Daniel Calero
4 de febrero de 2002
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El candombe es cosa de negros
Hace unos meses el stress estaba demoliendo mi espalda. Como a mi me gusta el ritmo del camdombe, pensé que sería una buena idea aprender a tocar un poco el tamboril como forma de desestresarme y de hacer ritmo y sociabilidad. 

Fui a una clase en Casa Uruguay pero mi sentido del ritmo era tan malo que decidí alejarme del asunto sin empecinamientos.

Llegando de paso por Montevideo veo tamboriles por todos lados. Hasta en las jugueterías baratas donde todo es de plástico. Allí ví algo que nunca había visto: tamboriles de juguete de material plástico.

Por Malvín vi pasar a una mamá de clase media arrastrando a su hijo de o hacia una clase de tamboril.

?Me pregunto, qué es esta apropiación blanca, pequeño burguesa del candombe?

Sí, claro, siempre hubo blancos que sintieron el carnaval, eso es innegable. Pero desde cuándo el candombe acepta ”tamboriles de juguete”. El tamboril es un instrumento que el negro le ofrece a su hijo, en ese espacio maravilloso donde el juego y la seriedad del ejecutar el tambor son una misma cosa.

Debo confesarlo. No me gusta ver a los niños malvinenses, hijos de frenteamplistas cargando su tamboril. Me pregunto si no deberían continuar con sus clases de piano o guitarra? 

Me gustaría saber que opinan los negros sobre esto.

Quizás estén contentos con la popularidad de sú música, o quizás lo vivan como el último arrebato, la última expropiación que faltaba, ahora a la cultura afrouruguaya?

Esta popularidad del candombe de hoy no se volverá como la desinfectada popularidad del gospel cantado por ”wasp-people”?*

Quizás esto suena muy conservador. No pretendo ser politicamente correcto. Creo y lucho por la integración de las culturas, por la interculturalidad. pero me pasa con los negros igual que lo que me pasaba con los mapuches y los guaraníes.

Quiero la integración de estos grupos a la sociedad privilegiada, pero en un proceso que esté regido por las condiciones que ellos ponen y no por las que pone la clase dominante. 

No me escandaliza ver a un japonés cantando tango, o una rubia de Milwaquee que canta gospel. Cuando en ese canto, en esa danza, hay un eco respeturoso por la cultura a la cual nos acercamos. 

Las culturas, como los seres humanos, no son inamovibles. El ritmo bantú hoy es montevideano y la polka centroeuropea hoy es misionera. No es éste el tema. 

El problema es la cultura mancillada por el consumo, sin respeto por los originarios formadores de esa cultura y por los nuevos sujetos respetuosamente receptivos de esa cultura.

Siento una profunda admiración por la dignidad de las culturas explotadas y oprimidas. Por eso no quisiera ver una integración negra dictada desde el poder blanco; sino por el contrario desde la maravillosa generosidad del negro que tuvo la dignidad de brindarle alma a ser uruguayo.

La captación capitalista del candombe puede tornarse una vulgarización de él. Como todo lo que toca el consumismo.

El candombe fue y debe seguir siendo un clamor de liberación que en mi país natal se integró tan bien con la murga andaluza, la música canaria y el cante jondo.

Y al candombre lo quiero así, un atisbo de esperanzado clamor de liberación, no un subproducto del mercado de consumo.

Ese mismo capitalismo que vió en el negro un objeto a consumir y no un hermano/humano, no respetará su canto libre.

Simplemente quería dejar planteda esta pregunta.

?Le han pedido permiso al pueblo negro uruguayo para vender tamboriles de plástico? 
 

Montevideo – Carnaval del 2002 – Estocolmo
 

* wasp: del inglés blanco-anglosajón y protestante, el típico americano
 

Daniel Calero Davyt
Colonia del Sacramento - Estocolmo
daniel.calero@svenskakyrkan.se
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