están en permanente estado de
cambio, diversificándose y especializándose. Se ha verificado
una constante variación de los genes. Esto es parte del proceso
evolutivo que hace que las razas cambien o se extingan, inclusive que aparezcan
otras.
Hay quienes afirman que en la actualidad
las razas humanas son cuatro y otros dicen que son tres. A saber: Blanca,
negra, amarilla y cobriza, o blanca, negra y amarilla, dando esta última
origen a una variedad cobriza que no es una raza propiamente dicha sino
una subespecie de ella. Por lo tanto, hablar de razas judía, semita,
india, aria, o anglosajona, por ejemplo, implica un profundo desconocimiento
del tema.
Con respecto al racismo, todos tenemos
conciencia cabal de que se trata de una lacra humana porque implica discriminación.
El mismo es un prejuicio según el cual determinados grupos étnicos
se consideran superiores a otros, sentimiento que deviene en desprecio
y explotación.
En ocasiones, el racismo se convirtió
en doctrina antropológica o política. Ello motivó
la persecución y el exterminio de quienes eran diferentes a la mayoría
étnica de un lugar.
El racismo no se limitó hacia
razas con características étnicas distintas, existiendo también
el llamado racismo blanco. Este es un fenómeno iniciado en los siglos
XV y XVI que culminó en el siglo XIX con las doctrinas imperialistas.
Autores como Kidd y Kipling, imbuídos en las teorías de Darwin
aunque dándoles particulares interpretaciones personales, defendieron
el destino de las naciones occidentales como potencias civilizadoras. Su
concepción era colonial y su visión del mundo, eurocéntrica.
Esto dio lugar a la supremacía
económica y militar de Occidente.
En Estados Unidos, autores partidarios
de la esclavitud, tales como Calhoun y Harper, prepararon el terreno para
que los teóricos del imperialismo hablasen de la superioridad innata
de la "raza anglosajona". Estas ideas fueron popularizadas por Theodore
Roosevelt, con consecuencias nefastas. Su prédica llevó a
la segregación racial practicada en los Estados del Sur. Bajo tal
sistema, las personas eran consideradas bienes de naturaleza económica.
De ese modo, su compraventa era considerada una operación comercial
cotidiana. Los esclavos incrementaban los patrimonios personales, y era
posible legarlos como herencia.
En tiempos más recientes,
la segregación racial ha restringido a determinados grupos étnicos
el acceso a ciertos lugares de residencia. También se los obliga
a concurrir a instituciones destinados a ellos solamente. Esta forma de
racismo ha aparecido en todas partes del mundo donde hay comunidades multiraciales,
con excepción de Brasil y Hawaii, donde la disciminación
es ocasional y no se la ve con esas características.
Las colonias europeas desde sus
orígenes fueron escenarios de discriminación racial. Durante
y después de las guerras de liberación aparecen nuevas y
más sofisticadas formas de racismo. La actitud original en las colonias
tenía como interés fundamental perpetuar la dominación
de la metrópoli. Y sus colonos, gozando de un alto nivel de vida,
no se resignaban a perderlo. Tampoco consideraban que su poder omnímodo
fuera negociable.
En cuanto al antisemitismo, hubo
una forma no específicamente racial. Este fue consecuencia del fanatismo
religioso inculcado por la Iglesia Católica durante la Edad Media,
al considerar a los judíos responsables de la muerte de Cristo.
Príncipes y reyes atizaron esos sentimientos de odio para justificar
la confiscación de bienes de los judíos. El antisemitismo
propiamente racista se basa en la existencia de una supuesta "raza aria"
que nadie ha visto ni tampoco se ha podido definir.
Gobineau utilizó el mito del
arianismo en los años 1853/1855 para justificar la desigualdad social,
concluyendo que los aristócratas europeos descendían de los
arios, “una raza dominadora y creadora de civilización".
Chamberlain ("Los fundamentos del
siglo XIX") asignó la exclusividad del arianismo a los germanos
que habitaban Alemania, idea que, entre otros, fascinó a Richard
Wagner. Como consecuencia se exacerbó un trágico sentimiento
de superioridad aria en el pueblo alemán, que fue caldo de cultivo
del nazismo. Las tesis de Chamberlain, Gobineau y Rosenberg crearon las
bases del nacionalsocialismo, con la dictadura de la de una "raza"
implacable y agresiva, liderada por un führer. Por eso, hablar del
Holocausto nazi como resultante de una política fundamentada en
las leyes de la Naturaleza, implica desconocer el tema.
También es necesario recordar
que en la II Guerra Mundial no fallecieron "decenas de millones" de personas,
como dijo otro columnista días atrás..Cayeron doce millones
de víctimas, siendo la mitad judíos y el resto combatientes
rusos, franceses, ingleses, norteamericanos, polacos, etc. Debemos recordar
que cuando se rendían a los alemanes, los rusos no eran hechos prisioneros
de acuerdo a la Convención de Ginebra, fusilándoselos de
inmediato.
El racismo está desprestigiado,
y el psicoanálisis lo explica como una manifestación
de temor hacia "el otro", hacia el que es “diferente". Afirma también
que es un sentimiento muy arraigado en personas que, individual o colectivamente,
se sienten inseguras en su personalidad. La falsa seguridad que les proporciona
estar entre “iguales” es una gratificación compensatoria que se
manifiesta con la estimulación recíproca. Actúan bajo
el anonimato que les da la “patota”, realizando “hazañas” que individualmente
no se atreverían a intentar.
©
Sarah Becker 2004
Docente y escritora argentina
profemu@yahoo.com.ar
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