Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
22 de abril de 2007
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Turquía
Entre los militares y el islam
Dos Turquías se desafían. De un lado, el ejército y la izquierda
defienden el Estado laico; del otro, el popular primer ministro Recep
Tayyip Erdogan, islamista moderado, aspira a la presidencia de la
república, poniendo en riesgo –según sus críticos– la laicidad del
sistema kemalista.
Gennaro Carotenuto
Miles y miles de banderas turcas (la más grande medía más de 500 metros)
marcharon el sábado desde la plaza Tandogan de Ankara hasta el mausoleo
de Kemal Atatürk, el fundador de la Turquía moderna y laica. Debajo de
las banderas había entre 300 mil (cifra oficial) y un millón de personas
llegadas desde todo el país. Pedían al actual primer ministro, Recep
Tayyip Erdogan, de 53 años, que no se presente como candidato a la
presidencia de la república. La elección la realiza el Parlamento y
Erdogan resultaría fácilmente elegido ya que su Partido del Desarrollo
y Progreso, una suerte de “democracia cristiana” islámica, cuenta con
una amplia mayoría de legisladores. El presidente de Turquía, como
en todo sistema parlamentario, tiene poderes limitados, pero es considerado
el custodio de la laicidad del Estado republicano, tal como lo diseñó su
fundador Atatürk. Por eso la candidatura de Erdogan es considerada
políticamente inadmisible, y también por eso cuando Atatürkcu Dusunce
Dernegi, la asociación que defiende la ortodoxia del pensamiento kemalista,
convocó a la marcha las adhesiones fueron múltiples. Empezando por el
partido kemalista, hoy en la oposición, y siguiendo por los partidos de
izquierda, los sindicatos y las organizaciones que representan a los
docentes universitarios, los estudiantes y especialmente a las mujeres.
Aunque Erdogan haya gobernado hasta ahora con pragmatismo y la
economía crezca en el orden de 7 por ciento, su política resulta difícil
de descifrar. Si bien ha impulsado la inserción, todavía lejana, de Turquía
en la Unión Europea, también intentó eliminar la actual prohibición rígida
del uso del velo en las oficinas públicas. Su mujer y su hija llevan velo,
algo que todavía hoy resulta inusual en los sectores dirigentes de la Turquía
republicana. Se le acusa de haber favorecido la educación islámica, de haber
intentado reintroducir el adulterio como crimen en la legislación del país,
y en muchas ciudades donde su partido gobierna se ha llegado a prohibir el
consumo de alcohol. Además, y esta puede ser la clásica gota que espera el
vaso para desbordarse, está buscando reinsertar el uso del alfabeto árabe
en igualdad de condiciones con el alfabeto latino, lo que desmontaría una
de las principales reformas de Atatürk. Para la Turquía laica, que aún
controla los aparatos del Estado, esto sería, como escribió el diario
Cumhuriyet, “un salto atrás de cien años”.
EL PADRE DE TODOS LOS TURCOS
Mustafá Kemal, que en 1934 tomó el apellido de Atatürk, que significa
“padre de los turcos”, fundó en 1923 la Turquía moderna sobre las ruinas
del imperio otomano. La base –autoritaria– del nuevo Estado era la laicidad.
En ese espíritu, el kemalismo le dió la espalda a Asia y a una enorme región
turcófona que llega hasta China, adoptando el alfabeto latino. Kemal nació
en 1881 en Salónica, hoy parte de Grecia. Esta ciudad, junto a Esmirna y
Estambul, era entonces una de las urbes más cosmopolitas y brillantes de
Europa. Participó en el movimiento de los “jóvenes turcos” y como militar
combatió en todos los frentes, contra los búlgaros, italianos, ingleses,
australianos y rusos, pero siempre fue derrotado y no pudo impedir la
ocupación extranjera. En ese contexto se rebeló contra el sultán que asistía
pasivamente a la disolución del imperio, derrotó a los griegos que desde
Esmirna avanzaban sobre Ankara y logró que las grandes potencias renegociaran
en Sèvres el duro “tratado de paz” que se le había impuesto a los turcos luego
de la derrota en la Primera Guerra Mundial. De Occidente también obtuvo el
reconocimiento del nuevo Estado que vio la luz oficialmente en 1923. Abolió
el califato y sustituyó la ley islámica con códigos de inspiración europea,
prohibió el fez y el velo, revolucionó la educación, los transportes y la
industria. Según el historiador Arnold Toynbee, Kemal fue uno de los más
grandes modernizadores de toda la historia de la humanidad.
¿ES POSIBLE UN NUEVO GOLPE?
Desde las reformas kemalistas, y especialmente después de la inserción en la
otan y la estrecha alianza con Estados Unidos, el ejército ha sido el
“protector” del Estado contra los “enemigos” del statu quo, ya fueran los
comunistas, la minoría interna de los kurdos o los religiosos. Desde 1960
hubo tres golpes de Estado y hace tan sólo diez años los militares obligaron
a dimitir al primer jefe de gobierno islámico, Necmettin Erbakan, después de
apenas un año en el cargo. Es obvio entonces que haya corrido cierto escalofrío
por alguna espalda cuando el pasado jueves el general Yasar Büyükanit,
comandante del ejército, declaró: “Espero que también el próximo presidente
sea leal con los principios de la república”. Y tampoco es difícil de entender
por qué justamente esta semana el semanario Nokta reveló todos los detalles
sobre un golpe perfectamente organizado que estuvo a punto de estallar cuando
Erdogan asumió el cargo de premier en 2004. Lo cierto es que el general
Büyükanit está presionando a la clase política desde hace tiempo –y no lo
esconde– porque considera necesario invadir el Kurdistán iraquí, ya
prácticamente independiente. El gobierno de Ankara se opone al referéndum
para la autodeterminación de esta región de Irak y continuamente pide al
gobierno de Bagdad la posibilidad de perseguir a los guerrilleros kurdos
dentro de ese territorio. La posición turca sobre este asunto es un elemento
de fricción también con Estados Unidos, que considera la zona petrolífera de
Kirkuk, el Kurdistán iraquí, la única relativamente tranquila del país ocupado.
Trivia
Erdogan jugó al fútbol semiprofesional durante más de diez años, destacándose
en el equipo de la Facultad de Economía y Comercio de la Universidad de Mármara.
Publicado en Brecha el 20 de abril de 2007
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
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