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Koinonia - 19 de Noviembre de 2004
¿Dónde
encontrar esperanza?
Leonardo
Boff *
Seguramente,
la victoria del Presidente Bush y el nombramiento de C. Rice como Secretaria
de Estado habrá producido un gran abatimiento en millones de personas
en todo el mundo. ¿Cómo es posible que la mayoría
de los electores ratificase la línea política de Bush/Cheney,
que prevé afrontar la violencia con más violencia y promete
intervenir en cualquier parte del mundo donde los intereses estadounidenses
estén en juego? Es la suprema arrogancia del imperio que por primera
vez ha adquirido dimensiones realmente planetarias.
Pero hemos aprendido de la historia
que no hay imperio que dure mil años -eso es cosa de nazis- ni imperio
de un siglo -eso es cosa de los ultraconservadores, tanto más ávidos
de poder cuanto más cortos de visión. Todo imperio es derribado,
no por otro imperio más fuerte, sino por el ansia de libertad de
los ciudadanos y por el sentido de dignidad de los pueblos, que es más
fuerte que la dominación.
Y no nos olvidemos de Brasil... Algunas
derrotas electorales trajeron decepciones para muchos, derrotas que representan
una respuesta del pueblo a la tasa de iniquidad social que la macroeconomía
del equipo económico produjo. Es verdad que las exportaciones crecieron,
pero en parte crecieron también a causa del superávit primario,
el desempleo y el empobrecimiento del pueblo a niveles peores que los de
Etiopía, según los que conocen Brasil y Etiopía.
Honestamente, y angustiados, nos
preguntamos: ¿qué hacer con este mundo de dentro y de fuera?
¿Dónde encontrar esperanza?
Tengo para mí que esta esperanza
no puede venir de aquellas instancias que están produciendo la destrucción
de la esperanza. Depositamos demasiadas expectativas en ciertos partidos
de extracción popular y en sus líderes carismáticos
llegados al poder. En vez de coraje para lo nuevo, como habían prometido,
se volvieron rehenes de la lógica del sistema, con el argumento
de que en todo caso debían evitar el caos del sistema. Pero lo que
realmente ocurre es que el caos social ya se instalado, y se agrava cada
día. O la economía es para superar el caos social, o es una
forma perversa de continuada victimación de los pobres en el altar
del dios Mammón. Una sociedad mínimamente ética no
puede aceptar esta perversidad. Que no se espere nada de esta política
de los mercados.
¿Vamos a beber esperanza en
las religiones, en las Iglesias... como Ernst Bloch con razón decía:
«donde hay religión hay esperanza»? De hecho, para los
realmente pobres, las iglesias se convirtieron en su refugio, el lugar
donde beben alguna esperanza, aunque milagrera, apartada de los procesos
históricos y de los compromisos de cambio social. Pero al menos
encuentran alguna razón para vivir. Lamentablemente, para muchas
de estas iglesias vale aquel dicho español: «entre Dios y
el dinero, el segundo es primero».
La fuente de la esperanza se encuentra
en las víctimas mismas. La esperanza es la única cosa que
les sobra, esperanza de que, por adversa que sea la realidad, algo bueno
va a salir de ella. Son portadoras de la utopía mínima de
que, un día, todos van a poder comer, vivir en una casa, ir al médico
cuando estén enfermos, mandar a sus hijos a la escuela y tomar su
cervecita con los amigos el viernes por la tarde y, quién sabe...
tener una jubilación que les deje tranquilos. Y, por fin, eso piensan
los pobres sí, no Bush, ni Blair ni nuestras élites, que
es posible a la humanidad entirse una familia, habitando todos juntos en
el planeta Tierra, como hermanos y hermanas. ¿No son ellos quienes
nos recuerdan que la «esperanza es la última que muere»?