Dentro de la mentalidad de guerra fría que rige en Washington, a Teherán se
lo representa como el pináculo de la llamada media luna chiíta que abarca desde
Irán a Hezbolá en el Líbano, pasando por la zona chiíta del sur de Irak y de
Siria. Y tampoco sorprende que la "insurrección" en Irak y la escalada de
amenazas y actuaciones dirigidas contra Irán vaya acompañada de una disposición,
a regañadientes, de asistir a una conferencia de poderes regionales, limitando
el orden del día a Irak.
Probablemente, este mínimo gesto de diplomacia tiene la intención de acallar
el creciente temor y malestar suscitado por el incremento de la agresividad de
Washington. Estas preocupaciones cobran fuerza en un detallado estudio del
"efecto Irak" de los expertos en terrorismo Peter Bergen y Paul Cruickshank, que
revela que la guerra de Irak "ha multiplicado por siete el terrorismo en todo el
mundo". Un "efecto Irán" podría ser aún peor.
Para EE. UU., la cuestión principal en Oriente Próximo ha sido y sigue siendo
el control efectivo de sus recursos energéticos sin parangón. El acceso es un
asunto de segundo orden. Una vez el petróleo está en los mares, va a donde sea.
El control se entiende como un instrumento de dominio mundial. La influencia
iraní en la "media luna" desafía el control de EE. UU. Por un accidente
geográfico, los principales recursos petrolíferos del mundo están en zonas del
Oriente Próximo mayoritariamente chiítas: el sur de Irak, las regiones
adyacentes de Arabia Saudita e Irán, también junto a algunas de las principales
reservas de gas natural. La peor pesadilla de Washington sería que una alianza
chiíta laxa controlara la mayor parte del petróleo del mundo, con independencia
de EE. UU.
Un bloque de este tipo, si llega a emerger, podría incluso unirse a la Red de
Seguridad de Energía Asiática, basada en China. Irán podría ser un eje. Si los
planificadores de Bush lo provocan, llegarán a minar considerablemente la
posición de poder de EE. UU. en el mundo.
Para Washington, el principal delito de Teherán ha sido el haberle plantado
cara, desde el derrocamiento del Sha en 1979 y la crisis de los rehenes en la
embajada de EE. UU.. A cambio, Washington pasó a apoyar la agresión de Sadam
Husseín contra Irán, que produjo cientos de miles de muertos. Luego vinieron las
terribles sanciones y, bajo Bush, el rechazo a los esfuerzos diplomáticos de
Irán.
El pasado mes de julio, Israel invadió el Líbano, la quinta invasión desde
1978. Como en otras ocasiones, el apoyo de EE. UU. fue un factor crítico, los
pretextos no se sostienen ante un mínimo análisis, y las consecuencias para el
pueblo del Líbano son graves. Una de las razones de la invasión de EE. UU. /
Israel es que los cohetes de Hezbolá podrían disuadir a EE. UU. / Israel de un
ataque a Irán. A pesar del ruido de sables, sospecho que es poco probable que el
gobierno de Bush ataque Irán. La opinión pública en EE. UU. y en todo el mundo
está muy en contra. Parece que también la comunidad militar y de inteligencia de
EE. UU. se opone. Irán no puede defenderse contra un ataque de EE. UU., pero
puede responder de otras maneras, entre ellas provocando aún más desastre en
Irak. Algunos hacen advertencias mucho más severas, entre ellas el historiador
militar británico Corelli Barnett, quien escribe que "un ataque sobre Irán daría
lugar a una tercera guerra mundial".
Una vez más, un depredador herido se vuelve aún más peligroso y menos
previsible. Desesperada por salvar algo, la administración podría correr el
riesgo de desastres aún mayores. La administración Bush ha creado una catástrofe
inimaginable en Irak. Ha sido incapaz de establecer dentro un estado cliente
fiable, y no puede retirarse sin afrontar una posible pérdida de control sobre
los recursos energéticos de Oriente Próximo.
Mientras tanto, Washington tal vez se proponga desestabilizar Irán desde
dentro. La mezcla étnica en Irán es compleja; gran parte de la población no es
persa. Hay tendencias secesionistas y es probable que Washington esté intentando
atizarlas; en Juzestán junto al Golfo, por ejemplo, donde se concentra el
petróleo iraní, una región mayoritariamente árabe, no persa.
La escalada de amenazas también sirve para presionar a otros a que se sumen a
los esfuerzos de EE. UU. para estrangular a Irán económicamente, con un éxito
previsible en Europa. Otra consecuencia previsible y probablemente deseada es
inducir a los líderes iraníes a que sean los más represivos posible, fomentando
así los disturbios a la vez que debilitan a los reformadores.
También hay que demonizar el liderazgo. En Occidente, cualquier afirmación
loca pronunciada por el Presidente Ahmadineyad pasa a los titulares, traducida
de forma discutible. Pero Ahmadineyad no tiene ningún control sobre la política
exterior, que está en manos de su superior, el Líder Supremo Ayatolá Alí
Jameini. Los medios de comunicación de EE. UU. tienden a ignorar las
declaraciones de Jameini, sobre todo si son conciliadoras. Se le da mucha
publicidad cuando Ahmadineyad dice que Israel no debería existir, pero se guarda
silencio cuando Jameini dice que Irán apoya la postura de la Liga Árabe en lo
que respecta a la cuestión de Israel / Palestina, abogando por que se normalicen
las relaciones con Israel si acepta el consenso internacional de la solución de
dos estados.
La invasión estadounidense de Irak prácticamente animó a Irán a desarrollar
una disuasión nuclear. El mensaje era que EE. UU. ataca cuando le place, siempre
que el objetivo no pueda defenderse. Ahora Irán está rodeado por fuerzas
estadounidenses en Afganistán, Irak, Turquía y el Golfo Pérsico, y al lado se
sitúan Pakistán, con su armamento nuclear, e Israel, la superpotencia regional,
gracias al apoyo de EE. UU.
En 2003, Irán ofreció negociaciones sobre todos los temas destacados,
incluidas las políticas nucleares y las relaciones entre Palestina e Israel. La
respuesta de Washington fue censurar al diplomático suizo que llevó la oferta.
Al año siguiente, la UE e Irán alcanzaron un acuerdo según el cual Irán
suspendería el enriquecimiento de uranio; a cambio, la UE proporcionaría
"garantías firmes en materia de seguridad"; una manera de hacer referencia a las
amenazas de bombardear Irán por parte de EE. UU.-Israel.
Presionada aparentemente por EE. UU., Europa no estuvo a la altura de la
oferta. Irán retomó el enriquecimiento de uranio. Si existiera un auténtico
interés por prevenir el desarrollo de armas nucleares en Irán, Washington haría
realidad la oferta a la UE, aceptaría unas negociaciones razonables y se uniría
con otros en un intento de integrar a Irán en el sistema económico
internacional.
Noam Chomsky es co autor, junto con Gilbert Achcar, de Perilous
Power: The Middle East and US Foreign Policy
• Título original:
A
Predator Becomes More Dangerou When Wounded
• Autor: Noam Chomsky
• Origen: The Guardian, 10 de marzo de 2007
• Traducido por Anahí Seri y revisado por Miguel Montes Bajo