Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
1 de julio de 2007
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Sólo queda el mercado
Érase una vez la Unión Europea
En Bruselas, Gran Bretaña y Polonia lograron cancelar la idea
misma de unión política de Europa. Con la complicidad de parte de la
izquierda que ayudó a abortar la Constitución, ahora lo único que
queda es el mercado.
Gennaro Carotenuto desde Roma
¿A quién le molestaba la bandera azul con las 12
estrellas que ya en todo el mundo identifica a la Unión Europea? ¿A
quién no le gustaba el “Himno a la alegría”, aquella maravillosa
obra del genio de Ludwig van Beethoven puesto en música en 1824 como
su novena sinfonía, y hoy himno de Europa? ¿Quién podía considerar
vinculante que se borrara de la historia el lema latino “in
varietate concordia”, unidad en la diversidad?
Es conocido que
son los símbolos los que generan las ideas en la opinión pública.
Desde ahora, por voluntad explícita de Gran Bretaña, Europa ya no se
podrá identificar con una bandera o con un himno. Aunque parezca
absurdo, el himno también estaba al otro lado de la “línea roja” que
Gran Bretaña no estaba dispuesta a traspasar: los “principios
irrenunciables”. De la misma manera Londres exigió que la Unión
retroceda en temas de política exterior común. Ya no habrá un
canciller común, sólo un vocero del consejo de los ministros, sin
poderes autónomos. Algo similar ocurre con la “Carta de los
derechos”: desde ahora los ciudadanos de Gran Bretaña no podrán
apelar a la Unión para que sus derechos sean respetados, ni los
tribunales europeos podrán defender a los ciudadanos por encima de
los tribunales nacionales.
De la misma manera, Polonia condujo,
en nombre también de Gran Bretaña, una batalla a muerte para que
permaneciera el criterio de unanimidad en el voto, criterio que
paraliza a Europa desde que se amplió a 27 países. Sólo después de
dos noches de extenuantes tratativas, y con el riesgo concreto de
una ruptura total, se alcanzó un compromiso que para Polonia y Gran
Bretaña es un triunfo y para la Unión es una derrota gravísima. Se
volverá a hablar de voto por mayoría (doble, 55 por ciento de los
países con por lo menos el 65 por ciento de la población) recién en
2017.
Por segunda vez en este mes de junio, la canciller
(primera ministra) alemana, Angela Merkel, alcanzó un compromiso que
es en realidad una clara derrota. Con Bush en el G 8, se acordó
reducir la contaminación atmosférica en el lejano 2050, y ahora
utilizó el mismo esquema para Europa. Puede decir que bajo su
conducción –era anfitriona del G 8 y presidenta de turno de la Unión
Europea– no se consumaron rupturas, pero esto no impide calificar
como fracasos las dos cumbres. Quién sabe si Europa podrá sobrevivir
a diez años más de parálisis en los cuales intereses contrastantes
entre Estonia y Malta, o entre Dinamarca y Chipre seguirán
impidiendo cualquier decisión. Lo que es seguro es que lo que resta
es la idea, totalmente anglosajona, de una Europa concebida sólo
como área de libre mercado, sin cesión de soberanía a organismos
comunes.
En los últimos dos años 19 de los 27 países, algunos por
referéndum popular, otros por voto parlamentario, aprobaron la
Constitución Europea que se firmó en Roma el 29 de octubre de 2004.
Dos países –Francia el 29 de mayo de 2005 y Holanda el 1 de junio
del mismo año– no la ratificaron sumando los votos de las derechas
nacionalistas y xenófobas a las izquierdas críticas del
neoliberalismo. Ahora, por voluntad de Gran Bretaña, la llamada
Constitución europea queda para la historia. Es preciso preguntarse
–a pesar de que resulte incómodo– qué hubiera pasado en términos de
imagen internacional si un país o un bloque de países en cualquier
otro lugar del mundo hubiese dado un espectáculo tan vergonzoso,
firmando una Constitución frente al mundo y después retirándola
silenciosamente.
LO QUE RESTA
Hubo un tiempo en que si
alguien no quería participar de una fiesta, simplemente no iba.
Ahora, en la política internacional es preciso ir y destrozar la
casa de quien te invitó. Es lo que hicieron el ahora ya ex primer
ministro británico Tony Blair, como último acto de su carrera
antieuropea, con la ayuda de los mellizos Kaczynsky, los dirigentes
de la derecha polacos que en su país pretendieron prohibir hasta los
Teletubbies, acusados de promover la homosexualidad.
El primer
ministro italiano, Romano Prodi, que fuera comisario europeo durante
cinco años, fue el que utilizó las palabras más claras. Habló de
vergüenza, de pérdida de espíritu europeo y culpó abiertamente a
Gran Bretaña. Para los europeístas, la derrota es durísima. Las
alternativas son pocas. Queda la idea de una Europa a dos
velocidades: un grupo de países más cohesionado que vaya adelante
dirigiéndose de la forma más rápida posible hacia estructuras
comunes. En este grupo hoy día estarán seguramente Italia y España
entre los grandes, Bélgica, Austria, Hungría y Grecia entre los
medianos y algunos de los chicos. Sin Francia y Alemania no se hace
nada, pero una vanguardia europeísta –voluntarista–, si no se
encuentra anclada en los tratados, queda sujeta a los vaivenes de
los gobiernos nacionales, hoy europeístas y mañana quién sabe. Queda
la Europa à la carte, con geometría variable, es decir, la
posibilidad de grupos restringidos de países de darse herramientas
comunes a pesar de los demás. El euro mismo, que desde el 1 de enero
sustituirá a la lira maltesa llegando a ser moneda común de 14
países, es un ejemplo en este sentido.
Opinión Factores del fracaso
Europa cae
víctima de al menos dos factores: primero su gigantismo, con 27
países, que le impide hoy ayudar a los más pobres como se hizo en el
pasado; segundo, la adhesión de algunos de los antiguos países de la
Europa oriental, como Polonia y República Checa, a una idea de
Occidente más estadounidense que europea. Hoy Europa, sin
Constitución y bloqueada con un voto a la unanimidad por una década
más, vuelve a ser lo que siempre los anglosajones quisieron que
fuera, un área de libre comercio y nada más, que no vulnerara la
primacía global de Estados Unidos. Una Europa sin alma ni vida
propias, que coloca al mercado por encima de los derechos. Misión
cumplida, míster Blair.
Publicado en Brecha el 29 de Junio de 2007
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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