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Koinonia - 11 de marzo de 2005
PT: ¿Unción
de enfermos, o extremaunción?
Leonardo
Boff *
La Iglesia
Católica trata a los enfermos con el sacramento de la unción
de los enfermos para para enfermedades leves y con la extremaunción
para enfermedades mortales. Es evidente que el PT, Partido de los Trabajadores
brasileño, está enfermo. ¿Es una enfermedad para unción
de los enfermos o paraextremaunción? Estimo que la enfermedad está
pidiendo la extremaunción. A no ser que decida cambiar de médico
y tomar los remedios adecuados. Curiosamente quien está a su cabecera
es un médico, el ministro de Hacienda, que le está administrando
medicinas equivocadas que probablemente lo llevarán a la muerte.
¿Qué es lo que está
matando al PT para tener que darle la extremaunción? La forma como
trata la llaga mortal que afecta a la gran mayoría del pueblo brasilero
desde hace siglos: el flagelo de la miseria y de la exclusión. Por
lo menos 1/3 de la población vive condiciones inhumanas, al lado
de un grupo razonable de gente que dispone de lo necesario para vivir,
y de un pequeño porcentaje de muy ricos que acumulan en uno de los
niveles más altos del mundo. Hace ya 25 años que el PT se
propuso conquistar el poder para hacer el cambio necesario. Su candidato
era el más representativo: hijo del caos social y sobreviviente
del hambre, carismático, cordial, “buena gente”, como tantas personas
del medio popular. Y llegó. Una victoria de ese mismo pueblo que
esperó tanto y luchó todavía más.
¿Hizo entonces los cambios
prometidos? ¡Qué cambios! Consiguió una proeza: transformar
el Partido de los Trabajadores en el único Partido neoliberal de
los Trabajadores del mundo. No sólo asumió la macroeconomía
neoliberal sino que la radicalizó con una preocupante tasa de iniquidad
social y ambiental. Ahora se mata y se desforesta temerariamente con tal
de traer dólares. No para pagar la deuda social sino la deuda monetaria.
El Gobierno, más que cuidar del pueblo, gerencia las monedas, pues
en este tipo de macroeconomía lo que realmente cuenta no son las
personas sino los números y las monedas.
Admitámoslo: se ha hecho mucha
cosa buena. En este Gobierno hay más ética y transparencia
que en cualquiera de los anteriores. Nunca se había visto tantas
camarillas de corruptos desmanteladas. Los 26 millones de beneficiarios
de Bolsa Familia han pasado del infierno al purgatorio y se sienten como
si estuvieran en el cielo. No son pocos los que también dicen con
cierta vergüenza: me gustaría recibir un trabajo y no una limosna.
En verdad, la asistencia social significa apenas el 5,5% del total de los
gastos sociales, mientras la mayor tajada del PIB va para los Bancos, cuyas
arcas están reventando de dinero.
El error de esta política
social reside en que es solamente distributiva y nada redistributiva, es
decir, no quita a los ricos y lo pasa los pobres. Los ricos pueden seguir
acumulando sin tener que cambiar en nada su voracidad. Y aplauden felices.
El cambio que esperábamos
y merecíamos era un plan Marshall para el pueblo. Sí, la
devastación que la miseria produce en el pueblo desatendido durante
siglos solamente podría acometerse con un valiente plan Marshall
económico, social y cultural. El Gobierno prefirió ser superortodoxo,
escuchar con devota atención las lecciones de los faraones del FMI
y del Banco Mundial, a tener compasión del clamor de los oprimidos
de nuestro Egipto.
El PT está dejando de ser
el instrumento del cambio. Prolonga los dominadores de antes, pero de peor
forma, porque usa los símbolos y el lenguaje de los Moisés
libertadores. Todavía tiene tiempo para cambiar. Si no, pediremos
que venga el cura con el óleo santo de la extremaunción.
Y le cantaremos el «Dies irae, dies illa»… de la vieja liturgia
de la antigua Iglesia.