Servicio
Informativo "alai-amlatina" - 7 de Julio de 2004
¿Competición
o cooperación?
Leonardo
Boff
Hay un hecho
que hace pensar: la creciente violencia en todos los ámbitos del
mundo y de la sociedad. Pero hay otro que es perturbador: la exaltación
abierta de la violencia, sin respetar siquiera el universo del entretenimiento
infantil.
Llegamos a un punto culminante con
la construcción del principio de autodestrucción. ¿Por
qué llegamos a esto? Seguramente son múltiples las causalidades
estructurales y no podemos ser simplistas en este campo. Mas hay una estructura,
erigida en principio, que explica en gran parte la atmósfera general
de violencia: la competitividad o la competencia sin límites.
La competitividad robustece primariamente
el campo de la economía capitalista de mercado. Se presenta como
el motor secreto de todo el sistema de producción y consumo. Quien
es más apto (fuerte) en la competencia en cuanto a los precios,
las facilidades de pago, la variedad y la calidad, vence. En la competitividad
opera implacable el darwinismo social: selecciona a los más fuertes.
Estos, se dice, merecen sobrevivir, pues dinamizan la economía.
Los más débiles son peso muerto, por eso son incorporados
o eliminados. Esa es la lógica feroz.
La competitividad invadió
prácticamente todos los espacios: las naciones, las regiones, las
escuelas, los deportes, las iglesias y las familias. Para ser eficaz, la
competitividad debe ser agresiva. ¿Quién logra atraer más
y dar más ventajas? No es de admirarse que todo pase a ser oportunidad
de ganancia y se transforme en mercancía, desde los electrodomésticos
hasta la religión. Los espacios personales y sociales, que tienen
valor pero que no tienen precio, como la gratitud, la cooperación,
la amistad, el amor, la compasión y la devoción, se encuentran
cada vez más arrinconados. Sin embargo, estos son los lugares donde
respiramos humanamente, lejos del juego de los intereses. Su debilitamiento
nos hace anémicos y nos deshumaniza.
En la medida en que prevalece sobre
otros valores, la competitividad provoca cada vez más tensiones,
conflictos y violencias. Nadie acepta perder ni ser devorado por otro.
Lucha defendiéndose y atacando. Ocurre que luego del derrocamiento
del socialismo real, con la homogeneización del espacio económico
de cuño capitalista, acompañada por la cultura política
neoliberal, privatista e individualista, los dinamismos de la competencia
fueron llevados el extremo. En consecuencia, los conflictos recrudecieron
y la voluntad de hacer la guerra no fue refrenada. La potencia hegemónica,
los EE.UU., es campeón en la competitividad; emplea todos los medios,
incluyendo las armas, para siempre triunfar sobre los demás.
¿Cómo romper esta lógica
férrea? Rescatando y dando centralidad a aquello que otrora nos
hizo dar el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que nos hizo dejar
atrás la animalidad fue el principio de cooperación y de
cuidado. Nuestros ancestros antropoides salían en busca de alimento.
En lugar de que cada cual coma solito como los animales, traían
al grupo y repartían solidariamente entre sí. De ahí
nació la cooperación, la sociabilidad y el lenguaje. Por
este gesto inauguramos la especie humana. Ante los más débiles,
en lugar de entregarlos a la selección natural, inventamos el cuidado
y la compasión para mantenerlos vivos entre nosotros.
Hoy como otrora, son los valores
ligados a la cooperación, al cuidado y a la compasión que
limitarán la voracidad de la competencia, desarmarán los
mecanismos del odio y darán rostro humano y civilizado a la fase
planetaria de la humanidad. Importa comenzar ya ahora para que no sea demasiado
tarde.
http://alainet.org/active/show_news.phtml?news_id=6434