Isaac Bigio - rodelu.net
10 de marzo de 2005
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La nueva crisis boliviana
Isaac Bigio *
Bolivia se encuentra en medio de una aguda crisis. El domingo 6 el presidente Carlos Mesa puso su cargo a disposición y dos días después el parlamento lo ratifica. Mientras él ha logrado conformar una amplia coalición de los partidos tradicionales, la izquierda y los sindicatos han respondido lanzando una ‘alianza anti-oligárquica’. Paralelamente se acrecientan los bloqueos que están semi-paralizado al país y afectando al comercio terrestre entre sus 3 principales ciudades (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz). La república sudamericana más pobre puede estar al borde de una fuerte confrontación social.

Los bloqueos y marchas callejeras impulsadas por la Central Obrera Boliviana, los sindicatos campesinos y las juntas vecinales de El Alto tienen dos demandas que el gobierno no quiere aceptar. Estas son exigir que las multinacionales paguen un 50% de regalías por los hidrocarburos y que se nacionalice a la empresa Suez de Lyon que es dueña del agua potable de La Paz. El presidente cuestiona a la transnacional francesa Suez pero se niega a expropiarla temiendo que al final Bolivia deba pagar $50 millones en compensación. Mesa quiere que las petroleras paguen un 18% de regalías pero pedir tanto, plantea, ahuyentaría a los inversionistas.

Los sindicatos retrucan que ellos no temen ser parias internacionales. Dentro de un mes Bolivia cumplirá 53 años desde que una revolución semi-espontánea nacionalizó las minas poniendo éstas ‘bajo control obrero’ e hizo una reforma agraria más radical que la que entonces había hecho la China de Mao. La izquierda sostiene que, pese a que dichas transformaciones fueron lo más radical que ha tenido Sudamérica, no hubo tal aislamiento y que, de darse, ellos responderían fomentando una internacionalización del proceso.

Mesa sabe que se está viniendo un huracán social y teme que el país acabe en caos y desgobierno. El llegó al sillón presidencial en Octubre 2003 cuando otro levantamiento popular (que al igual que esta vez fue gestado en El Alto) obligó al presidente Gonzalo Sánchez de Losada a exiliarse y dejarle la banda a su vicepresidente.

Carlos Mesa no quisiera volver a usar la represión para contener la sublevación callejera. Hace 17 meses la sangre derramada irrigó y no aplacó la ira popular. Las balas disparadas por Sánchez acabaron como un bumerang contra él, al punto que le obligaron a huir del país y a estar acusado penalmente por ‘genocidio’. 

Durante su curso periodo presidencial Mesa ha buscado gobernar en alianza con su principal oposición (el Movimiento Al Socialismo de Evo Morales). El MAS le apoyó en el referendo del gas y Mesa ha aceptado varios planteos de su semi-aliado y semi-contrincante (como ir hacia una asamblea constituyente). 

Sin embargo, lo que ha venido coartando el contubernio Mesa-Morales es la cuestión de la propiedad del agua y el gas. El actual ascenso de la izquierda boliviana se catapultó gracias a la huelga de la ciudad de Cochabamba quien consiguió que el agua potable dejase de estar en manos de una corporación británica. El Alto ahora se ha levantado pidiendo que el agua potable vuelva a ser administrada públicamente. Esta ciudad es la cuarta en tamaño en Bolivia pero tiene dos características claves. Es la urbe más aymara y pobre, y controla el aeropuerto internacional y las vías férreas y terrestres que conectan a la capital con el resto de departamentos.

Morales ha venido siendo cuestionado por la Central Obrera y la Confederación Campesina por haberles ‘vendido’ a Mesa. Si él quiere conservar su base social debe tratar de encabezar la protesta aunque sea para irla desafilando.

Morales se encuentra en una disyuntiva. Mientras muchos bloqueadores quisieran ir hacia una revolución como al de 1952, él ansia seguir la ruta de Lagos, Lula y Tabaré y mostrarse como un estadista que podría conseguir el aval de los mercados para llegar constitucionalmente a la presidencia en el 2007. 

Esta pugna entre dos dinámicas contrapuestas ha venido escindiendo a su partido, el más votado en las últimas municipales.

Mesa decidió presentar su renuncia en la víspera del inicio del bloqueo de Cochabamba buscando ganar la iniciativa y pasar a la contraofensiva. Con ello él quería prevenir que la protesta demande su salida y también buscar entrar a ésta conformando una amplia coalición de apoyo.

El logró convencer a los partidos del centro y la derecha (MNR, MIR, UCS, ADN y NFR)  que si él se iba no había nadie capaz de remplazarlo, y que para evitar el caos o una revolución habría que reconstituir la ‘mega-coalición’ de partidos que antes apoyó a Sánchez pero esta vez tras él. El MAS no se siente capaz de entrar en el pacto social pero se opone a pedir la salida de Mesa. En esa circunstancias y presionado por los bloqueadores ha reconstituido el ‘Estado Mayor del Pueblo’ junto con el resto de la izquierda y los sindicatos.

El conflicto boliviano estará encabezado formalmente por el presidente y Evo, jefe de la oposición. Ambos quisieran llegar a un acuerdo, pero tras ellos hay fuertes presiones. Sectores liberales y empresariales demandan que Mesa acabe su ‘luna de miel’ con los indianistas, que ponga mano firme y que vuelva al programa con el cual fue electo en el 2002, en donde se postulaba la liberalización económica y las privatizaciones como la única vía para sacar al país del atraso. Mesa acaba de decretar la penalización de los bloqueos pero aún no ha corrido sangre.

Radicales indianistas, guevaristas y trotskistas le piden a Evo que acabe su coqueteo con Mesa y que abra paso a un levantamiento popular. Quispe pide una sublevación quechua-aymara que restablezca el Collasuyo y varios sindicalistas llaman a una Asamblea Popular o Cabildos para hacer un ‘poder obrero y campesino’ paralelo que marche hacia asaltar al Estado.

Si Mesa y Morales no llegan a un acuerdo, Bolivia podría acabar polarizada entre un ejecutivo duro y las posibilidades de una nueva revolución.

10 de marzo de 2005

Isaac Bigio
Bigio2004@Yahoo.com
www.bigio.org

* Columnista político sudamericano más citado en la web. El autor es analista internacional. Escribe para más de un centenar de medios. Ha recibido grados y postgrados en historia y política económica en la London School of Economics donde también ha estado investigando, enseñando y ha sido especialista en Bolivia.

 
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