LEONARDO BOFF:
NO SE DAN CUENTA QUE LAS SOLUCIONES A LARGO
PLAZO LLEGARAN DEL "GRAN SUR"
"—¿Hay salida a este
laberinto globalizado?
—Estuve en diciembre pasado en un
seminario de reflexión conceptual organizado en Basilea, Suiza.
Había muchos teóricos e intelectuales. Me sorprendió
que, casi sin excepción, repitieran los conceptos de siempre, insistiendo
en que las soluciones tienen que venir del Norte. No han aprendido nada
o, mejor dicho, muy poco. ¿Por qué digo esto? Porque no miran
hacia abajo, hacia los pobres. No se dan cuenta de que las soluciones a
largo plazo llegarán del "Gran Sur". Olvidan que del Norte nos han
venido todos los "venenos". Piensan que nosotros somos tontos, que no tenemos
grandes académicos, que no sabemos nada.
Si miramos hacia el Sur, hacia los
pobres, vemos que en Brasil, en América Latina, en Africa, los pueblos
han sobrevivido los últimos 500 años a partir de estrategias
propias de resistencia. Por eso debemos aprender de ellos, cómo
tratan a la naturaleza, cómo se han organizado y movilizado... sin
negar, por supuesto, los aportes a la ciencia. Pienso de cara al futuro
en un paradigma más humanitario, que demuestre más benevolencia
hacia la naturaleza e incorpore todo lo que el avance de la ciencia —y
el mismo capitalismo— ha aportado a nivel de infraestructura, tecnología,
etcétera.
—Cabe anticipar que en este año
terminará dos libros, el primero de ellos sobre los 20 siglos de
cristianismo. ¿ Cuáles son las tesis de base?
—Intento, en forma simple, en unas
cien o ciento cincuenta páginas, analizar qué queda del cristianismo,
sus sueños, herencia y capacidad de iluminar el futuro. Por otra
parte, ubicar el cristianismo de colonización que implicó
la destrucción de todas las otras religiones, limitó la posibilidad
de crear un rostro latinoamericano, que al final se diseñó
a contracorriente. Sólo nosotros, desde esta Latinoamérica
colonizada y recolonizada, podemos hacer ese análisis con toda la
riqueza crítica y analítica.
Por otra parte, me propongo rescatar
el cristianismo "popular", que es cultura y religión a la vez, y
desde allí percibir los múltiples rostros que puede tener
el cristianismo globalizado de hoy, tantos rostros como pueblos y comunidades
existen.
Ese es el marco. A nivel teórico,
voy a partir de las tres tentaciones de Jesús: la del poder político
(dominación sobre los pueblos), la del poder carismático
(transformación de las piedras en pan) y la del poder religioso
(lanzarse desde el templo). Cristo superó las tres tentaciones,
pero la Iglesia cayó en las tres. Reconozco que tengo una visión
muy crítica. Pero creo que es la forma más idónea
de ayudar a rescatar el cristianismo de las tentaciones en que cayó.
El cristianismo es mucho más que su concreción en la Iglesia.
Y debemos rescatar todo lo positivo.
Dentro de esa tradición,
hubo un filón que no cayó en las debilidades, que ha guardado
el carisma original de Jesús, el concepto de fraternidad, de participación,
de espíritu de pobreza, con San Francisco en el siglo, con la Reforma
que intentó rescatar muchas cosas esenciales —la dimensión
laica, la palabra de Dios, la participación de la base—, y volver
al cristianismo popular que demostró en América Latina ser
una verdadera alternativa. Se trata más de la visión de una
Iglesia en movimiento que de una estructura, la Iglesia como red de comunidades.
Este tipo de cristianismo es globalizable. ¡E1 otro no! Es un trozo
impuesto desde Occidente y cada vez más será un accidente.
—¿Esta reflexión
significa un paréntesis del análisis ecológico que
con tanta energía venía incorporando en los últimos
años?
—No. Es la prolongación de
Iglesia, carisma y poder e incluye aspectos ecológicos. E1
cristianismo no tiene el futuro; lo tiene la tierra y la humanidad. E1
cristianismo, como otras religiones que guardan la llama sagrada de Dios,
ayuda a preservar el futuro. Pero el centro, insisto, no es el cristianismo.
Es la creación buena de Dios. Por otra parte, se interpreta el cristianismo
como una forma mucho más policéntrica: un cristianismo chino,
otro coreano, otro latinoamericano, cada uno con sus aportes. Es imposible,
por ejemplo, imaginar el cristianismo brasileño sin su condimento
carnavalesco y musical. E1 otro libro en proceso es sobre los 500 años
de la colonización de Brasil.
—¿De qué se trata?
—En síntesis, pienso que
hay diferentes formas de ver el fenómeno histórico de la
conquista. Algunos lo ven desde las carabelas y, para ellos, todo es gloria.
Es la visión del poder. Otros lo ven desde la playa, desde la visión
de los indígenas. Y aquí se ve, sobre todo, la dominación
y la destrucción de las Indias, tal como lo decía Bartolomé
de las Casas. E1 otro enfoque, que defiendo, consiste en ver el proceso
desde la playa pero integrando lo que resultó de ese choque de civilizaciones,
que culminó en un sincretismo, en una mezcla de razas y religiones,
con su herencia de exclusión enorme que no hemos superado y que,
por el contrario, va agrandándose.
Nosotros somos el hijo "no querido"
de Europa. Quisieron llegar a las Indias y nos encontraron en el camino,
por accidente. Y tal vez por eso somos los más rebeldes. Somos mezcla
de indígenas, negros, asiáticos, europeos, pero nos sentimos
brasileños y latinoamericanos, no europeos.
—¿ Y de toda esa mezcla
resulta el Brasil actual?
—Sí. Identifico tres modelos
de construcción de Brasil: el de la globalización neoliberal,
que implica la renuncia total de la soberanía y prolonga la experiencia
neocolonial; el otro, el que surge del capital nacional, de una cierta
burguesía que no logra distanciarse del paradigma occidental de
desarrollo.
E1 tercer modelo está en
gran medida incorporado por la izquierda y concibe una nueva democracia
popular, societaria, con una ciudadanía plena para todos. Apuesto
a esto. Propongo una democracia socio-cósmica y ecológica.
Esta democracia viene de abajo, incorpora la dimensión religiosa
como estructura objetiva del ser humano, ya que el pueblo es pobre y religioso
a la vez y, además, tiene un deseo enorme de participación.
Este proyecto puede crear un nuevo tipo de ciudadanía, abierto al
diálogo y a la colaboración, en una sociedad mundial que
está naciendo y que comienza por primera vez a perfilarse en la
historia de la humanidad.
Hasta ahora había historias
suiza, brasileña, argentina... Ahora comienza la historia de la
familia humana, con una casa común que es la Tierra, que debe convivir
en la diversidad y que integra esa diversidad no como decadencia sino como
riqueza.
En cuanto a la dimensión
ecológica de este tipo de democracia, implica la superación
de nuestro etnocentrismo, porque hasta ahora los grandes contratos y consensos
sociales estaban únicamente centrados en la persona humana. Sin
embargo, hay que centrarlos en la cadena de la vida, que es única
y sagrada; incorporar a ese contrato social todo el sistema de la vida,
los microorganismos, las plantas y animales y entenderlos, a todos, como
nuevos ciudadanos de este planeta vivo. No hay que olvidar que todos ellos
son mucho más viejos que el hombre; exigen todo nuestro respeto
y merecen continuar viviendo.
—Hace un año, en una entrevista
similar, había subrayado con gran énfasis la necesidad de
una nueva cooperación de solidaridad interplanetaria, Norte-Sur-Norte.
¿Dónde enlaza este concepto en toda esta reflexión
de construcción?
—La estructura básica del
universo no es la victoria del más fuerte y de la competencia, sino
la colaboración y solidaridad entre todos. Implica una crítica
violenta al capitalismo, al egoísmo, al individualismo, que pertenecen
a la dimensión demencial del ser humano, y que está potencializando
en este sistema a las fuerzas más destructivas e insolidarias. Apuesto
a la sinergia y colaboración como ley básica, que permite
además que se incorpore la cultura popular, el calor humano, el
sentido de la inclusión, de la adopción y de la composición
por sobre la exclusión y la ley del más fuerte.
—¿Cómo interpreta
la resistencia de un sector de la comunidad internacional contra el liberalismo
extremo expresado en la propuesta de la Ronda de Milenio de la Organización
Mundial del Comercio?
—En Seattle se ha demostrado otro
tipo de globalización, que viene por Internet. Interpreto las movilizaciones
en torno a la conferencia de Seattle, de inicios de diciembre pasado, como
la primera manifestación de un nuevo antipoder global, por primera
vez algo articulado a nivel mundial, y con gran inclusión de actores:
desde los cristianos hasta los campesinos y obreros, pasando por los jóvenes
y sin olvidar a los marginales, desempleados y sin techo". (teólogo
brasilero Leonardo Boff, publicado en Memoria de febrero de 2001 y reproducido
en Brecha del 9 de marzo de 2001) |