GILBERT ACHCAR: Cuando el nacionalismo árabe, el nasserismo y
tendencias similares comenzaron a derrumbarse en la década del 70,
la mayoría de los gobiernos usaron el fundamentalismo islámico como
una herramienta para contrarrestar los vestigios de la izquierda o
del nacionalismo secular.
Un ejemplo ilustrativo del fenómeno es el Presidente egipcio
Anwar al-Sadat. Él alentó el fundamentalismo islámico para enfrentar
a remanentes del nasserismo después de asumir el poder en 1970 y
terminó asesinado por los fundamentalistas islámicos en 1981.
En el Medio Oriente de la actualidad, el mismo genio ha salido de
la botella y está fuera de control. La represión de las ideologías
progresistas o seculares, agravada por el colapso de la URSS, dejó
el camino abierto para el único canal disponible de las protestas
antioccidentales: el fundamentalismo islámico.
NOAM CHOMSKY: Sin esbozar una analogía demasiado cercana, creo
que hay algo similar en EEUU. Sin embargo, habría que agregar que la
dinámica podría ser universal. Cristiano o judío o islámico o hindú,
el impulso religioso fundamentalista puede prestarse a ser usado en
agendas políticas.
En EEUU, lo que llamamos fundamentalismo tiene raíces muy
profundas, desde los primeros colonos. Siempre ha habido un elemento
extremista, ultrarreligioso, más o menos fundamentalista, con varias
resurrecciones.
En los últimos 25 años, el fundamentalismo se ha vuelto por
primera vez una fuerza política de envergadura. Creo que es un
esfuerzo consciente para tratar de socavar a las políticas sociales
progresistas. No son las políticas extremistas, sino más bien las
políticas blandas de la socialdemocracia del período precedente, las
que están siendo seriamente atacadas.
Por primera vez los fundamentalistas fueron movilizados como una
fuerza política para proveer una base a esta reacción y en la medida
que el sistema político funcione, lo cual no es mucho para cambiar
el foco de interés de muchos votantes de temas que realmente afectan
sus intereses (la salud, la educación, los asuntos económicos, los
salarios) hacia cruzadas religiosas para bloquear la enseñanza de la
evolución, los derechos de los gays y el derecho al aborto.
Todos estos temas, a los directores de empresas, por ejemplo, no
les inquietan demasiado. Ellos se preocupan de otros asuntos. Y si
usted puede cambiar el foco del debate, de la atención y de la
política presidencial a cuestiones marginales para los ricos, como,
digamos, los derechos de los gays, esto es magnífico para la gente
que quiere destruir los sindicatos o construir un sistema
sociopolítico para beneficio de los ultrarricos, mientras los demás
apenas sobreviven.
Esta movilización fundamentalista ha sucedido durante un período
único en la historia de la economía de EEUU. Durante un cuarto de
siglo, los salarios reales se han estancado o declinado para la
mayoría. El ingreso real medio de las familias crece mucho más lento
que la productividad y la economía, y para algunos sectores declina.
Las horas de trabajo aumentan, los beneficios sociales disminuyen
y el endeudamiento creció enormemente. Estas son crisis sociales y
económicas reales, y una manera en que los poderosos las manejan es
a través de la movilización de los sectores fundamentalistas,
transformándolos en una fuerza política activa.
Así, el discurso y el foco vira hacia temas que a los
fundamentalistas les preocupan mucho, pero que son una preocupación
marginal para la gente propietaria de la sociedad.
De hecho, los directores de empresas son lo que se llama
liberales. No son muy diferentes a los profesores de la universidad.
Y si la población se obsesiona con la “teoría de la evolución” y los
derechos de los gays, está bien en la medida que el mundo de los
negocios maneje las políticas sociales y económicas con poca
interferencia.
Después de la última elección, la prensa financiera describió la
“euforia” en las corporaciones, y no fue porque estaban en contra
del matrimonio gay. Algunos lo estaban, otros no. No, lo que ellos
sabían es que era cuestión libre para los negocios.
Y si usted puede arreglar eso, allí hay un logro, es un modo de
mantener bajo control a la población, además de inducir el miedo,
una herramienta estándar.
Creo que el real cambio apareció con la administración de Jimmy
Carter. Antes, nadie realmente se preocupaba mucho sobre si el
Presidente era religioso. Pero Carter, que probablemente era
sincero, les enseñó a los gerentes del partido que un rostro piadoso
tiene aceptación en un gran bloque de votantes. Desde Carter, cada
candidato presidencial ha pretendido contar con una experiencia
religiosa.
Sea como fuere, llegó a ser posible movilizar los sentimientos
religiosos, que siempre habían estado allí, y convertirlos en una
fuerza política importante, en el foco del discurso político,
desplazando los temas sociales y económicos.
Fíjese lo que ocurre ahora. Para la mayoría de la población, los
temas más importantes son cosas como los exorbitantes costos de la
atención a la salud. Pero ningún partido quiere lidiar con eso;
ellos están en el bolsillo de las empresas de seguros y de las
instituciones financieras. De modo que en su lugar sostienen
batallas sobre la teoría de la evolución y del diseño inteligente, y
todos discuten sobre eso. Mientras tanto, los ricos se salen con la
suya y controlan el país.
SHALOM: Tal vez debemos clarificar los términos. Hay musulmanes
muy tradicionales y religiosos que dicen que el “fundamentalismo” es
una actitud respecto a la religión y no implica que usted quiera
imponerla a otro. Según este punto de vista, no se debería usar
“fundamentalismo” como un término político derogatorio.
CHOMSKY: Creo que los musulmanes religiosos harán esa distinción.
Del mismo modo que cuando algunos judíos fundamentalistas intentaron
destruir una mezquita con explosivos, los judíos religiosos
expresaron que estaban en contra y se disociaron de ellos. Eso tiene
sentido, aquí estamos hablando sobre el uso del fundamentalismo como
un fenómeno general, a través de las culturas. La correlación entre
los programas sociales y económicos que le causan dificultades a la
mayoría de la población, y el ascenso del fundamentalismo en el
centro del debate político está demasiado cercano como para no
tenerlo en cuenta. LND
(The New York Times Syndicate)
(Este artículo es un fragmento del nuevo libro “Perilous power:
The middle east and U.S. foreign policy”, un diálogo entre Noam
Chomsky y Gilbert Achcar publicado por Paradigm Publishers,
septiembre de 2006).