Daimon
y Ethos
Leonardo
Boff
Tal vez
los lectores se extrañen por estas dos palabras griegas. Pero ellas
nos permiten acercanos a un tema urgente: el rescate de los fundamentos
de la ética, que se contrapone al descontrol ético actual,
especialmente cuando jefes de Estado utilizan la mentira para engañar
a su pueblo y ganarlo para la perversidad de la guerra.
En primer lugar, cabe decir que «daimon»,
en griego clásico, no es demonio, sino, al contrario, el ángel
bueno, el genio protector. Y «ethos» no es principalmente ética,
sino la morada, la casa humana. Heráclito, genial filósofo
presocrático (500 a.C.), unió las dos palabras en el aforismo
119: «el ethos es el daimon del ser humano», o sea, «la
casa es el ángel protector del ser humano». Esta formulación
esconde la clave para toda una construcción ética. Pero expliquémonos,
porque eso no es inmediatamente comprensible.
Ethos/casa no son simplemente las
cuatro paredes y el techo. Es el conjunto de las relaciones que el ser
humano establece: con el medio natural, separando un pedazo de él
para que sea su morada; con los que habtitan en la casa, para que sean
cooperativos y pacíficos; con un pequeño lugar sagrado, donde
guardamos memorias queridas, la vela que arde o los santos de nuestra devoción;
y con los vecinos, para que haya mutua ayuda y gentileza. Casa es todo
eso; es un modo de ser de las personas y de las cosas.
La casa, para ser tal, debe tener
un buen astral. Eso lo proporciona el daimon, el genio bienhechor. El bien
que él inspira hace de las cuatro pareces y del conjunto de las
relaciones, una morada humana. Ahí nos sentimos bien, amamos y morimos.
El daimon/ángel bueno, ¿qué
es? Sócrates, que siempre se dejaba orientar por él, lo llama
«voz profética dentro de mí, proveniente de un poder
superior», o también «señal de Dios». Es
la voz de la interioridad, aquel consejero de la conciencia que disuade
o estimula, aquel sentimiento de lo conveniente y de lo justo en las palabras
y en los actos, que se anuncia en todas las circunstancias de la vida,
pequeñas o grandes. Todos posseen el daimon interior, ese ángel
protector que nos aconeseja siempre, un dato tan objetivo como la libido,
la inteligencia, el amor o el poder.
Como se comprende, Heráclito,
como buen filósofo, deja atrás el sentido convencional de
las palabras y capta su significación escondida: la casa (ethos)
acaba siendo la ética, y el ángel bueno (daimon), la inspiración
para su vivencia.
Ser fieles a ese ángel bueno
hace que moremos bien en la casa, la individual, la ciudad, el país
y el planeta Tierra, la Casa Común. Todo lo que hagamos para que
se pueda morar juntos bien (felicidad) es ético y bueno; lo contrario
es antiético y malo.
Hay una especie de tragedia en nuestra
historia: el daimon fue olvidado. En su lugar, los filósofos como
Platón y Aristóteles, Kant y Habermas, propusieroon sistemas
éticos, con normas tenidas por universales. La voz del ángel
bueno no deja de hablar, pero es confundida con las mil otras voces, de
las religiones, de las Iglesias, de los Estados y de otros maestros…
Si quisiéramos una revolución
ética duradera debemos librar el daimon y comenzar a escucharlo
de nuevo. En definitiva, ése es el buen sentido ético. Él
nos sugerirá cómo ordenar la casa que es la ciudad, el Estado
y la Casa Común planetaria. No hay otra salida.
¿Es utopía? Sí,
pero es la dirección correcta que apunta al camino verdadero. Escuchar
al daimon produce paz general y hace que surja el cuidado para con todas
las cosas.