Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
16 de junio de 2007
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Bush y la independencia de Kosovo:
Atentado contra Europa
“Soy favorable a la independencia de Kosovo”, declaró
George Bush el domingo en su corta pero satisfactoria estadía en la
capital albanesa, Tirana. Sería un error subvalorar esta
declaración, ya que podría ser el momento más relevante de la gira
por Europa del presidente estadounidense, entre el fracaso del G 8,
un ridículo acuerdo sobre el ambiente según el cual los grandes de
la tierra se ocuparán de él recién en 2050, y la carrera del escudo
estelar contra Rusia.
Gennaro Carotenuto desde Roma
Los
grandes medios de comunicación intentaron, especialmente en los últimos
meses, demostrar a la opinión pública mundial que el unilateralismo, que
había caracterizado la primera fase del gobierno Bush, con la nefasta
guerra preventiva contra Iraq, ya es un recuerdo en esta fase terminal de
la era neoconservadora. El caso Kosovo, a cambio, atestigua que esta
percepción es completamente falsa.
De manera abiertamente
subversiva de los acuerdos de paz suscritos por su mismo país y
garantizados por las Naciones Unidas, George Bush afirmó que es favorable
no simplemente a una independencia concordada con Serbia, sino también a
una independencia unilateral de Kosovo, contra Serbia, desafiando hasta el
derecho de veto de Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU.
La declaración de Tirana es así una bomba sucia lanzada por George Bush
contra la integridad de Europa, de Rusia y de países satélites de EEUU
como Georgia, pero también de América latina, donde el separatismo del
Oriente boliviano y del estado Zulia en Venezuela, son impulsados por
Estados Unidos contra los gobiernos integracionistas de la
región.
Es evidente que Bush está reabriendo no solo el partido de
Kosovo sino cien otros. Si Kosovo está libre de irse de Serbia, nada más
impide a los vascos de irse de España, a Escocia de Gran Bretaña, a
Córcega de Francia, a Bélgica de quebrarse y hasta a la sedicente Padania
de abandonar Italia. Pero, más que esto, reabre todas las heridas de los
mil nacionalismos comprimidos en la ex-Unión Soviética, empezando por la
división de Ucrania, un país de más de 50 millones de
habitantes.
Rusia, que domó (hasta ahora) de manera brutal a
Chechenia, se está mostrando moderada y teme para si misma. Está dividida
en 21 repúblicas y 88 entidades distintas, no todas cohesionadas con la
"Santa madre Rusia". Ya demostró -que nos guste o no- que está dispuesta a
todo para preservar una unidad territorial del país, que a Estados Unidos,
Europa y China no le molestaría terminar.
Además, estando así las
cosas, por qué Vladimir Putin no debería volver a alentar los separatismos
filo rusos? Abkazia y Osetia del Sur son cuerpos separados de hecho
de Georgia y la Transnistria ya no es Moldavia. Quién puede impedir a
estas regiones de reunirse con Rusia?
El problema no es el derecho
de un pueblo a autodeterminarse. Desde Euskadi a Transnistria, de Kosovo a
las Flandes, cuántos de estos partidos se cerrarían sin derramamiento de
sangre siguiendo el modelo checoeslovaco? Cuántos a cambio se
transformarían en matanzas al estilo checheno o en guerras civiles
endémicas como la irlandesa? A Bush parece no interesarle. O más bien,
parece interesarle una conflictualidad permanente ya que está claro que,
para quien nunca renunció a aspiraciones imperiales sobre el entero
planeta, cada fragmentación es útil. Sin embargo, este divide et impera
testimonia también lo que Bush siempre fue: un peligroso subversivo.
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
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