LA
REPUBLICA de Uruguay - 30 de Mayo de 2004
El día
que las tinieblas cubrieron la tierra
Leonardo
Boff *
Caminando
por mi calle, por donde casi nadie pasa, en apenas 50 metros conté
58 escarabajos muertos. Como no nos fijamos en esos hermanos nuestros más
pequeños, los pisamos, y nuestros automóviles los masacran.
Si San Francisco los viese muertos, lloraría de compasión.
Me acordé entonces de un bello mito de los indios Maué, que
tienen mucho que enseñarnos. Los Maué forman parte del área
cultural que se extiende entre los ríos Tapajós y Madeira,
en el noroeste de Brasil. Relato el mito y que cada cual saque sus lecciones,
que pueden ser ecológicas y hasta de política internacional.
Reza el mito: Cuando el mundo fue
creado no existía la noche. Solamente existía el día
y la luz penetraba en todos los espacios. Solo no llegaba a las aguas profundas
del río. Los Maué, por más que lo deseaban, no conseguían
dormir. Vivían cansados y con los ojos irritados por el exceso de
luz. Cierto día, uno de ellos se llenó de valor y fue a hablar
con la Cobra Grande, la sucuriju, toda oscura, considerada la señora
absoluta de la noche. Era ella quien mantenía a la noche aprisionada
en lo más hondo de las aguas.
La Cobra Grande oyó los lamentos
del indio y viendo su piel ennegrecida por el sol abrasador y los ojos
enrojecidos por el exceso de luz, se apiadó de él. Luego
de mucho dudar por temor a los riesgos, le propuso un pacto: "Yo soy grande
y fuerte. Sé defenderme. No necesito de nadie. Pero muchos de mis
parientes son pequeños e indefensos. Nadie cuida de ellos. Especialmente
vosotros andáis por ahí sin mirar donde pisáis y los
matáis sin piedad. ¿Cómo van a defenderse? Hagamos
un trato: tú me consigues veneno y yo me encargo de distribuirlo
entre mis pequeños parientes indefensos. Los grandes no lo necesitan
porque pueden defenderse solos. De esta manera vosotros, Maué, cuando
caminéis por ahí, mirad bien donde ponéis los pies
para no pisar los bichitos pequeños. Ellos ahora tendrán
cómo defenderse. En cambio te daré un coco lleno de noche",
El Maué aceptó el trato.
Corrió a la selva y pronto volvió con el veneno para la Cobra
Grande. A su vez, ella le entregó un coco lleno de noche. En el
momento del trueque, la Cobra Grande le recomendó: "no se te ocurra
abrir el coco fuera de la cabaña". El indio prometió mantener
el pacto, pero los otros Maué estaban enloquecidos de curiosidad.
Querían conocer en aquel mismo momento la tan ansiada noche. Abrieron
juntos el coco, justo en medio del campo sembrado. Y entonces sobrevino
la desgracia: las tinieblas cubrieron el mundo. No se podía ver
nada. Y una angustia imprevista y terrible invadió el ánimo
de los Maué. Hubo una correría general. Y en el corre-corre
precipitado, nadie pensó en los bichitos pequeños que ya
habían recibido veneno de la Cobra Grande. Los primeros en recibirlo
fueron las arañas, las culebras pequeñas y los escorpiones,
que se defendieron de las pisadas de los indios mordiéndoles las
piernas y los pies. ¡Qué calamidad! Los pocos que sobrevivieron
a las picaduras venenosas, ahora saben cómo comportarse. Y a partir
de entonces todos empezaron a tener cuidado con los bichitos pequeños
para no pisarlos y no ser mordidos, conviviendo pacíficamente y
en el mayor respeto mutuo. ¿Por qué será que nuestros
grandes no cuidan de nuestros pequeños? *
(Especial de IPS en Uruguay para
LA REPUBLICA)
* Leonardo Boff, teólogo
y escritor brasileño.