Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
2 de junio de 2007
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El fascista Hugo Chávez: como en Europa se denigra la izquierda latinoamericana
La revista
Limes, desde hace más de una década es la publicación periódica más
importante de Italia dedicada a la geopolítica y una de las más
reconocidas de Europa. Pertenece al grupo editorial L'Espresso, el más importante
grupo editorial progresista del país. Es el equivalente al grupo Prisa,
de España, que edita el diario El País. Y como el grupo
Prisa, cuando se habla de gobiernos de izquierda en Latinoamérica,
se comporta como otro grupo de derecha más. Lo grave es que la postura
demonizante y falsificatoria del grupo L’Espresso se hace referencia para
la opinión pública progresista para juzgar los procesos políticos
latinoamericanos: y si los medios de centro-izquierda demonizan
diariamente Latinoamérica ¿Cómo puede la opinión pública progresista
europea no ser condicionada?
Gennaro Carotenuto
El último número de Limes (abril de 2007) ya desde el título
(Chávez-Castro: La Antiamérica), se propone, durante más de 300
páginas, destruir la imagen de los gobiernos progresistas
latinoamericanos, empezando por el venezolano, y contribuir a evitar que
alguien los pueda tomar como referencia en Europa.
Para llegar a este objetivo, lo más significativo es que la “Rivista
italiana di geopolitica” hable muy poco de política y de economía y
mucho de otras cosas. Por ejemplo, entre la treintena de ensayos que
contiene, no hay ninguno que hable del pago de la deuda con el FMI de
parte de la mitad de Latinoamérica. Tampoco hay un sólo artículo que
contextualice la actual fase histórica, posterior al quiebre de la
ortodoxia neoliberal: ¿Por qué los latinoamericanos no quieren más
neoliberalismo? Ninguna respuesta. Estando enfocado especialmente sobre
Venezuela, sorprende que no haya ningún artículo sobre el ingreso del país
en el MERCOSUR, ni sobre el MERCOSUR en general. Tampoco hay un artículo
que nos explique cómo se ha modificado el import-export adentro de la
región en los últimos años. No hay ni uno que intente explicar qué diablos
es el ALBA, una institución aún naciente, pero que para una revista de
geopolítica debería despertar por lo menos algún interés. Es que
Limes no se interesa al proceso de integración latinoamericana.
Mucho menos hay artículos sobre la cumbre de Mar del Plata, al final de
2005, cuando especialmente la llamada “burguesía nacional” brasileña hizo
abortar el ALCA, el Mercado Único de Las Américas tan querido por George
Bush.
A cambio,
el lector se encuentra con un montón de explicaciones sobre por qué Chávez
no es popular (¿no es popular?), sobre por qué se pelea (¿se pelea?) con
Lula, o por qué los candidatos que se presumen apoyados por Chávez nunca
ganan (¿nunca ganan?) las elecciones. En realidad, el único caso concreto
sería el del peruano Ollanta Humala, lo que es un tema interesante. Pero
hubiese sido igualmente interesante gastar algunas de las 300 páginas para
investigar sobre el hecho de que, después de 30 años de rígido “Consenso
de Washington”, en los últimos años muchos candidatos que contaban con el
apoyo descarado de la Casa Blanca han sido rechazados rotundamente por los
electores. ¿No es un tema interesante por qué los EEUU ya no logran
imponer sus favoritos en el “patio trasero”? También sería interesante
entender por qué, en la cultura de Limes, el apoyo de un candidato
de parte de Venezuela es una injerencia y el respaldo de parte de Estados
Unidos es algo normal y legítimo.
En los
muchos ensayos dedicados a Venezuela se habla bastante de la figura y de
la personalidad del presidente -siempre en negativo- pero nunca se habla
del partido de gobierno. Tampoco se habla del proceso de nacimiento del
partido unitario, un proceso no tan distinto del que en Italia está
llevando al nacimiento del Partido Democrático –que Limes apoya- o
de la relación fundamental entre los movimientos sociales venezolanos y el
partido. ¿No le interesaba, o no tenían a alguien capaz de escribir sobre
estos temas? Y ya que es tan importante el papel de los movimientos
sociales en la nueva política continental, desde los Sem Terra (Sin
Tierra) a los indígenas o los zapatistas (sobrevalorados o menos) ¿Es
posible que haya un silencio total, y es posible que se ignore la relación
entre Chávez y estos movimientos como objeto de estudio? Y también: ¿Es
posible ignorar que en Bolivia Evo Morales define su gobierno como “el
gobierno de los movimientos sociales”?
Es decir,
se tergiversa, se habla de otras cosas, y desde el inicio, la sensación es
que Limes no quiere entender ni explicar lo que está pasando en
Venezuela y Latinoamérica. Lo que quieren es lanzar un anatema, condenar y
poner un cordón sanitario porque la infección de algo que la
centro-izquierda europea no aprecia y más bien teme, no se expanda
ulteriormente.
Es simbólico en esto el trato hacia Cuba. La mayor parte está construida
con artículos reciclados con las memorias de castristas arrepentidos, siempre
los mismos nombres, de dudosa credibilidad ética y científica. Son
artículos que hubiesen podido ser escritos hace 20 o 40 años. Hablan de
las pasiones juveniles de Fidel Castro, de sus lecturas, o de sus
relaciones con Nikita Krushev, o Leonid Brezhnev. Es material de desecho,
que nada aporta y que quizás algo quita a la comprensión de la Cuba actual
y del por qué, 18 años después de la caída del muro de Berlín, la prensa
mainstream no haya escrito una línea para explicar por qué Cuba
está todavía allí. Y es raro que tampoco se haya encontrado espacio para
explicar cómo haya fracasado la política estadounidense de aislamiento de
la isla y cómo en 2006 hayan viajado a Cuba representantes de gobiernos de
todo el mundo, empezando por el indio Singh.
En este
plano es significativo el artículo del latinoamericanista del diario La
Repubblica, Omero Ciai, anti-latinoamericano recalcitrante, pero de
izquierda. Es famoso por escribir páginas sobre la inminente prohibición
del béisbol en Cuba por el pérfido Fidel, o que el loco Chávez se esté
armando hasta los dientes para conquistar el continente y por tener en su
agenda un solo teléfono caraqueño, el de Teodoro Petkoff, la única voz
venezolana entrevistada –pero decenas de veces- por el mayor diario de
centro-izquierda italiano. También el artículo escrito para Limes
sobre la bancarrota económica de Cuba es más de lo mismo, y Ciai lo
escribió al menos una docena de veces en los últimos años. Sin embargo,
generalmente, cuando un país llega a la bancarrota, sigue el hambre, el
levantamiento de la población y la caída del régimen. Si la situación es
realmente la que describe Ciai, Limes debería explicar por qué Cuba
no cayó aún y no por qué se va supuestamente a caer en las próximas horas.
Como he
dicho, una tercera parte del número se ocupa de manera denigrante de la
figura de Hugo Chávez. El director de Limes, Lucio Caracciolo, un
destacado intelectual experto de política internacional, insiste
fastidiosamente en hablar de “régimen Chávez”. Ya que las palabras son
importantes, y que el mismo Caracciolo acepta que no hubo fraude en
Venezuela, sería interesante entender por qué no habla de “régimen Lula”,
de “régimen Bush”, ni mucho menos de “régimen Calderón” en aquel México
con más de 600 presos políticos, torturados, muertos y tanques en las
plazas. Sería interesante entender por qué la revista italiana de
geopolítica dedica –correctamente- mucho espacio a las relaciones
entre dos de los principales productores de petróleo en el mundo,
Venezuela e Irán, pero no hay ni una línea sobre las relaciones entre
Venezuela y Colombia, una de las fronteras más calientes del mundo. Lo
único que le interesa a Limes sobre las cuestiones fronterizas
latinoamericanas es rescatar la opinión del destacado organizador de
Escuadrones de la Muerte estadounidense, John Negroponte. Este sostiene –y
Caracciolo se asusta- que en los mapas de Latinoamérica, encontrados en
los refugios de Osama Bin Laden, toda la región es dibujada en color
verde, es decir, controlada por el terrorismo islámico (sic!).
Es evidente entonces una voluntad constante de mover el discurso desde los
procesos reales al plano del folklore, del exotismo y de la denigración
personal. El proyectado gasoducto continental tiene que ser llamado
“Hugoducto”, porque sólo así puede ser exaltada la presunta megalomanía de
Hugo Chávez. Hay un detalle que revela el brutal eurocentrismo de
Limes. En la parte sobre América Latina, todas las grandes
infraestructuras que los gobiernos de izquierda latinoamericanos quieren
realizar, son clasificadas como inconsistentes, inútiles y megalómanas.
Sin embargo, en la parte final de la revista, donde se habla de otros
temas, hay un artículo sobre grandes obras proyectadas en Europa que, por
supuesto, Limes considera realistas, urgentes e indispensables.
Hay un evanescente y ofensivo artículo sobre el sincretismo religioso de Evo
Morales entre catolicismo y religiones tradicionales aymara. Otro sobre un
presunto eje esotérico entre Castro, Chávez y Morales. Sin embargo, no hay
nada que hable del “eje del mal latinoamericano” teorizado por Donald
Rumsfeld. Una eventual guerra estadounidense contra un país
latinoamericano ¿No es un sujeto interesante para Limes? Y tampoco
lo es el golpe de estado de abril de 2002 en Caracas, la derrota del cual
fue un evento fundacional de la primavera latinoamericana.
Sale así
una intencionalidad constante, que resulta ofensiva de la inteligencia de
los lectores, y que no explica el proceso político latinoamericano.
Limes ELIGE hablar de otras cosas. Páginas y páginas para explicar
que Chávez, Morales y Lula siguen teniendo relaciones con Estados Unidos.
¡Que descubrimiento! Es sólo una parte de la ultra izquierda europea que,
por puro ideologismo, quisiera un bloqueo contra Estados Unidos igual y
contrario al bloqueo contra Cuba. Los pragmáticos gobiernos de izquierda
latinoamericanos -y si pudiera Fidel sería el primero- no quieren otra
cosa que comerciar con Estados Unidos. Sin embargo, quieren hacerlo de
manera leal, no con pactos desiguales como era el ALCA. Todo esto a
Limes no interesa y no dedica ni un artículo a las relaciones
económicas entre Estados Unidos y América Latina, el papel de los TLC o
las rutas comerciales Sur-Sur. En fin, no hay nada o casi de geopolítico y
mucho de anecdótico ¿Será un caso?
¿CHÁVEZ FASCISTA?
La pobreza de Limes es evidente en un ensayo titulado
“Bolivarismo y fascismo” (pp. 197-202) firmado por Manuel Caballero, que
merece ser analizado. Debía ser el ensayo pesado, pensado, metodológico,
alrededor del cual debía rondar todo el número de Limes. Es el
ensayo que DEBE DEMOSTRAR que Chávez no es otra cosa que un fascista.
Lástima que el Sr. Manuel Caballero demuestra en el ensayo que no pasaría
un examen de primer año de Historia Contemporánea. Todo se basa en un par
de raros silogismos que testimonian más ignorancia que mala fe. El
silogismo inicial sostiene que como Mussolini admiraba a Simón Bolívar,
por consiguiente, Bolívar es fascista. El silogismo final (sic!), es que,
siendo universalmente conocido que también Chávez admira al fascista
Bolívar, entonces Chávez también es fascista. Realmente los lectores de
Limes, un público normalmente de buen nivel cultural, merecían
más.
En el
medio hay un párrafo (p.201) titulado “Bolívar y la religión política”.
La categoría de “Religión política”, derivada por el historiador
estadounidense de origen alemán George Mosse, es una categoría
eminentemente del siglo XX, que se acota al fascismo como producto de la
sociedad de masas. Más prudentemente Caballero podría intentar con hacer
un paralelo entre las formas participativas bolivarianas y el fascismo. No
encontraría mucho. Pero lamentable Caballero no es la persona apta para
hacer este análisis ya que él mismo afirma textualmente que “nadie todavía
entendió (sic!) en qué consiste la democracia participativa”. Perdida la
ocasión, Caballero prefiere definir como “religión política” la de
Bolívar, torciendo el brazo a más de 40 años de debate historiográfico, y
despojando esta categoría tanto del siglo XX como de la sociedad de masas,
que son las bases para Mosse para definir esta categoría. Para fortalecer
su “pensamiento débil”, Caballero tira allí otro silogismo, aun más fuerte
que el primero, que revela sus simplistas pero inquebrantables
certidumbres. Se encuentra en las manos un viejo y muy conocido ensayo de
Umberto Eco (El fascismo eterno), lo descontextualiza y lo utiliza para
demostrar que cualquiera que sea crítico del liberalismo no puede ser otra
cosa que fascista. Para Caballero todo lo que no es liberalismo es
fascismo. Un tal razonamiento lo lleva derecho al neoconservador “Proyecto
para un nuevo siglo americano”, aquél de la ganancia como principio moral,
que fue propedéutico a las guerras infinitas de George Bush. Es para
preguntarse si Limes, prestigiosa revista editada por la mayor
editorial progresista de Italia, se de cuenta que el pobre postulado de
Caballero es completamente interno al neoconservadurismo más extremo
-aquel de los Daniel Pipes, para el cual hasta Allende era el nuevo
Hitler- al cual Limes está ofreciendo una inmerecida credibilidad en pos
de denigrar al odiado Hugo Chávez.
Para
combatir al liberalismo –concluye con énfasis Caballero- toda bandera es
buena. Si es la del socialismo está bien. ¿Quiénes se olvidan de quiénes
eran los nazis?, ¿Qué su nombre no era otra cosa que una abreviación de
‘partido nacional socialista’?” Frente a tanta intuitividad no hace falta
juntar nada más.
18 de mayo de 2007
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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