Isaac Bigio - rodelu.net
27 de diciembre de 2004
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Revolucionarios ucranianos
Isaac Bigio *
Yuschenko ganó las elecciones ucranianas del domingo 26 de diciembre. Su victoria altera la geopolítica mundial a favor de Washington frente a Moscú. Putin advierte del peligro de la ‘revolución permanente’ que Bush estaría alentando contra él en Georgia, Ucrania, la periferia de Rusia e incluso posiblemente dentro del Cáucaso norte. Cuales son los mecanismos de la nueva ‘revolución democrática’ en el segundo mayor país europea y hacia dónde ésta estaría apuntando?

Yuschenko será ungido presidente cuando se celebren 100 años de la primera revolución rusa, la cual, sintomáticamente tuvo a uno de sus líderes al ucraniano León Trotzky, quien fuese el autor de la teoría de la ‘revolución permanente’.

Las diferencias entre la revolución ‘naranja’ de Yuschenko y la revolución ‘roja’ de Trotsky son abismales. Mas, lo interesante es que ambas apuntan contra el Kremlin (aunque en direcciones contrapuestas) y generan tendencias internacionales.

El levantamiento ucraniano se inscribe en la ola de ‘revoluciones de terciopelo’ que han venido sacudiendo al este europeo desde hace 1989. Este tipo de alzamientos se caracteriza por tratar de evitar la guerra civil y basarse en una gran protesta callejera que desintegra a los regímenes de turno, y que busca abrir a países que se reclaman del socialismo hacia el capitalismo liberal.

Estas son apadrinadas por la única superpotencia que queda (EEUU) y por sus aliados occidentales. Su mensaje es bien simple. Sostienen que el atraso de las sociedades orientales se debe a que no han seguido la ruta occidental de ‘sociedades abiertas’.
Proponen una liberalización económica y política que, si bien aducen generará desempleo, cierres y polarización social, a la larga ‘modernizará’ a los países y traerá nuevos y mejores productos internacionales.

Tanto los presidentes Kuchma (Ucrania) como Shvernadze (Georgia) habían movido a sus respectivos países desde las economías estatizadas y planificadas regidas por un partido comunista único hacia formas de capitalismo y de democracia multipartidaria. Ambos habían acercado a sus naciones hacia EEUU, y Ucrania tiene aún tropas en Iraq. Sin embargo, ellos no han hecho todos los cambios que exige Bush, los que implican una mayor privatización, apertura hacia inversiones y capitales occidentales y un distanciamiento de Rusia a favor de acercarse a EEUU y la Unión Europea. 

Mikheil Saakashvili  y Víctor Yuschenko son los protagonistas de esas movilizaciones callejeras que denuncian fraudes electorales y que logran instalar gobiernos nacionalistas anti-Kremlin y pro-Washington. La estrategia norteamericana les dio similares buenos resultados en Serbia aunque ha fracasado en Venezuela y Bielorrusia.  
 
Mas, ahora tras haber vencido en el segundo país exsoviético más poblado los estrategas de la ‘revolución democrática’ querrán avanzar hacia deponer lo que denominan el autoritarismo de Lukaschenko en Bielorrusia y avanzar en Moldavia, el único país europeo gobernando por un Partido Comunista.

Putin teme que eso genere una ola de  ‘revoluciones permanentes’ que puedan cuestionar su dominio en Chechenia y a la postre lograr que en Moscú se produzca un cambio de régimen donde se saque al actual presidente que re-ocupa empresas privatizadas y que choca con Bush en Medio Oriente para irse hacia un nuevo gobierno liberal.

Estas revoluciones son sumamente distintas a las que hace un siglo empezaron a ser promovidas por Trotzky y Lenin. Entonces Rusia era un país rural lleno de siervos y los marxistas rusos querían una ‘revolución democrático burguesa’ contra el ‘feudalismo’ y la ‘monarquía’. Trotzky proponía que ésta sólo podría ser dirigida por la pequeña clase obrera quien debería acabar expropiando a la burguesía y exportando la revolución. La revolución, que se iniciaba a escala nacional y sobre un programa ‘burgués’, se tornaba en anti-capitalista e internacional, y por ende en ‘permanente’.

El método empleado era el de fomentar ‘consejos obreros y campesinos’ que se fueran perfilando como órganos de poder dual apoyados en grandes marchas y en armamento que irían consiguiendo mediante grupos de autodefensa y sindicalizando a la tropa. Cuando el Estado estaba lo suficientemente dividido y paralizado es que se desencadenaba una ‘insurrección y dictadura proletarias’. Este tipo de revoluciones es por su propia característica sumamente violenta pues expropia a una clase dominante e instaura un régimen social muy distinto al resto del planeta. 

Las ‘revoluciones democrático-burguesas’ que hoy vienen triunfando en Ucrania o Georgia son profundamente anti-socialistas. Se basan en sociedades industrializadas y su objetivo es desmantelar lo que quede del antiguo sistema soviético. Para muchos marxistas éstas son, en verdad, contra-revoluciones pro-EEUU pues se basan en sectores que quieren incentivar la empresa privada y chocan con sindicatos que buscan evitar cierres de empresas grandes. Muchos marxistas hubieran querido que la descomposición de lo que llaman el stalinismo no hubiese generado una reacción pro-capitalismo occidental sino una depuración de la ‘burocracia’ para ir hacia lo que proponen una ‘democracia socialista’ y la internacionalización de la revolución. Mas, dicha alternativa no ha atraído a muchos, en parte, ellos arguyen, debido a la derrota del alzamiento obrero en Polonia en 1981, lo cual despejó el camino para que el liberalismo capitalizace el descontento anti-soviético.

Isaac Bigio
Bigio2004@Yahoo.com
www.bigio.org

* El autor es analista internacional. Escribe para más de un centenar de medios. Ha recibido grados y postgrados en historia y política económica en la London School of Economics donde también ha estado investigando y enseñando.

 
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