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Koinonia - 20 de Junio de 2003
Cambiar
para continuar siendo el mismo
Leonardo
Boff
Durante
la ECO-92 en Rio de Janeiro, bajo fuerte presión de las autoridades
del Vaticano presentes en el acto, tuve que tomar, de inmediato, una decisión
dolorosa, la de dejar el ministerio sacerdotal y autopromoverme al estado
de laico. No quise que un amigo supiese de mi decisión por la prensa.
Lo busqué en el hotel en que se hospedaba y le comuniqué
personalmente el hecho. Él me miró detenidamente a los ojos
y me hizo esta pregunta: pero, ¿continuarás el mismo en la
opción por los pobres y por su liberación? Le respondí:
sí, porque ésa es una opción de vida. Entonces, me
dijo: está bien, lo mejor del cristianismo está a salvo.
Y me hizo la siguiente observación: hay momentos en la vida en que
para continuar siendo el mismo, uno tiene que cambiar. Tú has tenido
el coraje de cambiar, para seguir siendo el mismo de siempre.
Eso me lo dijo el Comandante Fidel
Castro Ruz. Y esas palabras nunca se me han ido de la cabeza y todavía
hoy me inspiran. Escribí por entonces: he cambiado de trinchera
pero no de lucha; he cambiado de camino, pero no de meta. Y, otra vez,
me viene a la mente la frase sabia de Fidel Castro, a propósito
de los cambios operados en el presidente Lula y la coherencia que le reclaman
los llamados «radicales» del PT, Partido del Trabajo.
El presidente Lula ha cambiado, como
lo hay reconocido, porque la vida ha cambiado. Antes él estaba en
la oposición; ahora está en el poder cental. Y estar en el
poder central implica cuidar de todo, no sólo de una parte, inspirado
en las opciones de base del partido y de la coalición, atento siempre
a la realidad concreta. Y esta realidad es compleja, contradictoria y expuesta
a los imponderables de las políticas mundiales, que no pueden ser
desatendidas, si queremos sobrevivir. Gobernar en un marco así es
moverse en una realidad cuántica, llena de incertezas y virtualidades
que cobran capacidad de respuesta a coyunturas nuevas y flexibilidad para
cambios que posibiliten seguir caminando hacia la misma meta, la de rescatar
Brasil.
Todo depende de lo que entendamos
por coherencia. Coherencia es la adecuación entre teoría
y práctica, entre cabeza y manos. Acontece, sin embargo, que entre
cabeza y manos no hay un paso directo. Al contrario, una y otras se encuentran
sumergidas en una realidad compleja, donde actores y factores no son controlables
por mí. Estos actores tienen su lógica y su fuerza propias.
Quien no los toma en cuenta, reduce la realidad al tamaño de su
cabeza. Eso es lo que hace el fundamentalismo y todo pensamiento autoritario.
Importa pues introducir una mediación:
el juicio prudencial y práctico. Se han de hacer cambios guardando
la coherencia con la cabeza, pero considerando todas las fuerzas que están
presentes. La coherencia de los «radicales» olvida esas fuerzas
y busca la adecuación inmediata entre cabeza y manos. Son partidarios
de una confrontación que puede bloquear todo o imponer sus propósitos
por la fuerza. Y ahí, ¡adiós democracia!
En el campo cultivado hay trigo y
cizaña, dice el Maestro. El «radical» dice: arranquemos
la cizaña, porque la cizaña no tiene derecho. No le importa
que al arrancarla va a arrancar también el trigo. Es una coherencia
directa, fría y desastrosa. La otra coherencia, histórica
y eficaz, dice: dejemos la cizaña y el trigo juntos, pues si no,
arrancaremos el trigo. Nuestro deber, pues, es distinguir la cizaña
del trigo, denunciar la cizaña y reforzar el trigo. En el momento
oportuno, los separaremos, cada cual con su destino propio.
El presidente Lula ha cambiado para
continuar siendo el mismo. Por eso, no es que se pasó de bando,
sino, simplemente, de trinchera, en la misma lucha.