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Koinonia - 20 de Febrero de 2004
Agua:
¿vida o mercancía?
Leonardo
Boff
Desde el
Miércoles de Ceniza hasta Pascua millones de católicos en
todo el país van a reflexionar sobre el tema de la Campaña
de la Fraternidad de este año: “agua, fuente de vida”. Más
allá de su misión evangelizadora, la Iglesia quiere así
reforzar la ciudadanía, enseñando a sus fieles a responsabilizarse
colectivamente por un bien vital que es el agua. El librito, distribuido
por millares, además de proporcionar datos sobre la cuestión,
ofrece subsidios espirituales y éticos bien fundados y da indicaciones
prácticas sobre cómo cuidar del agua. Cita a nuestros mejores
especialistas, como Aldo da Cunha. Veamos los datos principales y el conflicto
de base sobre el agua.
Hace quinientos millones de años
que la cantidad de agua es prácticamente constante. El 70% de la
superficie de la Tierra está cubierta de agua: el 97.6% es salada
y sólo el 2.4% es agua dulce. De este pequeño porcentaje,
el 70% se destina a la irrigación, el 20% a la industria y únicamente
un 10% al consumo humano. Pero sólo el 0.7% de este 10% es accesible
de manera inmediata, el resto se encuentra en los acuíferos profundos,
en los casquetes polares o en el interior de las selvas. La renovación
de las aguas es del orden de 43.000 km3 anuales descargados en los ríos
mientras que el consumo total se estima en 6.000 km3 por año. Hay
mucha agua, pero está distribuida de manera desigual: el 60% se
encuentra en 9 países mientras otros 80 sufren escasez. Poco menos
de mil millones de personas consume el 86% del agua existente, mientras
que para 1.400 millones de personas es insuficiente y para otros 2.000
millones no está tratada, lo que genera el 85% de sus enfermedades.
Brasil es la potencia mundial de
agua, totalizando el 13% de toda el agua dulce del planeta. Pero está
desigualmente repartida: 70% en la región amazónica, 15%
en el Centro-Oeste, 6% en el Sur y el Sureste y 3% en el Nordeste. A pesar
de la abundancia, no sabemos usar el agua pues desperdiciamos el 46% de
ella, que sería suficiente para abastecer a Francia, Bélgica,
Suiza y el norte de Italia. Es urgente por lo tanto un nuevo modelo cultural.
Dos problemas han creado el actual
“estrés mundial del agua”: su contaminación sistemática
asociada a la destrucción de la biomasa que garantiza la perpetuidad
de las aguas corrientes y la falta de cuidado en el uso de la gota disponible.
Aldo Rebouças nos enseña: es más importante saber
usar la gota de agua disponible que ostentar su abundancia. Por ser un
bien escaso, se nota una carrera desenfrenada por la posesión del
agua. Quien controla el agua, controla la vida. Quien controla la vida,
tiene el poder.
Surge entonces el dilema: el agua
¿es fuente vida o fuente de lucro? ¿es un bien natural, vital
e insustituible o es un bien económico y una mercancía? Los
que sólo buscan el lucro, la tratan como mercancía. Los que
piensan en la vida, la ven como un bien esencial para todos los organismos
vivos y para el equilibrio ecológico de la Tierra. Tener derecho
a la vida implica tener derecho a agua potable gratuita. Pero al haber
costes de captación, tratamiento, distribución, uso, reuso
y conservación existe una dimensión económica innegable,
que no debe prevalecer sobre el derecho, antes bien, debe hacerlo real
y garantizado para todos.
El agua dulce es más que un
recurso hídrico. Es vida con todas sus resonancias simbólicas
de fecundidad, renacimiento y purificación. Esto tiene inmenso valor
pero no tiene precio. Si hay cuidado, será abundante para todos.