Pinochet
y Bin Laden
Isaac
Bigio *
El 11 de
septiembre se conmemora la fecha en la cual ambos guerreros anti-comunistas
saltaron al estrellato internacional.
Augusto Pinochet y Osama Bin Laden
tienen en común el ser militares que se entrenaron en una despiadada
lucha contra la Unión Soviética bajo apoyo de la CIA. A ambos
se les ha acusado de cometer crímenes contra la humanidad. La diferencia
es que quien comandó el golpe chileno de 1973 se mantiene libre
en su propio país, mientras que el sindicado de ser el autor intelectual
del macro-atentado del 2001 es perseguido por la mayor coalición
militar de la historia.
Pinochet y Bin Laden son productos
de la guerra fría. Los dos fueron cuadros de choque que el Pentágono
utilizó contra fuerzas acusadas de querer dar paso a un socialismo
o ser asociados al Kremlin.
El general chileno fue el encargado
de demoler una democracia que llevaba décadas sin interrupciones
y de proscribir a los partidos de izquierda y a los organismos sindicales
que controlaban éstos. Pinochet envío los aviones que bombardearon
el palacio de La Moneda, la sede del gobierno donde caería muerto
su defensor: el presidente Salvador Allende.
Veintiocho años más
tarde Bin Laden reinvindicó el envío de aeropiratas suicidas
que cayeron del cielo para incendiar la sede del mayor aparato militar
de la historia y de la ciudad sede de las Naciones Unidas y de la Bolsa
norteamericana.
En el primer caso los EEUU abiertamente
colaboraron con el golpe. En el segundo caso, fueron la víctima
del mayor atentado que se haya producido en su territorio continental.
Pinochet fue el hombre que el Pentágono
usó para erradicar a la Unidad Popular y para ir afianzando la red
de dictaduras militares anti-comunistas que acabarían monopolizando
el Cono Sur.
Bin Laden fue la figura saudita más
importante que la CIA empleó para organizar a los 'mujahedines'
en la guerra contra la intervención soviética en Afganistán.
Mientras el general chileno se asoció a las juntas boliviana, argentina
y uruguaya en la creación del Plan Cóndor para coordinar
la caza internacional de izquierdistas, el millonario árabe fue
una pieza clave en la estructuración de Al Qaeda (la base), una
coordinadora internacional de combatientes anti-comunistas islamistas.
Caudillos militares como Pinochet
o Bin Laden fueron esenciales en ir socavando al bloque soviético.
El primero aplastó al primer gobierno pro-soviético surgido
en el hemisferio sur y sentó las bases del modelo neo-liberal que
acabaría siendo globalmente patrocinado en contrapeso al de las
economías estatizadas planificadas del Este. El segundo ayudó
a producir la mayor derrota militar soviética y el inicio de la
desmoralización de lo que fue el segundo ejército mundial.
Ambos emplearon las matanzas indiscriminadas
y la tortura. Se hicieron célebres por ser despiadados y por no
respetar los derechos humanos. Sin embargo, los EEUU no hicieron cuestión
de estado de ello y, mas bien, se valieron de sus métodos para debilitar
a sus contrincantes socialistas.
Tanto Pinochet como Bin Laden han
sido llamados por distintas cortes. Al primero se le detuvo por casualidad
cuando se hacía tratar en Londres. Pese a ser miembros de la misma
internacional socialdemócrata que el allendismo, los laboristas
británicos no se sentían a gusto manteniendo preso al general
que mató a varios de sus camaradas chilenos.
La democracia inglesa, que no fue
a ninguna otra parte para detenerlo, no sabía como desentenderse
de él. El gobierno socialista chileno se sentía incapaz de
procesarlo por miedo a desatar la desestabilización de su propia
sociedad.
Pinochet quedó finalmente
liberado. Cuando se sentenciaba en Perú a Montesinos, en Chile se
exoneraba a Pinochet.
Quien es sindicado de haber asesinado
a miles de chilenos se mantiene libre, al igual que Kissinger, acusado
como el autor intelectual de la matanza de cientos de miles en Indochina
o Timor este.
Para Washington ambos no deben ser
considerados criminales de guerra y no se debe formar ninguna corte penal
internacional que los juzgue.
Bin Laden, en cambio, es cosa distinta.
Mientras él se mantenía en el grupo de asociados a los EEUU
la prensa occidental no hacía alarde de sus crímenes contra
civiles afganos.
El asunto empezó a cambiar
a raiz de la guerra contra Irak en 1991. El al igual que Saddam habían
recibido armas y asesoramiento de la CIA. Mientras Hussein no desobedeciese
a Washington no se le daba sufciente importancia a sus atrocidades.
El hecho que Saddam se atraviese
a desafiar a las potencias occidentales le convirtió en un demonio.
Bin Laden también se opuso a la invasión irakí sobre
Kuwait. Sus razones eran otras. El Baath irakí es un partido de
raíz anti-monárquica, secular y republicano y al tomar uno
de los emiratos amenazaba con tambalear al sistema de monarquías
fundamentalistas islámicas retrógradas de la penísnula
arábiga. Osama llamó a las casas reales árabes a unirse
contra el invasor, pero cuando vió que éstas prefirireon
llamar a Occidente para que les socorra, cambio de bando.
Bin Laden empezó a denunciar
a los Saud de haber dejado que las tropas de los infieles se asienten en
la penísnsula de los dos lugares sagrados para la fé musulmana.
Tras la desaparción del peligro soviético y la guerra del
golfo, Al Qaeda se fue distanciando de su mentor inicial (la CIA). Gradualmente
fue cambiando su discurso para querer aparecer como abanderados de la lucha
del pueblo palestino o por que el petróleo árabe pasase al
pueblo islámico.
La nueva estrategia de Bin Laden
consiste en tratar de unir a todos los países islámicos (desde
Mauritania en la costa occidental africana hasta Indonesia en la costa
oriental del Pacífico) en un nuevo estado y para eso es indispensable
enfrentarse al occidente. Sus acciones de violencia tiende a apuntalar
a los fundamentalistas y a provocar la reacción estadounidense.
Bin Laden, quien inicialmente era
tildado por Reagan y Bush como un 'combatiente por la libertad' se transformó
en el mayor ogro para los EEUU.
Mientras Washington hizo lo posible
por no tocar a Pinochet, a Bin Laden ahora hay que cazarlo como sea. Los
talibanes ofrecieron la posibilidad de repatriarlo a condición que
se les diera reconocimiento diplomático o que se juzgara a Bin Laden
en una corte musulmana neutral. Bush no aceptó nada de ello o si
quiera pedir su apresamiento vía los canales del derecho internacional.
El acuñó la frase tan típica de los 'Western': se
le requiere 'vivo o muerto'. Una corte ya no sería indispensable
pues ya había quedado sentenciado por el presidente de la única
superpotencia global.
A fin de dar con él se articuló
la mayor coalición bélica de la historia. Uno de los países
más pobres del globo fue bombardeado por la alianza de las potencias
más ricas. Cada mes la maquinaria bélica occidental descargaba
mil millones de dólares en bombas contra un país que apenas
exportaba esa cifra de dinero cada doce años.
Al cabo de un año del 11 de
septiembre, los EEUU no ha podido dar con Bin Laden o Mullah Omar. Su gran
mérito consiste en haber depuesto a los talibanes para remplazarlos
por otros antiguos fundamentalistas. El nuevo presidente afgano, Karzai,
inicialmente estuvo con los talibanes. En la co-gobernante Alianza del
Norte están los caudillos fundamentalistas afganos que primero invitaron
a Bin Laden a guerrear en ese país.
La relación entre Pinochet
y Bin Laden muestra las paradojas del Nuevo Orden global. Este sostiene
que se basa en la difución de democracias y en la persecución
a terroristas y criminales de guerra. Sin embargo, quien se irroga el rol
de policía mundial selecciona a quienes persigue de acuerdo a sus
propias inclinaciones políticas. Toda persona que haya empleado
el terror para promover una causa patrocinada por la única superpotencia
recibirá un trato muy distinto a quien haya usado la violencia para
hacerle frente.
Isaac
Bigio
Bigio2004@Yahoo.com
www.bigio.org
* El autor es analista internacional.
Escribe para más de un centenar de medios. Ha recibido grados y
postgrados en historia y política económica en la London
School of Economics donde también ha estado investigando y enseñando. |