Bush
en Londres
Isaac
Bigio *
El
presidente estadounidense arriba a la capital británica en visita
oficial de estado. Su arribo viene acompañado por grandes medidas
de seguridad y genera sentimientos encontrados en la población.
Tony Blair
ha declarado ante la confederación de empresarios privados (CBI)
que la presencia de Bush es más oportuna que nunca pues se trata
de demostrar a los EEUU que conforman un bloque sólido contra el
terrorismo, la principal amenaza del inicio de este siglo.
Para los laboristas
anti-guerra esta visita es una provocación. El parlamentario Martín
Salter afirma que ésta tiene como fin iniciar su campaña
re-eleccionista. Ken Livingstone, alcalde de Londres, dice que él
no lo va a recibir pues no ha sido electo por el pueblo norteamericano
y, mas bien, va a propiciar movilizaciones en contra.
En la BBC se
ha cuestionado a los organizadores de la protesta con argumentos que la
guerra ya es historia, que la mayor parte del electorado laborista no se
opone al arribo del mandatario norteamericano o que otros dictadores (como
el de Rumania o China) o el mismo Putin no han sido recibidos en Londres
con grandes protestas.
El parlamentario
radical Jeremy Corbyn arguye que la situación es distinta pues la
ocupación sigue y EEUU sigue sin liberar presos británicos
en Guantánamo, desconoce los acuerdos de Kyoto para proteger el
medio ambiente global, y mantiene el proteccionismo del acero en contra
de las exportaciones europeas.
Un día
antes del arribo presidencial ya han empezado algunas protestas. Como nunca
antes la policía empleará 14 a 16 mil efectivos (el triple
de lo inicialmente esperaba y casi la mitad de toda la fuerza policial
metropolitana) para cubrir a una serie de distintas manifestaciones que
se realizarán, siendo la más importante la del jueves 20,
que se calcula que puede sobrepasar los 100,000 concurrentes. Los costos
solamente en seguridad superarán los US $8 millones según
datos oficiales.
La manifestación
no llegará a los dos millones que llegaron en febrero de todo el
país para impedir la guerra. Entonces la mayoría nacional
quería evitar el envío de sus tropas. Ahora, a más
de 7 meses de haber tomado Bagdad, lo que preocupa a la población
son los costos materiales y humanos.
Sin embargo,
esta marcha será grande. El grueso de los británicos concibe
que se le engañó para ir a la guerra y que es posible que
nunca se encuentren las mentadas armas de destrucción masivas. El
propio Blair, quien fuera uno de los primeros ministros más populares
de la historia y el único que ha llevado al laborismo dos veces
al poder aglutinando más del 60% del parlamento, tiene ahora más
detractores que soportes.
Los recientes
atentados producen reacciones mixtas. Un sector pode que es hora de no
seguir exponiendo más vidas humanas y que deben retirarse las tropas.
Otro sector, que parece haber crecido en las encuestas, pide que la ocupación
se mantenga hasta que se garantice el orden.
Es sobre este
último sentimiento que Blair trata de afianzarse y su ‘atrevimiento’
de invitar a su socio estadounidense pese a los marchistas tiene ese mensaje.
El primer ministro quiere mostrar firmeza mostrando a Irak y al mundo que
la coalición con EEUU se mantendría firme.
Esta visita
tendrá muchas repercusiones en los propios EEUU. El oficialismo
tratará de mostrar una protesta limitada y eclipsada por una excelente
relación con la reina y el laborismo. La oposición mostrará
la resistencia que produce Bush para pedir su relevo.
Dentro de Gran
Bretaña el descontento contra Blair viene fragmentando al laborismo
y podría ocasionar el retiro de este del premierato. George Galloway,
el más aguerrido portavoz contra la guerra dentro del laborismo
acaba de ser expulsado. El trata de utilizar este tipo de acciones para
promover una nueva lista de izquierda en alianza con socialistas, trotskistas
y musulmanes.
Los liberales
querrán montarse en ese descontento tratando de convertirse en la
nueva oposición. Por otra parte, los socialistas chocarán
con ellos cuestionando su supuesto oportunismo, lo que para ellos, es mas
bien, pragmatismo responsable.
Los conservadores,
quienes se sienten revigorizados con la elección unánime
de un nuevo líder Michael Howard que parece más eficaz que
los anteriores, buscarán mostrar que son ellos los más
consistentes en la alianza con los EEUU.
Blair, mientras
tanto, va a tratar de calmar el desencanto de sus bases partidarias y electores,
sosteniendo que es mejor ser buenos amigos de Washington, para evitar que
se vuelvan más halcones y mediante ello mostrar algunas concesiones.
El problema es que aún todo lo que Blair hubiese querido sacar a
Bush no da muchos frutos. En Israel sigue la ofensiva contra los palestinos
y Guantánamo sigue siendo un territorio libre donde hasta británicos
son retenidos sin juicio y contra la ley internacional de presos de guerra.
18 de Noviembre
de 2003
Isaac
Bigio
isaacbigio@yahoo.com
* Analista Internacional. Ha obtenido
grados y postgrados en historia y polìtica econòmica en la
London School of Economics, donde tambièn ha enseñado. Premio
Dillons (Waterstone) a la excelencia. Escribe para unos 200 medios. |