La
discusión teórica sobre la violencia ya sea desde un punto
de vista filosófico, político, o pacifista, es apasionante
- es uno de los temas que caracteriza nuestra realidad. Necesitamos un
mayor acercamiento hacia el contexto y condiciones que la alimentan; contribuir
a la discusión a partir de la teoría Galtung sobre la violencia
directa y la violencia estructural. (Instituto Internacional para la Paz,
Oslo).
Podemos comprobar,
por ejemplo, que para que la violencia florezca es necesaria la existencia
de una sociedad social y politícamente desestabilizada, en ese milieu
la violencia tiende curiosamente a ser justificada ora por parte del verdugo,
ora por parte de la víctima - en un cambio de máscaras. Pese
a que deshumaniza y embrutece a los que la inflingen y a los que la sufren,
tiene la ‘propiedad’ de ir anulando las posibilidades de lograr los objetivos
que se invocaron para iniciarla y justificarla. Estas fuerzas, están
destinadas a colisionar al precio de sangre mientras paradójicamente
alejan, desvirtúan, distorsionan, vician, la posibilidad de llegar
al buscado
compromiso o acuerdo. En la base de estos volátiles
mecanismos se multiplican características de la violencia que reconocemos
como neutralizadoras del Consenso.
Cuando su presencia
trasciende al sistema político, se complica su dinámica como
dijimos al estar destinada malgré a interactuar con la moral
y los valores (v. C.B. Los valores en la accion politica), en su
afán la legitimación propia y de deslegitimación de
las élites de autoridad política se favorecen condiciones
de conflicto constante: es decir, se persigue el consenso mientras autobloquea
su propio objetivo; enlaza en ciertas instancias con los imperativos del
sistema político-económico que le son fundamentales desvía
su potencial hacia el inesperado fortalecimiento de tales instituciones,
grupos, individuos, que contienen el riesgo de demostrar a un precio de
más violencia en caso que el consenso no esté en sintonía
con las bases sociales de las que dependen aunque hayan sido evadidas.
Se habrá contribuido a multiplicar el desacuerdo y la oposición
en el discurso político o sea que se ha desplazado a los estamentos
del status quo que los encubren, y le son útiles.
Tiende característicamente
en su interacción con las organizaciones de base a desvirtuar la
imagen en la política de la comunicación (los sindicatos
especialmente), la comunicación prolifera en promesas (trabajo,
propiedad, beneficios de un mejor nivel de vida, etc.) y luego si le reclaman
puede recurrir a la coerción ya que siendo una base del poder político
su poder estaría corriendo el riesgo de ser erosionado. Tiene mucho
que defender aunque no tiene valores intrínsecos. Mas, como dijera
Weber, los individuos tienen que ser motivados para aceptar el espacio
que la burocracia decide darles. Diríamos ahora, “mecidos.”
En esta ruta encontrará
también las posibilidades de enlazar con otros movimientos nacidos
en la comunidad, del elemento civil desplazado de participación
por los intereses del poder establecido. Los que intentarán permanentemente
“torcerles la muñeca”. De allí hacia la instalación
de métodos represivos, no hay gran distancia. Un
consensus
desligitimado, alienado de los intereses de clase y de sus estructuras
básicas habrá comprometido el futuro del cambio y especialmente
el del crecimiento económico. La estructura del consenso dentro
de una comunicación distorsionada pretende convencernos de que no
son válidas las propuestas que no están destinadas al objetivo
de mayor producción y de crecientes ingresos.
Consideremos que
si las bases trabajadoras de las cuales depende la producción y
los futuros ingresos -son constantemente desafiadas, burladas y satanizadas
en su acción colectiva organizada, no habrá ninguna legimitidad
ni perspectivas participatorias. La elite que pretende evacuar un consenso
mañoso puede tener un amargo despertar: si la toma de decisiones
es arbitraria, digamos que para estructurar el consenso se ha logrado sola
y primeramente con el consentimiento de las instituciones dominantes y
las elites. Veremos que el sistema mismo por su parte, está detectando
la manera de garantizar su supervivencia midiendo la presión que
ejercen los ‘de abajo’, los ‘de afuera’ -intenta definir los parámetros
de la comunicación política.
¿Qué
temas se pueden traer a esta discusión? Juego una carta. En un país
conservador como Perú, donde la Iglesia Católica, los ridículos
tics existentes sobre clases sociales, y la discriminación racial
hacia las minorías de origen nativo, se parapetan tras baluartes
morales para impedir la realización, por ejemplo, de objetivos feministas,
sin incorporar a esa visión de embarazos sin límite, (una
especie de venganza infinita) la realidad de la humillante pobreza, prostitución
y guerras que sufre nuestra niñez. La imagen de niños peruanos
escarbando los basurales recorren el mundo.
Cuando la rebeliónn
de los indígenas sucedió en Ilave y otros pueblitos aimaras,
la Iglesia excomulgadora no tuvo mucho qué decir. Tenemos sin embargo,
un Concordato con esta institución por el cual los mantenemos y
esta institución en retribución interfiere cuando puede en
la vida nacional alimentando un clima permanente de conflicto entre el
Estado, las organizaciones sociales e individuos que representan la intelligensia
y futuro del país. Pretende anatemizar a los que piensan dentro
de la readidad del nuevo milenio. ¿Cuál es el rol de esta
institución en el logro del consenso? ¿Va a conseguir el
Cardenal del Opus Dei defenestrar a una Ministra?
Crear conflictos
artificiales para desviar la atención sobre la urgencia de participación
en el logro de un consenso en el proceso político- es recurso del
poder. Se abusa del lenguaje. Se revela aquí un elemento desestabilizador
dentro y fuera del poder político. Es algo contradictorio, ambivalente,
intolerable. Crear la ilusión, perpetuar el descontento que socava
la democracia, dejar de lado el cuestionamiento de los objetivos y prioridades
-esos son los imperativos del sistema para mantener su sobrevivencia y
por qué no para lograr mayor control. Sin otra fuerza que los balancee,
ni de ciertas restricciones y demandas que provengan de las estructuras
sociales base el consenso como proceso de comunicación política
quedará disminuído en su potencialidad y legitimidad.
* Visting Scholar
University of Texas at Austin.