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16 de febrero de 2007
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ALAI
Agencia Latinoamericana de Información - 14 de febrero de 2007
Qué está en juego en Irak
En Occidente, algunas de las informaciones más importantes sobre Irak
permanecen ignoradas o simplemente no se les comenta. Hasta que esta
información sea tomada en cuenta, las propuestas sobre la política de
Estados Unidos en Irak no serán ni moral ni estratégicamente
sanas.
Noam Chomsky
Por ejemplo, una de las recientes historias sobre la
devastada tierra de Irak —una de las menos discutidas y más iluminadoras—
es una encuesta en Bagdad, Anbar y Najaf sobre la invasión y sus
consecuencias.
“Alrededor del 90 por ciento de los iraquíes piensan
que la situación en el país era mejor antes de la invasión dirigida por
Estados Unidos que en la actualidad”, informó United Press International,
tras divulgar una encuesta realizada en noviembre del 2006 por el Centro
de Investigaciones y Estudios Estratégicos de Irak, con sede en
Bagdad.
“Casi la mitad de los encuestados favorecen una retirada
inmediata de las tropas dirigidas por Estados Unidos”, informó The Daily
Star en Beirut, Líbano. Otro 20 por ciento avaló una retirada por etapas
que comenzaran de inmediato. (Una encuesta del Departamento de Estado de
Estados Unidos, también ignorada, determinó que dos terceras partes de los
habitantes de Bagdad quieren una retirada inmediata).
Generalmente,
sin embargo, la opinión pública en Irak, en los Estados Unidos o en
cualquier otro lugar no es considerada relevante por quienes hacen la
política, al menos que pueda impedir lo que ellos prefieren elegir. Estos
planificadores tienden a ser profundamente antidemocráticos, aunque suelen
mostrar una sublime retórica sobre el amor a la democracia y las
mesiánicas misiones para promocionarla.
Oposición a la
guerra
Las encuestas en los Estados Unidos muestran una
mayoritaria oposición a la guerra, pero éstas reciben una atención
limitada y apenas entran en la planificación de la política, o al menos en
la crítica de esa planificación.
La más prominente crítica reciente
fue el informe del Grupo de Estudios sobre Irak liderado por el ex
secretario de Estado James Baker y por el ex representante demócrata Lee
Hamilton. El informe fue ampliamente aclamado como un valioso correctivo
crítico a la política de George W. Bush, quien inmediatamente desechó el
reporte.
Un notable rasgo del informe es su falta de preocupación
por la voluntad del pueblo iraquí. El informe cita algunas de las
encuestas sobre el sentimiento iraquí, solamente en relación a la
seguridad de las fuerzas militares norteamericanas.
La implícita
hipótesis del informe es que la política debe ser creada de acuerdo con
los intereses del Gobierno de los Estados Unidos, no con los de los
iraquíes.
La verdadera razón para la invasión, por cierto, es que
Irak tiene las segundas reservas de petróleo más grandes del mundo, que
son muy baratas para explotar, y se hallan en el centro de los recursos de
hidrocarbono más importantes del mundo. El tema no es el acceso a esos
recursos sino su control (y para las corporaciones energéticas, la
obtención de ganancias).
Como observó el vicepresidente Dick Cheney
en mayo pasado, el control sobre los recursos de energía provee
“instrumentos para la intimidación y el chantaje”; es decir, cuando está
en las manos de otros.
En el más delicado fraseo del estudio, se
dice que “Estados Unidos debe ayudar a los líderes iraquíes a reorganizar
la industria nacional del petróleo como una empresa comercial, a fin de
mejorar la eficacia, la transparencia y la responsabilidad”.
A raíz
de su sistemática falta de voluntad para discutir asuntos tan crasos, el
Grupo de Estudios de Irak es incapaz de enfrentar la realidad de las
opciones políticas de Estados Unidos frente a la catástrofe que la
invasión ha creado.
Un pueblo soberano
Los
planificadores saben qué está en juego. Un Irak soberano, parcialmente
democrático, podría ser un desastre para ellos y para sus aliados
occidentales. Con una mayoría chiíta, Irak probablemente continuará
mejorando sus relaciones con Irán. Hay una población chiíta a través de la
frontera en Arabia Saudita, oprimida por la tiranía monárquica apoyada por
Estados Unidos. Cualquier paso hacia la soberanía en Irak alienta la
defensa de los derechos humanos y un grado de autonomía en la región donde
está situado la mayor parte del petróleo saudita.
La soberanía en
Irak podría conducir a una alianza chiíta que controlaría la mayoría de
los recursos de petróleo mundiales e independiente de los Estados Unidos,
socavando un objetivo primario de la política exterior norteamericana
desde la segunda guerra mundial.
Poderosos motivos, en
consecuencia, llevan a los Estados Unidos y al Reino Unido a tratar de
mantener un control efectivo sobre Irak.
El informe Baker-Hamilton
pide al Presidente que anuncie que Estados Unidos no intenta tener una
presencia militar permanente en Irak, pero sin solicitar que se ponga fin
a la construcción de bases militares. Por lo tanto, esa declaración no
será tomada en serio por los iraquíes.
Algunos observadores temen
que una evacuación de Irak por parte de los Estados Unidos llevaría a una
guerra civil total y a la devastación del país. A propósito de las
consecuencias de la retirada, tenemos derecho a hacer nuestros juicios
personales, todos ellos tan carentes de información y dudosos como los de
la Inteligencia de Estados Unidos. Pero eso no importa. Lo que importa es
lo que los iraquíes piensan. O mejor aún, eso es lo que debería ser
realmente importante.
Ahora bien, en oposición al informe
Baker-Hamilton (y a la opinión pública iraquí), el plan de Washington es
introducir más tropas en Irak. Pocos especialistas en Medio Oriente
esperan que esa táctica tenga éxito.
Pero ninguno debería
subestimar la fuerza de la política exterior de Estados Unidos para
mantener su control sobre los recursos de la región. Una soberanía iraquí
difícilmente será tolerada por el poder ocupante.
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