Gennaro Carotenuto - rodelu.net
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30 de setiembre de 2007
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Pakistán
Pieza inconclusa para país atómico
A una semana de las elecciones del 6 de octubre, el dictador
filoestadounidense Pervez Musharraf, ahora candidato, se aferra al
poder aunque deba pactar con su ex enemiga Benazir Bhutto. Del otro
lado está el islamismo radical. Esta cobertura analiza la interna
política del único país musulmán que tiene armas atómicas, así como
sus relaciones con Estados Unidos y –en la página siguiente–
China.
Gennaro Carotenuto desde Roma
Incapaz de elegir una línea política propia y, en los
vaticinios de sus enemigos, siempre a punto de caer, sin hacer nada
o casi nada, Pervez Musharraf sigue siendo un punto de equilibrio,
mediocre pero equilibrio al fin, lo que le permite seguir en el
poder. La realidad es que los otros actores de este país clave,
situado entre el mundo islámico y la India, temen el vacío y luego
del vacío la dirección que las masas paquistaníes podrían tomar.
Tres veces en las últimas seis semanas Musharraf y Pakistán
estuvieron en las portadas de la prensa internacional. En agosto
reprimió, pero podríamos casi decir “con medida”, a los islamistas
que ocuparon Lal Masjid, la Mezquita Roja de Islamabad, la capital.
Lal Masjid era el centro principal de la parte más radical del
islamismo paquistaní, la minoría que propugna la instauración de un
régimen de tipo talib en el segundo país musulmán más poblado del
mundo, después de Indonesia. Se registraron unos 60 muertos. Un
precio alto que sin embargo no representó –por ahora– el inicio de
una guerra total contra el islamismo neotalib que, influenciado por
el cercano Afganistán, sopla fuerte sobre tierras
paquistaníes. Luego, en lo que representó su segunda aparición en
las portadas, aunque esta vez en letra algo más chica, el dictador
estuvo a punto de imponer el estado de sitio. No lo impuso. Y hubo
una tercera vez, el 10 de setiembre, cuando el ex primer ministro
Nawaz Sharif intentó volver al país y Musharraf le ofreció no
arrestarlo a cambio de que volviera a su exilio, cosa que Sharif,
después de algunas horas en el aeropuerto de la capital, terminó
aceptando. Musharraf es hoy más cuestionado que nunca, desde que
en 1999 llegó al poder mediante un golpe militar. El ex juez de la
Corte Suprema Wajih-udin Ahmad, que en el año 2000 dimitió como
protesta contra el autoritarismo, también se postuló a la
presidencia. El Poder Judicial siempre ha sido –cosa bastante
peculiar en el desarrollo de dictaduras militares– el lugar más
álgido de oposición al régimen. El pasado marzo el intento del
dictador de liberarse de otro juez, el presidente de la Corte
Suprema Iftikhar Chaudry, causó huelgas y violencias. Sin
embargo la oposición no puede ganar las elecciones y pide por lo
menos que Musharraf se separe del ejército. La ex presidenta Benazir
Bhutto debería regresar al país el 18 octubre. Pese a que el partido
de Butho presentará un candidato propio contra Musharraf, Estados
Unidos está negociando para ella el lugar de primera ministra en el
Pakistán que emergerá de las elecciones y que casi seguramente
estará presidido por el hoy dictador. Mientras tanto la Corte
Suprema, la piedra en el zapato del dictador, debe pronunciarse
sobre la admisibilidad de la candidatura del aún jefe del ejército.
Al menos 12 militantes han sido arrestados este miércoles por
manifestarse en favor de este organismo. Mientras tanto, en la
mañana del jueves, la Corte Suprema decidió y ordenó al Poder
Ejecutivo poner en libertad al menos a cien opositores arrestados en
la última semana, entre los cuales se cuentan dirigentes de la
oposición, tanto laica como religiosa. La situación es caótica.
Si la corte se pronuncia a favor del dictador, permite elecciones
formalmente democráticas que lo perpetúen en el poder. Si se
pronuncia en contra, es esperable que Musharraf la disuelva, a la
vez que disolvería el Parlamento y proclamaría la ley marcial. La
organización Al Qaeda emitió el día 21 un comunicado con el cual
declaró la guerra al “tirano y corrupto Pervez Musharraf”. Aunque la
mayoría de los analistas coinciden en considerar que los islamistas
radicales están lejos de tener fuerzas suficientes como para
sostener una guerra civil contra la dictadura, un sondeo indica que
el saudita Osama bin Laden hoy en día es más popular en Pakistán que
el dictador filoestadounidense.
Publicado en Brecha el 28 de setiembre de 2007
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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