Leonardo Boff - rodelu.net
12 de agosto de 2001
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LEONARDO BOFF:
NO SE DAN CUENTA QUE LAS SOLUCIONES A LARGO
PLAZO LLEGARAN DEL "GRAN SUR"

"—¿Hay salida a este laberinto globalizado?
—Estuve en diciembre pasado en un seminario de reflexión conceptual organizado en Basilea, Suiza. Había muchos teóricos e intelectuales. Me sorprendió que, casi sin excepción, repitieran los conceptos de siempre, insistiendo en que las soluciones tienen que venir del Norte. No han aprendido nada o, mejor dicho, muy poco. ¿Por qué digo esto? Porque no miran hacia abajo, hacia los pobres. No se dan cuenta de que las soluciones a largo plazo llegarán del "Gran Sur". Olvidan que del Norte nos han venido todos los "venenos". Piensan que nosotros somos tontos, que no tenemos grandes académicos, que no sabemos nada.
Si miramos hacia el Sur, hacia los pobres, vemos que en Brasil, en América Latina, en Africa, los pueblos han sobrevivido los últimos 500 años a partir de estrategias propias de resistencia. Por eso debemos aprender de ellos, cómo tratan a la naturaleza, cómo se han organizado y movilizado... sin negar, por supuesto, los aportes a la ciencia. Pienso de cara al futuro en un paradigma más humanitario, que demuestre más benevolencia hacia la naturaleza e incorpore todo lo que el avance de la ciencia —y el mismo capitalismo— ha aportado a nivel de infraestructura, tecnología, etcétera. 

—Cabe anticipar que en este año terminará dos libros, el primero de ellos sobre los 20 siglos de cristianismo. ¿ Cuáles son las tesis de base?
—Intento, en forma simple, en unas cien o ciento cincuenta páginas, analizar qué queda del cristianismo, sus sueños, herencia y capacidad de iluminar el futuro. Por otra parte, ubicar el cristianismo de colonización que implicó la destrucción de todas las otras religiones, limitó la posibilidad de crear un rostro latinoamericano, que al final se diseñó a contracorriente. Sólo nosotros, desde esta Latinoamérica colonizada y recolonizada, podemos hacer ese análisis con toda la riqueza crítica y analítica.
Por otra parte, me propongo rescatar el cristianismo "popular", que es cultura y religión a la vez, y desde allí percibir los múltiples rostros que puede tener el cristianismo globalizado de hoy, tantos rostros como pueblos y comunidades existen.
Ese es el marco. A nivel teórico, voy a partir de las tres tentaciones de Jesús: la del poder político (dominación sobre los pueblos), la del poder carismático (transformación de las piedras en pan) y la del poder religioso (lanzarse desde el templo). Cristo superó las tres tentaciones, pero la Iglesia cayó en las tres. Reconozco que tengo una visión muy crítica. Pero creo que es la forma más idónea de ayudar a rescatar el cristianismo de las tentaciones en que cayó. El cristianismo es mucho más que su concreción en la Iglesia. Y debemos rescatar todo lo positivo.
Dentro de esa tradición, hubo un filón que no cayó en las debilidades, que ha guardado el carisma original de Jesús, el concepto de fraternidad, de participación, de espíritu de pobreza, con San Francisco en el siglo, con la Reforma que intentó rescatar muchas cosas esenciales —la dimensión laica, la palabra de Dios, la participación de la base—, y volver al cristianismo popular que demostró en América Latina ser una verdadera alternativa. Se trata más de la visión de una Iglesia en movimiento que de una estructura, la Iglesia como red de comunidades. Este tipo de cristianismo es globalizable. ¡E1 otro no! Es un trozo impuesto desde Occidente y cada vez más será un accidente.

—¿Esta reflexión significa un paréntesis del análisis ecológico que con tanta energía venía incorporando en los últimos años?
—No. Es la prolongación de Iglesia, carisma y poder e incluye aspectos ecológicos. E1 cristianismo no tiene el futuro; lo tiene la tierra y la humanidad. E1 cristianismo, como otras religiones que guardan la llama sagrada de Dios, ayuda a preservar el futuro. Pero el centro, insisto, no es el cristianismo. Es la creación buena de Dios. Por otra parte, se interpreta el cristianismo como una forma mucho más policéntrica: un cristianismo chino, otro coreano, otro latinoamericano, cada uno con sus aportes. Es imposible, por ejemplo, imaginar el cristianismo brasileño sin su condimento carnavalesco y musical. E1 otro libro en proceso es sobre los 500 años de la colonización de Brasil.

—¿De qué se trata?
—En síntesis, pienso que hay diferentes formas de ver el fenómeno histórico de la conquista. Algunos lo ven desde las carabelas y, para ellos, todo es gloria. Es la visión del poder. Otros lo ven desde la playa, desde la visión de los indígenas. Y aquí se ve, sobre todo, la dominación y la destrucción de las Indias, tal como lo decía Bartolomé de las Casas. E1 otro enfoque, que defiendo, consiste en ver el proceso desde la playa pero integrando lo que resultó de ese choque de civilizaciones, que culminó en un sincretismo, en una mezcla de razas y religiones, con su herencia de exclusión enorme que no hemos superado y que, por el contrario, va agrandándose.
Nosotros somos el hijo "no querido" de Europa. Quisieron llegar a las Indias y nos encontraron en el camino, por accidente. Y tal vez por eso somos los más rebeldes. Somos mezcla de indígenas, negros, asiáticos, europeos, pero nos sentimos brasileños y latinoamericanos, no europeos.

—¿ Y de toda esa mezcla resulta el Brasil actual?
—Sí. Identifico tres modelos de construcción de Brasil: el de la globalización neoliberal, que implica la renuncia total de la soberanía y prolonga la experiencia neocolonial; el otro, el que surge del capital nacional, de una cierta burguesía que no logra distanciarse del paradigma occidental de desarrollo.
E1 tercer modelo está en gran medida incorporado por la izquierda y concibe una nueva democracia popular, societaria, con una ciudadanía plena para todos. Apuesto a esto. Propongo una democracia socio-cósmica y ecológica. Esta democracia viene de abajo, incorpora la dimensión religiosa como estructura objetiva del ser humano, ya que el pueblo es pobre y religioso a la vez y, además, tiene un deseo enorme de participación. Este proyecto puede crear un nuevo tipo de ciudadanía, abierto al diálogo y a la colaboración, en una sociedad mundial que está naciendo y que comienza por primera vez a perfilarse en la historia de la humanidad.
Hasta ahora había historias suiza, brasileña, argentina... Ahora comienza la historia de la familia humana, con una casa común que es la Tierra, que debe convivir en la diversidad y que integra esa diversidad no como decadencia sino como riqueza.
En cuanto a la dimensión ecológica de este tipo de democracia, implica la superación de nuestro etnocentrismo, porque hasta ahora los grandes contratos y consensos sociales estaban únicamente centrados en la persona humana. Sin embargo, hay que centrarlos en la cadena de la vida, que es única y sagrada; incorporar a ese contrato social todo el sistema de la vida, los microorganismos, las plantas y animales y entenderlos, a todos, como nuevos ciudadanos de este planeta vivo. No hay que olvidar que todos ellos son mucho más viejos que el hombre; exigen todo nuestro respeto y merecen continuar viviendo.

—Hace un año, en una entrevista similar, había subrayado con gran énfasis la necesidad de una nueva cooperación de solidaridad interplanetaria, Norte-Sur-Norte. ¿Dónde enlaza este concepto en toda esta reflexión de construcción?
—La estructura básica del universo no es la victoria del más fuerte y de la competencia, sino la colaboración y solidaridad entre todos. Implica una crítica violenta al capitalismo, al egoísmo, al individualismo, que pertenecen a la dimensión demencial del ser humano, y que está potencializando en este sistema a las fuerzas más destructivas e insolidarias. Apuesto a la sinergia y colaboración como ley básica, que permite además que se incorpore la cultura popular, el calor humano, el sentido de la inclusión, de la adopción y de la composición por sobre la exclusión y la ley del más fuerte.

—¿Cómo interpreta la resistencia de un sector de la comunidad internacional contra el liberalismo extremo expresado en la propuesta de la Ronda de Milenio de la Organización Mundial del Comercio?
—En Seattle se ha demostrado otro tipo de globalización, que viene por Internet. Interpreto las movilizaciones en torno a la conferencia de Seattle, de inicios de diciembre pasado, como la primera manifestación de un nuevo antipoder global, por primera vez algo articulado a nivel mundial, y con gran inclusión de actores: desde los cristianos hasta los campesinos y obreros, pasando por los jóvenes y sin olvidar a los marginales, desempleados y sin techo". (teólogo brasilero Leonardo Boff, publicado en Memoria de febrero de 2001 y reproducido en Brecha del 9 de marzo de 2001)

 
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