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de Argentina - 24 de Enero de 2003
Porto
Alegre, Davos y la globalización
Leonardo
Boff *
Los pueblos
de Porto Alegre y los pueblos de Davos-Nueva York se baten por la globalización.
¿Cuál globalización? Los poderosos, y por eso son
poderosos, se apropiaron de la palabra globalización y le impusieron
una significación que sirve a sus intereses. Es el proceso mundial
de homogeneización del modo de producción capitalista, de
globalización de los mercados y de las transacciones financieras,
del entrelazamiento de las redes de comunicación y del control mundial
de las imágenes y de las informaciones. La lógica que la
preside es la competición de todos contra todos. Aquí reside
el drama bien formulado por el genetista francés Albert Jaquard:
“El propósito de una sociedad es el intercambio. Una sociedad cuyo
motor es la competición, es una sociedad que me propone el suicidio.
Si me pongo en competición con el otro, no puedo intercambiar con
él, debo eliminarlo, destruirlo”.
Pues es exactamente eso que está
ocurriendo con la globalización propuesta por el pueblo de Davos-Nueva
York. O usted está en el mercado competitivo, vence y existe. O
usted es derrotado, desiste e inexiste. Entre las víctimas de esta
lógica se encuentra casi la mitad de la humanidad, condenada a la
impiedad de la exclusión y de falta de cualquier sustentabilidad.
¿Puede ser humano un proyecto global que elimina a los humanos o
los hace puro carbón, recordando al nostálgico Darcy Ribeiro,
para la máquina productivista?
Frente a esa crueldad, gana dignidad
ética la alternativa propuesta por el pueblo de Porto Alegre. Ella
niega ese tipo tiranosáurico de globalización. Propone otra
globalización que pasa por la solidaridad a partir de abajo, por
la mundialización de los derechos humanos, por la socialización
de la democracia como valor universal, por el control social de los capitales
especulativos, pasa, además, por la aplicación en todas las
economías de la tasa Tobin, por la creación de instancias
de gobernabilidad mundial, por la universalización del cuidado para
con la Tierra y los ecosistemas y por la valorización de la dimensión
espiritual del ser humano y del universo. Ese pueblo de Porto Alegre se
hace así el guardián de la humanidad mínima. Afirma
la posibilidad real de vivir juntos como humanos y nos muestra cómo
debemos pasar de una conciencia de nación y de clase a una conciencia
de especie y de planeta Tierra. Solamente ese tipo de globalización
construye la Tierra como Casa Común de los humanos y de toda la
comunidad de vida.
Esa propuesta de globalización
se adecua a lo que hay de más contemporáneo en el pensamiento
que se orienta por el nuevo paradigma científico. Pues ve la globalización
como una nueva etapa de la Tierra y de la Humanidad. Los pueblos estaban
en diáspora por los continentes y enraizados en sus Estados-naciones.
Ahora comienzan a moverse y a encontrarse en un único lugar, la
Tierra como Casa Común. Y no tenemos otra.
Ya en 1993 escribía proféticamente
Teilhard de Chardin: “La edad de las naciones ya pasó. Si no queremos
morir, es la hora de sacudir los viejos prejuicios y de construir la Tierra”.
Queremos construir la Tierra prolongando el dinamismo que la está
forjando hace miles de millones de años. En efecto, somos fruto
de un proceso evolucionario de 15 mil millones de años, proceso
único, complejo, contradictorio (caótico y armónico)
y complementario que entrelaza todos los seres en tramas de relaciones,
fuera de las cuales nadie existe. La manecilla del tiempo irreversible
va mostrando una dirección: la emergencia de órdenes cada
vez más complejas, autoorganizadas, interiorizadas y convergentes
de vida y de creatividad. Tierra y Humanidad forman una única entidad,
exactamente como los astronautas testimonian cuando ven la Tierra de fuera
de la Tierra. El ser humano es a la Tierra que en un momento de su evolución
comenzó asentir, a pensar, a amar y a venerar. Es por eso que hombre
viene de humus, tierra fecunda. Ahora estamos elaborando esa conciencia
terrenal y planetaria.
Esa comprensión nos suministra
la base experimental y científica para entender la actual globalización
en curso. Ella es un momento avanzado de un proceso anterior y mayor de
convergencia de energías, dinamismos e intencionalidades que están
actuando desde el comienzo de la cosmogénesis y de la biogénesis.
La globalización crea las condiciones para un salto cualitativo
de la antropogénesis: la irrupción de aquello que Teilhard
de Chardin llamó noosfera: la creación de una nueva armonía
entre los humanos en la cual técnica y poesía, producción
y espiritualidad, corazón y pensamiento encuentran una nueva sintonía
más alta y más sinfónica.
El mérito del pueblo de Davos-Nueva
York fue el de haber creado las condiciones materiales para ese salto.
Pero él mismo no saltó. El mérito del pueblo de Porto
Alegre fue el de haber mostrado sus posibilidades y ensayado los primeros
movimientos para ese salto. Y el salto, finalmente, vendrá porque
él representa lo que debe ser. Y lo que debe ser tiene fuerza.
* Teólogo
y escritor
brasileño, autor de La nueva era: la civilización planetaria. |