Revolucionarios
ucranianos
Isaac
Bigio *
Yuschenko
ganó las elecciones ucranianas del domingo 26 de diciembre. Su victoria
altera la geopolítica mundial a favor de Washington frente a Moscú.
Putin advierte del peligro de la ‘revolución permanente’ que Bush
estaría alentando contra él en Georgia, Ucrania, la periferia
de Rusia e incluso posiblemente dentro del Cáucaso norte. Cuales
son los mecanismos de la nueva ‘revolución democrática’ en
el segundo mayor país europea y hacia dónde ésta estaría
apuntando?
Yuschenko será ungido presidente
cuando se celebren 100 años de la primera revolución rusa,
la cual, sintomáticamente tuvo a uno de sus líderes al ucraniano
León Trotzky, quien fuese el autor de la teoría de la ‘revolución
permanente’.
Las diferencias entre la revolución
‘naranja’ de Yuschenko y la revolución ‘roja’ de Trotsky son abismales.
Mas, lo interesante es que ambas apuntan contra el Kremlin (aunque en direcciones
contrapuestas) y generan tendencias internacionales.
El levantamiento ucraniano se inscribe
en la ola de ‘revoluciones de terciopelo’ que han venido sacudiendo al
este europeo desde hace 1989. Este tipo de alzamientos se caracteriza por
tratar de evitar la guerra civil y basarse en una gran protesta callejera
que desintegra a los regímenes de turno, y que busca abrir a países
que se reclaman del socialismo hacia el capitalismo liberal.
Estas son apadrinadas por la única
superpotencia que queda (EEUU) y por sus aliados occidentales. Su mensaje
es bien simple. Sostienen que el atraso de las sociedades orientales se
debe a que no han seguido la ruta occidental de ‘sociedades abiertas’.
Proponen una liberalización
económica y política que, si bien aducen generará
desempleo, cierres y polarización social, a la larga ‘modernizará’
a los países y traerá nuevos y mejores productos internacionales.
Tanto los presidentes Kuchma (Ucrania)
como Shvernadze (Georgia) habían movido a sus respectivos países
desde las economías estatizadas y planificadas regidas por un partido
comunista único hacia formas de capitalismo y de democracia multipartidaria.
Ambos habían acercado a sus naciones hacia EEUU, y Ucrania tiene
aún tropas en Iraq. Sin embargo, ellos no han hecho todos los cambios
que exige Bush, los que implican una mayor privatización, apertura
hacia inversiones y capitales occidentales y un distanciamiento de Rusia
a favor de acercarse a EEUU y la Unión Europea.
Mikheil Saakashvili y Víctor
Yuschenko son los protagonistas de esas movilizaciones callejeras que denuncian
fraudes electorales y que logran instalar gobiernos nacionalistas anti-Kremlin
y pro-Washington. La estrategia norteamericana les dio similares buenos
resultados en Serbia aunque ha fracasado en Venezuela y Bielorrusia.
Mas, ahora tras haber vencido en
el segundo país exsoviético más poblado los estrategas
de la ‘revolución democrática’ querrán avanzar hacia
deponer lo que denominan el autoritarismo de Lukaschenko en Bielorrusia
y avanzar en Moldavia, el único país europeo gobernando por
un Partido Comunista.
Putin teme que eso genere una ola
de ‘revoluciones permanentes’ que puedan cuestionar su dominio en
Chechenia y a la postre lograr que en Moscú se produzca un cambio
de régimen donde se saque al actual presidente que re-ocupa empresas
privatizadas y que choca con Bush en Medio Oriente para irse hacia un nuevo
gobierno liberal.
Estas revoluciones son sumamente
distintas a las que hace un siglo empezaron a ser promovidas por Trotzky
y Lenin. Entonces Rusia era un país rural lleno de siervos y los
marxistas rusos querían una ‘revolución democrático
burguesa’ contra el ‘feudalismo’ y la ‘monarquía’. Trotzky proponía
que ésta sólo podría ser dirigida por la pequeña
clase obrera quien debería acabar expropiando a la burguesía
y exportando la revolución. La revolución, que se iniciaba
a escala nacional y sobre un programa ‘burgués’, se tornaba en anti-capitalista
e internacional, y por ende en ‘permanente’.
El método empleado era el
de fomentar ‘consejos obreros y campesinos’ que se fueran perfilando como
órganos de poder dual apoyados en grandes marchas y en armamento
que irían consiguiendo mediante grupos de autodefensa y sindicalizando
a la tropa. Cuando el Estado estaba lo suficientemente dividido y paralizado
es que se desencadenaba una ‘insurrección y dictadura proletarias’.
Este tipo de revoluciones es por su propia característica sumamente
violenta pues expropia a una clase dominante e instaura un régimen
social muy distinto al resto del planeta.
Las ‘revoluciones democrático-burguesas’
que hoy vienen triunfando en Ucrania o Georgia son profundamente anti-socialistas.
Se basan en sociedades industrializadas y su objetivo es desmantelar lo
que quede del antiguo sistema soviético. Para muchos marxistas éstas
son, en verdad, contra-revoluciones pro-EEUU pues se basan en sectores
que quieren incentivar la empresa privada y chocan con sindicatos que buscan
evitar cierres de empresas grandes. Muchos marxistas hubieran querido que
la descomposición de lo que llaman el stalinismo no hubiese generado
una reacción pro-capitalismo occidental sino una depuración
de la ‘burocracia’ para ir hacia lo que proponen una ‘democracia socialista’
y la internacionalización de la revolución. Mas, dicha alternativa
no ha atraído a muchos, en parte, ellos arguyen, debido a la derrota
del alzamiento obrero en Polonia en 1981, lo cual despejó el camino
para que el liberalismo capitalizace el descontento anti-soviético.
Isaac
Bigio
Bigio2004@Yahoo.com
www.bigio.org
* El autor es analista internacional.
Escribe para más de un centenar de medios. Ha recibido grados y
postgrados en historia y política económica en la London
School of Economics donde también ha estado investigando y enseñando. |