Gennaro Carotenuto - rodelu.net
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5 de febrero de 2008
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Italia
La democracia vaciada por la política
Caído el gobierno de centroizquierda presidido por Romano
Prodi, se camina hacia elecciones que probablemente se celebrarán en
abril. Silvio Berlusconi, según todos los sondeos, volverá a
triunfar. Éste cree poder manejarlo todo, pero le tocará gobernar
con una estrecha mayoría originada por sus propias
trampas.
Gennaro Carotenuto desde Roma
Según los rituales romanos de la democracia
parlamentaria, el presidente de la república, Giorgio Napolitano,
debe hacer todos los intentos posibles antes de disolver las cámaras
y convocar a nuevas elecciones. A una semana de la caída del
gobierno de Romano Prodi, que había resistido 20 meses con una
mayoría de un solo escaño en el Senado, Napolitano encargó al
presidente del Senado, Franco Marini, que intente formar un nuevo
gobierno.
Oriundo de los Apeninos centrales, donde todavía
abundan los lobos, Franco Marini, de 75 años, pasó su juventud
militar en el popular cuerpo de los alpinos (infantería de montaña)
y fue toda la vida un sindicalista católico y un democristiano que
ahora confluye en el Partido Democrático, la unión entre católicos
populares y ex comunistas. Su intento tiene poquísimas posibilidades
de triunfar ya que las posiciones no se han movido esta semana. Los
que votaron contra Prodi –la derecha– quieren elecciones inmediatas
y los que apoyaron hasta último momento al profesor boloñés,
quisieran hacer por lo menos una reforma electoral. Porque el país
necesita la reforma, pero sobre todo para alejar lo más posible la
derrota.
LA REFORMA NECESARIA E IMPOSIBLE
Si Romano Prodi
ganó con tan corta mayoría las elecciones de 2006 fue, en parte, por
la prodigiosa capacidad de manipular a los medios que tiene Silvio
Berlusconi, y en parte por algunas chicanas introducidas en la ley
electoral a sabiendas de que iba hacia una clara derrota después de
cinco años de desgobierno con un país que se hundía en el
desconcierto y la depresión. Para impedirle a la centroizquierda
gobernar y posiblemente reformar y recuperar el país, Berlusconi
impuso modificaciones legales que impidieran la formación de una
mayoría suficiente para gobernar autónomamente. El mismo redactor de
la ley, Roberto Calderoli de la Liga Norte (derecha xenófoba aliada
de Berlusconi), la definió como “una porquería”.
Entre las
consecuencias de esa porquería figura la multiplicación casi diaria
de los partidos, llegando el parlamento a contar con 39
agrupaciones, a veces unipersonales y sin ningún otro proyecto que
las ganancias inmediatas del líder y de sus clientes. Con semejante
clase política Romano Prodi debió pactar casi cotidiananente en
estos dos años. Hoy, especialmente, estas microagrupaciones se
opusieron y se oponen a cualquier reforma electoral que las pueda
barrer del mapa político.
Evidentemente una reforma electoral
pasaría ahora a través de un acuerdo político fuerte entre las
agrupaciones mayores (el mismo Partido Democrático y Forza Italia,
de Berlusconi, que se supone que tengan alrededor del 25-30 por
ciento cada uno) junto a los mayores de los menores, Alianza
Nacional en la derecha y Refundación Comunista en la izquierda.
Sería algo políticamente viable si no fuera por la manera
mediático-propagandista de ver la política de Berlusconi: no voy a
ensuciarme las manos con los “comunistas” que fracasaron en gobernar
el país (y es evidente que fracasaron, porque no pudieron). Así, al
cierre de esta edición de Brecha, el intento de Marini parece
destinado al fracaso y a Napolitano no le quedaría más que disolver
las cámaras y llamar a nuevas elecciones en la primera mitad de
abril. Frente a la posibilidad de volver al poder, Berlusconi, que
con 71 años quiere bailar otro vals, logró compactar a los suyos y
presentará una coalición que hasta ahora cuenta con 17 partidos, que
van desde los neonazis hasta los dos micropartidos personales que
traicionaron a Romano Prodi.
Los sondeos le otorgan a Berlusconi
una ventaja de una decena de puntos. Sin embargo, esta ventaja
medida en escaños le puede dar una mayoría muy similar a la que tuvo
Romano Prodi en los últimos 20 meses. Es decir: Berlusconi quiere y
puede volver a ganar, pero luego difícilmente podría gobernar la
crisis que vive el país.
VISTO DESDE LA IZQUIERDA
Según
muchos analistas, uno de los motivos que hicieron precipitar la
caída del gobierno presidido por Romano Prodi fue la postura a favor
de un sistema mayoritario tomada por el líder del Partido
Democrático (pd), Walter Veltroni. Éste anunció que, pase lo que
pase, su partido se presentará solo a las próximas elecciones sin
buscar previamente alianzas con nadie, lo opuesto de lo que está
haciendo Berlusconi. Si a corto plazo la de Veltroni parece una
táctica suicida, conlleva unas ventajas importantes para la
construcción del Partido Democrático, la única real novedad en los
inminentes comicios. Es probable que de esa manera el pd se
caracterice aun más como un partido centrista y muy poco de
izquierda, pero por lo menos logrará alguna identidad, cosa que
hasta ahora no logró construir, y no quedar como el embrión de
partido que sigue siendo hasta ahora. Podrá presentar a los
electores su propio programa sin pactarlo con nadie y luego,
probablemente, prepararse para los años de oposición en mejores
condiciones.
Lo que es seguro es que lo que se mueve alrededor
del pd no está en mejores condiciones. Votando con la actual ley y
sin la protección del pd, las pequeñas agrupaciones centristas y
reformistas serán libres para tentar suerte en las urnas y ver
realmente qué consiguen. Es una novedad, ya que en los últimos 15
años fueron los grandes partidos los que sacrificaban escaños
ofreciéndolos a los pequeños suponiendo la fuerza electoral de
éstos.
La llamada izquierda radical tiene una situación muy
distinta. Está conformada esencialmente por cuatro agrupaciones. El
Partido de la Refundación Comunista, con un 6 por ciento de los
votos, los verdes y otro partido comunista (el pdci), cada uno con
un 2 por ciento escaso, y la parte del antiguo pci que no entró en
el pd por no compartir el giro moderado de este partido. Estos
últimos nunca se midieron con los electores y buscan un difícil
acuerdo con los demás para conformar la llamada “cosa roja”, un
nuevo partido de izquierda que si se acercara al 15 por ciento de
los votos podría influir mucho en el futuro. Sin embargo, la suerta
está echada y si se votara como es casi seguro con una ley
“porquería” que favorece la máxima fragmentación de los partidos, es
difícil o imposible que la “cosa roja” logre cobrar vida en pocas
semanas. Así, las cuatro fuerzas se presentarían divididas y sin ni
siquiera un acuerdo político con el pd o una propuesta común de
gobierno. La oposición para la oposición y (lo que es peor) entre la
oposición.
ADIÓS ROMANO
Lo que queda de los casi dos años de
centroizquierda en el gobierno es un sabor amargo. El Ejecutivo
presidido por Romano Prodi fue capaz de arreglar las cuentas del
país, desastradas por cinco años de berlusconismo. Impuso políticas
de ahorro y hasta logró reducir la enorme evasión fiscal. Hoy todos
los organismos internacionales, desde la Unión Europea hasta el
Banco Mundial, están preocupados porque temen que con la derecha
vuelvan el festín de gastos y la condonación de los crímenes
fiscales.
Amargo destino el de Romano Prodi. Hizo lo mismo entre
1996 y 1998. Arregló las cuentas y cuando debía empezar a hacer
políticas redistributivas –de izquierda, por fin– fue acuchillado
por la espalda por sus aliados, los comunistas en 1998, los
microdemocristianos hoy. Si no se puede olvidar este balance
positivo, tampoco se puede pensar que los logros no sean efímeros.
Con unos meses de gobierno de Berlusconi todo se volvería a perder.
A esto se suma, y es lo más grave, que la casta política de
centroizquierda logró definitivamente liberarse del halo de honradez
y capacidad de gobierno respecto a la derecha, uno de los
patrimonios genéticos que heredó del viejo pci. En esta triste época
de inicios del siglo xxi, los escándalos, los gastos, los
despilfarros de dinero público, el clientelismo, el tráfico de
influencias de buena parte de la clase política de centroizquierda
fue tan mala como lo fue, es y será la clase política de derecha. Ya
no existe una excepción moral, ya no somos mejores que ellos, ya
perdimos la virginidad. Y esto, en un país donde dos de cada tres
familias no llegan a fin de mes, es el fin de todas las
esperanzas.
Publicado en Brecha el 1 de de febrero de 2008
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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