China-Japón:
¿Nueva guerra fría?
Isaac
Bigio *
Beijing
y Tokio han entrado a su peor momento diplomático desde el fin de
la guerra fría, justo cuando China ha sobrepasado a EEUU como el
mayor socio comercial de Japón. Lo que ha empeorado aún más
las relaciones son las violentas marchas chinas contra nuevos textos escolares
aparecidos en Japón. ¿Tan importante es dicha publicación?
¿Qué hay detrás del nuevo choque entre los dos colosos
del Pacífico oriental?
El Sábado 9 de Abril se produjo
en Beijing la mayor marcha desde la supresión de la revuelta de
Tien An Men en 1999. Esta vez los 10,000 manifestantes no protestaban contra
su gobierno sino contra Japón. Otras demostraciones antijaponesas
se han producido en diversas partes de China.
Lo que exacerba la rabia de las protestas
chinas es la reciente publicación de una ‘nueva historia’ para colegiales
japoneses publicada por la ultra-derechista editorial Fusosha. Allí
se refiere a la masacre hecha por el ejército nipón de 250
a 300 mil chinos en Nanjing (1837-38) como un mero ‘incidente’. Seúl
(tradicional aliado de Tokio) también ha protestado porque allí
se menciona que las islas Dokdo (o Takeshima en japonés) están
‘ilegalmente ocupadas por Sud Corea’. A ello se suma que cada año
el premier japonés acude al mausoleo de Yasukuni donde también
se rinde memoria a criminales de guerra.
Muchos en Japón consideran
que esa reacción es desprorcionada debido a que solo un 1% de los
escolares leerían tales textos. Sin embargo, para los enemigos del
militarismo japonés ello es un indicativo de que Tokio está
cambiando su actitud supuestamente de rechazo frente al pasado colonialista
que compartió junto a Hitler.
Tras la disputa por los textos escolares
se esconden problemas más de fondo.
China ha venido creciendo económicamente
y apunta a ser en el futuro el principal competidor político y militar
de EEUU. Las medidas de restauración del mercado y la empresa privada
que tanto han favorecido a capitales norteamericanos y japoneses también
han ido creando una nueva élite e intereses empresariales que requieren
de nuevos mercados y de un Estado que vele por ello.
China ha logrado cierta complementación
económica con Japón. Le provee manufacturas hechas con mano
de obra muy barata y absorbe alta tecnología nipona. Empero, a medida
que China se agiganta económica y políticamente, esta tenderá
a chocar con su eterno amigo-enemigo histórico.
Hay tres conflictos geo-estratégicos
en la agenda:
China ha logrado reintegrar a Macao
y Hong Kong, y ansía hacer lo mismo con Taiwán, la cual es
protegida por Japón y EEUU. Para evitar que Taiwán declare
que ya nunca más querrá reunificarse con China, Beijing se
viene rearmando y ha adquirido muchas armas de la Unión Europea,
algo mal visto por Washington y Tokio. Japón ha empezado un programa
de rearme y, por primera vez desde la II Guerra Mundial, ha enviado tropas
de ocupación a otro país (Iraq).
Existe una disputa por los límites
territoriales marítimos entre China y Japón, lo cual hoy
se exacerba pues ambos países (quienes son, después de EEUU,
los mayores importados mundiales de hidrocarburos) chocan queriendo explotar
los yacimientos de gas de su subsuelo.
También está la cuestión
de la reforma del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Actualmente
en éste sólo 5 potencias nucleares tienen asientos permanentes:
China, EEUU, Rusia, Reino Unido y Francia. Japón, Brasil, Alemania
e India quieren tener un sitio permanente dentro de éste junto a
otras dos naciones árabes o africanas. China (quien no quiere dejar
de ser la mayor potencia militar y nuclear autóctona del oriente)
se opone a ello junto a Italia, Argentina, México y Pakistán,
potencias ‘menores’ que temen quedar relegadas.
A medida que China va adoptando
una economía capitalista y quiera expandirse mundialmente serán
inevitables los roces con Japón. Hoy China quiere bailar con su
propio perfil en la diplomacia y el comercio mundiales.
Está buscando subsanar su
añeja confrontación con India sobre la base de delimitar
los bordes sobre el status quo (Sikkim para India y que China se quede
con las zonas disputadas de Cachemira y los Himalayas) y buscar una complementación
económica donde el ‘dragón’ chino provea ‘hardware’ y el
‘tigre’ hindú el ‘software’. China protege a Corea del Norte para
evitar que sea atacado por EEUU mientras éste amenaza con lanzar
misiles contra Tokio si es agredido.
China empieza a penetrar económicamente
en Sudamérica (sobre todo en Brasil Chile, Argentina y Perú)
planteando invertir miles de millones de dólares, en una zona tradicionalmente
hegemonizada por EEUU y en menos medida por Europa y Japón.
China y Japón, quienes se
encuentran organizando una unión comercial del extremo oriente,
han de ir chocando sobre como esta debe desarrollarse. Beijing no quiere
a India y Australia en ésta. Los que promueven una suerte de ‘Unión
Europea’ o ‘Mercosur’ oriental dicen que es imprescindible una uniformización
de sistemas políticos basados en la democracia pluripartidaria y
el capitalismo de libre empresa, pero China sigue estando bajo el monopolio
político del Partido Comunista y con una economía con mucha
intervención del Estado.
A 3 lustros del fin de la bipolaridad
se abre en el Pacífico oriental una nueva suerte de guerra fría.
Al igual que la que hubo entre Washington y Moscú hasta 1989-91,
los dos campos polares se basan en modelos socio-económicos distintos.
En un lado está una economía planificada bajo la dictadura
de un partido único. En el otro un liberalismo económico
y político.
La diferencia está en que
esta vez no se trata de un Partido Comunista que busca mantener su anterior
sistema, sino en ir adoptando el del opuesto. Al volcarse hacia el capitalismo,
los maoístas chinos están condenados a chocar con quienes
les han servido de ejemplo e inspiración (Tokio y Washington) en
la pugna por mercados e intereses geo-estratégicos.
14 de abril de 2005
Isaac
Bigio
Bigio2004@Yahoo.com
www.bigio.org
* Columnista político sudamericano
más citado en la web. El autor es analista internacional. Escribe
para más de un centenar de medios. Ha recibido grados y postgrados
en historia y política económica en la London School of Economics
donde también ha estado investigando, enseñando y ha sido
especialista en Bolivia. |