Isaac Bigio |
28 de Mayo de 2003
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Después
de Irán:
¿Será Irak la nueva república islámica? Isaac Bigio *Una de las paradojas de la nueva post-guerra en Irak es que la fuerza que más crece en las zonas árabes son los clericales chiítas. Precisamente, una de las primeras obras que realizó Saddam fue buscar el apoyo occidental para sofocar la expansión de la ola de nacionalismo islámico chiíta desatada en Irán tras la revolución de 1979. Ahora los EEUU y Gran Bretaña se ven obligadas a llamar al Consejo Supremo de la Revolución Islámica Iraquí (CSRRII), el mayor partido clerical y que ha sido modelado por los ayatolas iraníes, para que les apoye. Si antes occidente armó y financió a Hussein contra los sacerdotes chiítas, ahora son estos mismos quienes sacan provecho de su caída y van llenando el vacío de poder entre las dos grandes urbes iraquíes (Bagdad y Basora). En 1979 el Shá de Irán, el principal aliado occidental en el medio oriente, fue depuesto por un levantamiento popular. La revolución fue capturada por el clero chiíta. El ayatola Khomeini combinaba un discurso nacionalista contra EEUU. Israel y lo que se denominaba el imperialismo occidental con un regimentación religiosa de la vida social y cercenamiento de derechos para las mujeres. Khomeini llamaba al resto de la ‘umma’ (mundo musulmán) a seguir su ejemplo e instaurar repúblicas islámicas. Para contrarrestarlo las potencias de la OTAN y las petro-monarquías del golfo árabe-pérsico encontraron en Saddam Hussein a su mejor aliado. Irak era el país árabe mejor armado y siempre había sido el límite oriental de la franja árabe que viene desde Marruecos en el occidente. Él azuzó el resentimiento histórico contra los persas y los chiítas. Mas, en el fondo, su objetivo era frenar a la revolución iraní. Durante 8 años Hussein fue apoyado, armado y financiado por las mismas potencias occidentales que luego le atacaron militarmente. Cuando en 1988 la izquierda laborista denunciaba la masacre de los kurdos con gases, Washington y Londres se hacían de la vista gorda para no incomodar a su aliado Saddam. En 1991 cuando Bagdad invadió Kuwait, Hussein se ilusionaba que occidente no se molestaría tanto. Otros aliados de EEUU, como Marruecos o Indonesia, se habían anexado previamente el Sahara Occidental o Timor este, y no habían recibido mayores sanciones por ello. La diferencia estaba en que Kuwait tiene petróleo y está secundado por los mayores aliados estadounidenses en el medio oriente: las petro-monarquías árabes. Cuando Saddam perdió la guerra y Bush padre llamó al pueblo iraquí a levantarse para deponerlo, los kurdos y chiítas le hicieron caso. Sin embargo, la Casa Blanca terminó asustándose más de una victoria de los rebeldes que del mantenimiento de la dictadura. Los poderosos ejércitos estadounidenses acantonados en Kuwait dejaron que las derrotas tropas saddamistas pudiesen masacrar Basora y otras ciudades chiítas a pocos kilómetros desde donde ellos estaban. Washington temía que se produjese una revolución que fortaleciese a Irán, desestabilizase la región o fragmentara Irak. Después de 1991 los EEUU fueron destruyendo la maquinaria saddamista gradualmente mientras que trataban de cooptar a la oposición kurda y chiíta a su lado. Cuando en 2001 se lanzaron sobre Afganistán Irán les brindó ayuda y varios de sus socios en ese país se integraron a la coalición militar vencedora y en el actual gobierno de Karzai. Cuando los EEUU marcharon sobre Bagdad se cuidaron mucho de no contar con ningún contingente árabe. No dejaron que la guerrilla chiíta se les uniese y tampoco permitieron que ésta apareciese en las zonas que ellos despejaban con sus propias armas y uniformes. A los únicos grupos armados iraquíes que les permitieron actuar fue a los kurdos pero limitadamente y después de la caída de Bagdad y a las escuadras del neo-conservador Chalabbi, la principal carta de Rumsfeld. El vacío de poder en Irak fue llenado en la zona que media desde Bagdad hasta el mar por las organizaciones alrededor de las mezquitas. Pese a su discurso anti-imperialista el conjunto de grupos islámicos armados anti-Saddam, incluyendo Hizbola en los pantanos sureños, no salieron en defensa de su país y dejaron que los EEUU les hicieran la labor de limpiar a su tradicional enemigo: los nacionalistas seculares del partido Socialista Baath. Estando éste perseguido, los clérigos y caudillos locales chiítas quieren transformarse en el poder real que gobierne tras la sombra de los anglo-americanos. Estos empiezan a controlar la distribución de víveres y servicios o el patrullaje contra el vandalismo. También van imponiendo varias de sus normas incluyendo imponer que todas las mujeres anden con las cabezas cubiertas. Los anglo-americanos se ven obligados a tolerarlos y usarlos pues éstos ofrecen poner orden y colaborarles en cazar a los fedayines que emboscan a los soldados extranjeros. El clero chiíta ha querido valerse de los occidentales para desalojar a Saddam pero quiere que EEUU se vaya lo más pronto posible. Su lógica es la de haberse valido de las potencias que inicialmente armaron a Saddam contra ellos para deshacerse de los secularistas iraquíes y llegar al poder. Mohamed Baqer al Hakim, es el jefe del CSRII y el líder a quien se le tilda como el ‘Khomeini iraquí’. Mas, él se cuida mucho en controlar el resentimiento anti-occidental o de llamar a instaurar una república religiosa. Trata de aparecer como un islamista moderado que guarda independencia de Irán y que busca un estado musulmán abierto a todas las creencias. Los aliados han buscado fomentar a sacerdotes chiítas adeptos a ellos. Uno de éstos, Abdelmaid al Jui, quien regresaba de su exilio en Londres, fue asesinado el mismo día en que caía Bagdad. Sus presuntos asesinos estarían ligados a los sectores islamistas radicales liderados por Mohamed al Sader y quienes muestran hostilidad hacia la ocupación anglo-americana y a los ‘apaciguadores’ del CSRII. Los EEUU van a querer impulsar a los islamistas moderados contra los radicales pero es posible que la continuación de su ocupación pueda también hacer que crezcan y se masifiquen diversos grupos opositores religiosos, seculares o socialistas. 24 de mayo de 2003 Isaac
Bigio
* Analista Internacional. Ha obtenido grados y postgrados en historia y polìtica econòmica en la London School of Economics, donde tambièn ha enseñado. Premio Dillons (Waterstone) a la excelencia. Escribe para unos 200 medios. |
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