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soldados muertos en Irak
Isaac
Bigio *
El
12 de Noviembre por lo menos 18 uniformados italianos perecieron en una
explosión en Nassariya. Diez días atrás los EEUU sufrieron
su peor baja desde que tomaron Bagdad el 9 de Abril: un helicóptero
fue tumbado produciendo 16 soldados muertos. En la semana previa las oficinas
de la Cruz Roja de Bagdad fue atacada y más de 30 perecieron. En
la quincena anterior el Hotel Bagdad y una estación policial capitalina
fueron bombardeadas.
En Agosto se
produjeron 3 grandes bombazos. El 7 unos 14 fallecieron al explosionar
la embajada jordana. El 19 la central de Naciones Unidas fue demolida ocasionando
23 muertos, incluyendo al principal diplomático latinoamericano,
jefe de la misión. El 29 docenas perecieron en una mezquita en las
inmediaciones de Najaf. Allí perdió la vida el principal
líder chiíta y de la coalición aliada a EEUU.
Las acciones
armadas han crecido en sus niveles de sofisticación apuntado a blancos
cada vez más osados. Diversos informes concluyen que existe un aumento
en el descontento, la desmoralización y los suicidios dentro de
las tropas anglo-americanas. El propio Donald Rumsfeld ha reconocido
que no hay muchos avances en la guerra contra el terrorismo y que es posible
que el número de reclutas para los grupos armados anti-estadounidenses
crece más que las bajas que se les infringe a éstos.
La política
de ofensiva militar en el medio oriente ha permitido los cambios de régimen
en Irak y Afganistán, y golpear a la Autoridad Palestina. Sin embargo,
ha aumentado la pobreza y el desempleo en esos países, ha agigantado
el resentimiento anti-occidental en dicha región, y viene fortaleciendo
a las organizaciones de Bin Laden, Mula Omar y Saddam Hussein quienes se
van revitalizando desde la oposición armada.
Esto demuestra
cuan limitadas eran las pretensiones de los halcones en sentido que bastaría
mostrar el extraordinario poderío bélico para producir una
rápida victoria y luego imponer nuevos gobiernos que contasen con
el apoyo de una población que les recibiría como liberadores.
Siempre advertimos
que la estrategia de Saddam podría consistir en atraer a los invasores
a las ciudades para luego castigarles con emboscadas. En cierta manera
el Baath iraquí invirtió la estrategia maoísta de
la guerra prolongada del campo a la ciudad. En vez de crear focos armados
en el desierto poco poblado, Saddam decidió concentrarse en las
grandes urbes donde se camufla con una población civil que los ocupantes
no pueden masacrar.
Cuando la invasión
fue lanzada se mostró una fuerte resistencia en el sur chiíta.
Sin embargo, a medida que los anglo-americanos marcharon al centro leal,
la Guardia republicana pareció evaporarse. Bagdad cayó sin
mucha violencia y Tikrit, ciudad de Saddam y su entorno, no ofreció
mayor batalla. Para muchos propagandistas de la ‘liberación de Irak’
esto se debía a que las FFAA se desplomaron debido a su baja moral.
Sin embargo,
Hussein pareció darse cuenta que si iba a una resistencia sangrienta
no podría transformar a Bagdad en un Stalingrado que aguantara varios
meses esperando refuerzos, pues estos no podrían venir de otro país.
En vez de apostarse a la destrucción de Bagdad y otras urbes del
centro, el Baath decidió proteger a sus cuadros y los armamentos
que mantuvieron para mimetizarse con la población civil como pez
que nada en el agua. De esta forma pueden arremeter y poco pueden hacer
los interventores que no son populares y que no pueden generar una represión
a gran escala.
Desde la resistencia
el Baath se reconstituye y se transforma en una fuerza popular identificada
con la soberanía nacional. Hoy, el ‘triángulo sunnita’ al
centro de Irak es el epicentro de la resistencia.
Las fuerzas
ocupantes son extrañas al idioma, la cultura y el clima mesopotámicos.
Los civiles le miran con desconfianza u hostilidad. Perciben que todos
los servicios se han deteriorado y que sus recursos naturales pueden acabar
en manos foráneas. Los EEUU piden mayor presupuesto a la comunidad
internacional pero si incrementan la represión corren el riesgo
de provocar una mayor resistencia iraquí y más marchas de
protesta a nivel mundial. Por otro lado, si no ponen orden en Bagdad la
situación puede desestabilizarse no sólo en Israel sino en
todo el Asia occidental.
El desgaste
de la ocupación puede generar tensiones dentro de los partidos aliados
iraquíes. Los radicales vienen socavando a los moderados chiítas
y a los partidarios de las democracias occidentales.
El aumento
de la resistencia y la inexistencia de las mentadas armas de destrucción
masivas resta legitimidad a la ocupación dentro de las poblaciones
de EEUU y Europa, quienes quieren que el dinero empleado en la guerra se
destine a gastos sociales internos.
Si la guerra
contra el terrorismo dio inicial popularidad a Bush y Blair, la continuación
de la ocupación les está minando. No sería algo de
extrañarnos que después que estos pierdan el poder, el depuesto
Baath acabe transformando en una fuerza popular e incluso retornando al
gobierno.
13
de Noviembre de 2003
Isaac
Bigio
isaacbigio@yahoo.com
* Analista Internacional. Ha obtenido
grados y postgrados en historia y polìtica econòmica en la
London School of Economics, donde tambièn ha enseñado. Premio
Dillons (Waterstone) a la excelencia. Escribe para unos 200 medios. |