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Koinonia - 29 de Octubre de 2004
Violencia
del imperio
Leonardo
Boff *
Todos los
días asistimos, horrorizados, a la violencia en Irak y a las declaraciones
del espíritu belicoso del Presidente G. Bush, y también de
su contrincante J. Kerry con pequeños matices. Tal violencia está
inscrita en el espíritu imperial arraigado en la cultura occidental.
Ésta siempre fue imperialista, imponiéndose sobre todos los
diferentes. En el siglo XVI tuvo lugar en América Latina el mayor
genocidio de la historia, el de los colonizadores europeos. Bastaron 70
años de enfrentamientos militares, enfermedades y trabajos forzados
para reducir la población de México de casi 22 millones de
personas a sólo 1 millón 700 mil.
¿Por qué esta indescriptible
violencia en personas de la vieja cristiandad? Porque interpretaron al
indio como no-persona, ser inferior y semi-racional que puede ser esclavizado.
Según Aristóteles que formó la inteligencia europea,
es un «esclavo natural» al servicio de los hombres libres.
Es paradigmática la famosa «Disputa de Valladolid» en
1550, en presencia del Emperador español Carlos V, entre Juan Ginés
de Sepúlveda, renacentista y consejero de la Corte, y Bartolomé
de las Casas, misionero y tenaz defensor de los indios.
La cuestión central era: ¿se
puede hacer «guerra justa» contra los indios, por el hecho
de que se resisten a la fe cristiana y son reacios a someterse al rey,
que ha sido puesto por Dios como señor del mundo?
Sepúlveda sostiene que los
indios son seres brutales y «esclavos naturales». Por su propio
bien deben ser incorporados a la comunidad cristiana, a la fuerza. Si se
resisten es lícito hacerles la guerra justa y, si llegara el caso,
eliminarlos. Esto no es homicidio ni falta de amor, pues son ellos con
su resistencia quienes se hacen culpables de su propia destrucción.
Las Casas, que se distinguió
por el respeto, la convivencia y el diálogo, se oponía a
toda violencia, pues, decía, son seres racionales, con cultura,
y son hijos de Dios.
El primer documento que un Papa,
Paulo III, escribió para América Latina, la bula Sublimis
Deus, de 1537, fue para reafirmar que los indios son «verdaderos
seres humanos, que no deben ser privados de su libertad, ni de la propiedad
de sus pertenencias, ni deben ser reducidos a la esclavitud».
Pero esa bula nunca fue hecha pública
en la colonia, pues deslegitimaba la expropiación de las riquezas
en oro y plata llevadas por toneladas a Europa, donde sirvieron de base
material para el surgimiento del capitalismo como primera expresión
de un proyecto mundial, con sus perversos efectos.
Esta voluntad de exterminio del otro
también estaba presente en los comienzos de la colonización
italiana y alemana en el sur de Brasil. Las empresas de colonización
y los colonos «limpiaban el terreno». Organizaban los fines
de semana grupos de exterminio de los llamados «bugres», que
eran los indígenas Kaigang y los Xokleng. Los abatían a tiros
o los degollaban con machete sin el menor escrúpulo, como relatan
en sus investigaciones Piero Brunello (Pioneri. Gli italiani in Brasile
e il mito della frontiera, Donzelli, Roma 1994) y Sílvio Coelho
dos Santos (Os indios Xokleng, memória visual, UFSC, Florianópolis
1997). Es el mismo gesto asesino de nuestro antepasado el homo sapiens,
que hace 30 000 años exterminó al hombre de Neanderthal.
Siempre se buscan razones para la
violencia. Ayer los indios, hoy los terroristas. Mañana... ¿no
podrían ser los brasileros, incapaces de defender la Amazonia, que
tiene una importancia estratégica para el Planeta? Lamentablemente,
entra dentro de la lógica de la violencia imperial el que, algún
día, sea «internacionalizada». ¿Sabremos oponernos
eficazmente?