La nueva
crisis boliviana
Isaac
Bigio *
Bolivia
se encuentra en medio de una aguda crisis. El domingo 6 el presidente Carlos
Mesa puso su cargo a disposición y dos días después
el parlamento lo ratifica. Mientras él ha logrado conformar una
amplia coalición de los partidos tradicionales, la izquierda y los
sindicatos han respondido lanzando una ‘alianza anti-oligárquica’.
Paralelamente se acrecientan los bloqueos que están semi-paralizado
al país y afectando al comercio terrestre entre sus 3 principales
ciudades (La Paz, Cochabamba y Santa Cruz). La república sudamericana
más pobre puede estar al borde de una fuerte confrontación
social.
Los bloqueos y marchas callejeras
impulsadas por la Central Obrera Boliviana, los sindicatos campesinos y
las juntas vecinales de El Alto tienen dos demandas que el gobierno no
quiere aceptar. Estas son exigir que las multinacionales paguen un 50%
de regalías por los hidrocarburos y que se nacionalice a la empresa
Suez de Lyon que es dueña del agua potable de La Paz. El presidente
cuestiona a la transnacional francesa Suez pero se niega a expropiarla
temiendo que al final Bolivia deba pagar $50 millones en compensación.
Mesa quiere que las petroleras paguen un 18% de regalías pero pedir
tanto, plantea, ahuyentaría a los inversionistas.
Los sindicatos retrucan que ellos
no temen ser parias internacionales. Dentro de un mes Bolivia cumplirá
53 años desde que una revolución semi-espontánea nacionalizó
las minas poniendo éstas ‘bajo control obrero’ e hizo una reforma
agraria más radical que la que entonces había hecho la China
de Mao. La izquierda sostiene que, pese a que dichas transformaciones fueron
lo más radical que ha tenido Sudamérica, no hubo tal aislamiento
y que, de darse, ellos responderían fomentando una internacionalización
del proceso.
Mesa sabe que se está viniendo
un huracán social y teme que el país acabe en caos y desgobierno.
El llegó al sillón presidencial en Octubre 2003 cuando otro
levantamiento popular (que al igual que esta vez fue gestado en El Alto)
obligó al presidente Gonzalo Sánchez de Losada a exiliarse
y dejarle la banda a su vicepresidente.
Carlos Mesa no quisiera volver a
usar la represión para contener la sublevación callejera.
Hace 17 meses la sangre derramada irrigó y no aplacó la ira
popular. Las balas disparadas por Sánchez acabaron como un bumerang
contra él, al punto que le obligaron a huir del país y a
estar acusado penalmente por ‘genocidio’.
Durante su curso periodo presidencial
Mesa ha buscado gobernar en alianza con su principal oposición (el
Movimiento Al Socialismo de Evo Morales). El MAS le apoyó en el
referendo del gas y Mesa ha aceptado varios planteos de su semi-aliado
y semi-contrincante (como ir hacia una asamblea constituyente).
Sin embargo, lo que ha venido coartando
el contubernio Mesa-Morales es la cuestión de la propiedad del agua
y el gas. El actual ascenso de la izquierda boliviana se catapultó
gracias a la huelga de la ciudad de Cochabamba quien consiguió que
el agua potable dejase de estar en manos de una corporación británica.
El Alto ahora se ha levantado pidiendo que el agua potable vuelva a ser
administrada públicamente. Esta ciudad es la cuarta en tamaño
en Bolivia pero tiene dos características claves. Es la urbe más
aymara y pobre, y controla el aeropuerto internacional y las vías
férreas y terrestres que conectan a la capital con el resto de departamentos.
Morales ha venido siendo cuestionado
por la Central Obrera y la Confederación Campesina por haberles
‘vendido’ a Mesa. Si él quiere conservar su base social debe tratar
de encabezar la protesta aunque sea para irla desafilando.
Morales se encuentra en una disyuntiva.
Mientras muchos bloqueadores quisieran ir hacia una revolución como
al de 1952, él ansia seguir la ruta de Lagos, Lula y Tabaré
y mostrarse como un estadista que podría conseguir el aval de los
mercados para llegar constitucionalmente a la presidencia en el 2007.
Esta pugna entre dos dinámicas
contrapuestas ha venido escindiendo a su partido, el más votado
en las últimas municipales.
Mesa decidió presentar su
renuncia en la víspera del inicio del bloqueo de Cochabamba buscando
ganar la iniciativa y pasar a la contraofensiva. Con ello él quería
prevenir que la protesta demande su salida y también buscar entrar
a ésta conformando una amplia coalición de apoyo.
El logró convencer a los partidos
del centro y la derecha (MNR, MIR, UCS, ADN y NFR) que si él
se iba no había nadie capaz de remplazarlo, y que para evitar el
caos o una revolución habría que reconstituir la ‘mega-coalición’
de partidos que antes apoyó a Sánchez pero esta vez tras
él. El MAS no se siente capaz de entrar en el pacto social pero
se opone a pedir la salida de Mesa. En esa circunstancias y presionado
por los bloqueadores ha reconstituido el ‘Estado Mayor del Pueblo’ junto
con el resto de la izquierda y los sindicatos.
El conflicto boliviano estará
encabezado formalmente por el presidente y Evo, jefe de la oposición.
Ambos quisieran llegar a un acuerdo, pero tras ellos hay fuertes presiones.
Sectores liberales y empresariales demandan que Mesa acabe su ‘luna de
miel’ con los indianistas, que ponga mano firme y que vuelva al programa
con el cual fue electo en el 2002, en donde se postulaba la liberalización
económica y las privatizaciones como la única vía
para sacar al país del atraso. Mesa acaba de decretar la penalización
de los bloqueos pero aún no ha corrido sangre.
Radicales indianistas, guevaristas
y trotskistas le piden a Evo que acabe su coqueteo con Mesa y que abra
paso a un levantamiento popular. Quispe pide una sublevación quechua-aymara
que restablezca el Collasuyo y varios sindicalistas llaman a una Asamblea
Popular o Cabildos para hacer un ‘poder obrero y campesino’ paralelo que
marche hacia asaltar al Estado.
Si Mesa y Morales no llegan a un
acuerdo, Bolivia podría acabar polarizada entre un ejecutivo duro
y las posibilidades de una nueva revolución.
10 de marzo de 2005
Isaac
Bigio
Bigio2004@Yahoo.com
www.bigio.org
* Columnista político sudamericano
más citado en la web. El autor es analista internacional. Escribe
para más de un centenar de medios. Ha recibido grados y postgrados
en historia y política económica en la London School of Economics
donde también ha estado investigando, enseñando y ha sido
especialista en Bolivia. |