Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
31 de agosto de 2007
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Reporteros sin Fronteras: "Sí a la tortura"
La noticia choca también los que durante muchos años han denunciado las
sospechosas actividades de Reporteros sin Fronteras y del jefe de esta
organización, el francés Robert Ménard. Este, durante una trasmisión radial
en Francia ha legitimado y hasta reivindicado el uso de la tortura.
Gennaro Carotenuto desde Roma
El jefe de Reporteros sin Fronteras, una ONG nacida para defender la
libertad de prensa y de expresión en el mundo, Robert Ménard, en una emisión
de France Culture, el audio de la cual se puede escuchar en el sitio
http://rue89.com/
legitimó el uso de la tortura.
Lo hizo con los argumentos típicos utilizados por los grandes torturadores
de la historia, los Videla, los Pinochet: «Si hubiesen tomado de rehén a mi
hija, no hubiese habido ningún límite al uso de la tortura». Con "ningún
límite" Ménard entendió realmente ninguno, incluyendo la captura y la
tortura de familiares inocentes de presuntos terroristas.
Lo que Ménard defiende es lo que en Argelia hicieron cientos de veces los
franceses, y luego fue repetido miles de veces por las dictaduras (y a veces
por las democracias) latinoamericanas, que, como se pudo reconstruir,
entrenaron sus torturadores en Estados Unidos, pero a menudo con técnicas
estrenadas por los franceses en Argelia y en Indochina.
Para ser aún más claro y no dejar malentendidos, Ménard citó el caso de
Daniel Pearl, el periodista del Wall Street Journal, secuestrado y asesinado
en Paquistán. Para liberarlo, la dictadura amiga de Pervez Musharraf arrestó
y torturó los familiares de los presuntos captores. La conclusión es
conocida. Con rara cobardía Ménard, para sustentar su tesis se escondió
detrás de la viuda Pearl que, según él defendería el uso de la tortura hecho
por la policía paquistaní en el vano intento de salvar el marido.
Y aquí está el punto. Ménard, en su afán de crear una construcción
ideológica que defienda Guantánamo y Abu Grajib, está fingiendo de olvidarse
que saltar el fosado de la tortura sólo rinde iguales a los presuntos
terroristas infra-humanos que se combaten. En Guatemala los manuales
enseñaban a sacar los ojos a los niños, para inducir los padres a hablar. En
Paquistán, como en Abu Grajib, en Irak, justificándose con la nobleza de la
causa antiterrorista, usan los mismos manuales. Sin embargo el pobre Pearl
fue igualmente asesinado.
Los argelinos, como los pueblos de Indochina, lograron liberarse del
colonialismo, y hasta los torturadores criollos ya no saben dónde
esconderse, como testimonia la noticia llegada desde Chile el martes, de la
cadena perpetua a Hugo Salas Wenzer, uno de los principales colaboradores de
Augusto Pinochet y autor intelectual de la masacre de Corpus Christi, cuando
hizo asesinar doce militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.
El cuestionado Ménard, hace dos años admitió que aceptaba dinero por la CIA
para hacer que su organización, RSF (a la cual colaboran ingenuamente
cientos de voluntarios) resulte especialmente solicita en denunciar (a
menudo modificando la verdad) las persecuciones a la prensa en países
considerados enemigos por quien paga, típicamente, diariamente,
continuamente, Cuba y Venezuela, Venezuela y Cuba. Al mismo tiempo RSF
acepta dinero para callarse, o reinterpretar las noticias de manera
instrumental, frente a las violaciones de libertad de expresión cuando estas
son cometidas por Estados Unidos o países aliados de este.
Cuando Ménard afirma textualmente: "ya no es cuestión de ideas o de
principios, sino de guerra" se ha completamente integrado al sistema
ideológico de la guerra al terrorismo, de la negación, empezando por el
"habeas corpus", de los derechos fundamentales del individuo. Ménard hoy es
sólo un sicario a disposición del partido de la guerra, del
neoconservadurismo duro y puro, de los Donald Rumsfeld, los Dick Cheney y
los Alberto González, cada vez más desprestigiados y sin embargo aún
poderosos. RSF, a pesar de estos detalles siniestros, sigue teniendo un gran
prestigio internacional, alimentado por supuesto del hecho de ser
completamente al servicio del pensamiento dominante. Sin embargo los cientos
de voluntarios, que creen que Reporteros sin Fronteras sea una institución
independiente, que trabaja para la libertad de expresión, hasta considerada
progresista por algunos, están frente a una disyuntiva: hacerse cómplices o
abrir los ojos.
29 de agosto de 2007
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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