| LA
NACION de Argentina - 11 de Febrero de 2004
Los intelectuales del mundo
Chomsky:
"Bush
debe ser juzgado como Saddam"
Juana
Libedinsky Para LA NACION
CAMBRIDGE.- Lo acusan de ser un apologista
del terrorismo islámico, llamó a los Estados Unidos "la principal
nación terrorista" y es considerado por muchos como el demonio,
el anticristo o, al menos, el ángel negro de la Academia. La revista
New Yorker tituló recientemente un artículo sobre su persona
"El contador del demonio". Por eso, cualquier encuentro con este profesor
llamado Noam Chomsky, apasionado y
feroz ensayista que, incluso, llevó una voz discordante respecto
de los ataques del 11 de septiembre, tiene algo de inesperado.
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Para empezar, habla muy bajito y con
voz monocorde. Ni siquiera cuando sostiene, en diálogo con LA NACION,
que la ocupación norteamericana en Irak es más desafortunada
que el régimen de Vichy, que en Estados Unidos "las elecciones se
compran" o que Bush "debería ser juzgado a la par de Saddam Hussein"
su voz se eleva o sus gestos, de extrema timidez, cambien. Su oficina,
en el Massachusetts Institute of Technology, es totalmente convencional,
con vista a un pasillo. Chomsky siempre
viste jeans, camisa mal planchada y zapatillas blancas, el uniforme oficial
del suburbio norteamericano.
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En la década del 60, Chomsky
era simplemente uno más de los miles de intelectuales de izquierda
que protestaban contra Vietnam. En cambio, cuando recientemente se opuso
a los bombardeos en Afganistán, quedó prácticamente
solo. Por eso no es sorprendente que sus libros Secretos, mentiras y
democracia , Estados canallas , 11 de septiembre y el
flamante Hegemonía o supervivencia: la búsqueda norteamericana
de dominio mundial sean siempre best-sellers. Para aquellos que buscan
en Estados Unidos voces que rompan con el consenso respecto de la guerra
contra el terrorismo, Chomsky es una
de las pocas con peso propio.
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En el resto del mundo su importancia
es aún mayor. Dondequiera que vaya son multitudes las que se acercan
a escucharlo, como a un gurú o a una superestrella, mucho más
que a un intelectual. Recientemente Chomsky
dio una serie de conferencias en Gran Bretaña, en la Universidad
de Londres y en la Catedral de St. Paul. Fueron miles los que no pudieron
conseguir entradas, pero se quedaron igual en las inmediaciones, esperando
algún eco de su voz. Los organizadores dijeron, en tono de broma,
que ningún otro norteamericano, salvo Bruce Springsteen, podría
conseguir semejante público.
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Más allá de su activismo
político, Chomsky es, sobre
todo, un lingüista revolucionario. Se considera que el giro que dio
a su disciplina a fines de los años 50 fue equivalente a la revolución
que Einstein trajo a la física. En un estudio sobre las diez fuentes
más frecuentemente citadas (la lista incluye a la Biblia) Chomsky
aparece octavo, por encima de Hegel y Cicerón y justo por debajo
de Platón y Freud.
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-¿Cuánto cambia el
panorama en Irak la captura de Saddam Hussein?
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-Capturar a Saddam tiene un significado
simbólico, pero nada más. La gente no se oponía a
una guerra en Irak porque supusiera que Hussein nunca sería capturado.
El problema en Irak es otro. Lo que resulta sorprendente es que nos encontramos
en un país virtualmente destruido por las sanciones, donde había
un tirano, pero el tirano no está más; donde no hay apoyo
internacional a cualquier tipo de resistencia a la ocupación norteamericana,
donde Estados Unidos controla todos los recursos naturales y donde forzó
al nuevo gobierno a aceptar un programa económico que vende el país
al capital extranjero, y donde Estados Unidos puede colocar los fondos
que quiera para su campaña militar. Parece una ocupación
extremadamente fácil. Se requeriría un talento extraordinario
para fracasar. Y, sin embargo, Estados Unidos hasta ahora fracasó.
Los alemanes fueron mucho mejores para controlar Europa en la Segunda Guerra.
Ponían gobiernos locales, como el de Vichy, con fuerzas de seguridad
locales. Obviamente, ellos estaban detrás. Lo mismo que Rusia con
los países del este europeo. Ponían títeres locales
y ellos se mantenían detrás. Y todo esto, en condiciones
infinitamente más duras que las que encontraron los norteamericanos
en Irak.
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-¿A qué se debe este
fracaso?
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-Justamente venía hablando de
eso con un alto funcionario de una de las principales organizaciones de
ayuda humanitaria, al que, naturalmente, no puedo nombrar. Es un hombre
con tremenda experiencia por todo el mundo, que lo ha visto todo. Venía
de pasar unos meses en Bagdad y estaba escandalizado. Dijo que nunca había
contemplado semejante combinación de arrogancia, ignorancia e incompetencia.
Y probablemente esté en lo correcto. Arrogancia extrema, incompetencia
total e ignorancia absoluta son las características de la ocupación
en Irak. Si uno tiene un poder como el de Estados Unidos, ¿qué
se va a ir preocupando por estas pequeñeces? Pueden aplicar la fuerza
bruta tanto como quieran, de lo que deduzco que algún día
efectivamente controlarán Irak, cueste lo que cueste.
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-¿Cuál es su opinión
sobre Saddam?
.
-Saddam es un monstruo que ya debería
haber sido llevado a juicio. Pero en ese mismo juicio, junto a él,
deberían estar parados los otros responsables, y con esto me refiero
a Bush y a todo el gobierno norteamericano. Ellos apoyaron a Saddam a lo
largo de sus peores atrocidades y continuaron proveyéndole de armas.
Y esto no tiene nada que ver con la guerra contra Irán. Le hablo
de los años posteriores a ella. Como si esto fuese poco, Estados
Unidos apoyó al tirano cuando aplastó las rebeliones de 1991,
que bien podrían haberlo derrocado. Cuando Bush, Blair y Aznar se
encontraron en la base militar norteamericana de las Azores y anunciaron
la invasión, dijeron bien clarito que aun si Saddam y sus socios
abandonaban el país ellos iban a entrar con sus tropas. Eso muestra
cuán poco importante era la captura de Saddam, desde su punto de
vista. Lo único que les interesaba era asegurarse de que Irak se
mantuviera como un Estado cliente, dócil hacia Estados Unidos y
-algo que los argentinos conocen muy bien- que aceptase un programa neoliberal
extremo, que dejara todos sus recursos en manos de las corporaciones extranjeras.
.
-El petróleo quedó
para los iraquíes.
.
-Es la única excepción,
porque era demasiado burdo hacerlo de otra manera. Pero dele un tiempo
y ya estará en manos norteamericanas. El próximo paso, que
ya fue anunciado y que ahora falta llevar a efecto, es un acuerdo (aunque
acuerdo es una palabra algo extraña para un tratado tan unilateral)
por el cual el único gobierno que Estados Unidos aceptará
en Irak será aquel que les permita permanecer allí con bases
militares.
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-¿Cómo afecta esto
al resto del mundo?
.
-Muy directamente. Que a Estados Unidos
le haya ido tan mal en Irak impide a Washington dar el siguiente paso.
¿Cuál es éste? La zona de los Andes, desde Venezuela
hasta el límite con la Argentina. Este era uno de los escenarios
más importantes que se estaban evaluando, con Colombia como blanco
muy claro, para la intervención norteamericana armada. Ahora se
dio un paso atrás con este proyecto. El fracaso en Irak lo transformó
en una aventura cara y creó demasiada oposición a las intervenciones
internacionales armadas, aunque de ninguna manera va a ser el fin de ellas.
.
-¿Por qué?
.
-Es muy simple. Hay que recordar que
los Estados Unidos ya no son más la principal potencia económica
del mundo. Hay tres bloques que están más o menos a la par.
Uno está formado por todos los países de América del
Norte, otro es Europa y otro es el nordeste asiático, que, claro,
es el más dinámico y el que pronto podría convertirse
en el centro económico del mundo. Estados Unidos hoy sólo
domina en una dimensión, la del poderío militar. El gobierno
norteamericano actúa sólo para el beneficio de la gente extremadamente
rica. El ejemplo más claro es cómo se está acabando
con todos los logros progresistas del último siglo para dejar contentos
a los ricos. Por ejemplo, se eliminan los impuestos progresistas y se recortan
fondos destinados a la educación, salud y seguridad social para
la gente más pobre.
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-Este es un año electoral
en los Estados Unidos. ¿Cree que puede haber cambios?
.
-Me parece muy poco probable, y la razón
es que en los Estados Unidos las elecciones, básicamente, se compran.
Es todo un show para el público, pero de cultura democrática
prácticamente no queda nada. Los candidatos que verdaderamente representan
a la gente común ni podrían soñar con competir. Nunca
podría pasar lo que ocurrió en Brasil, donde ganó
un candidato populista a pesar de la oposición del capital concentrado
y los medios de comunicación. Para que se dé una idea de
lo controladas que están la política interna y la opinión
pública por las grandes corporaciones, piense en cuál fue
el logro legislativo de las últimas semanas: las leyes del servicio
de asistencia Medicare, que dicen proveer de medicamentos a los ancianos.
Ahora, si uno mira con detenimiento la nueva legislación, se da
cuenta al instante de que la gente común no sólo no obtendrá
prácticamente nada de ella, sino que el sistema es muy caro. ¿Los
únicos beneficiados? Las corporaciones farmacéuticas. Ejemplos
así se multiplican. Elecciones en esas condiciones son prácticamente
sin sentido. Hasta que eso no cambie, no serán más que una
broma.
.
-Después del 11 de septiembre
usted comparó la acción de Ben Laden con la de los Estados
Unidos en el resto del mundo. Muchos interpretaron que sugería que
su país "se la estaba buscando". ¿Fue así?
.
-Por supuesto que no, es increíble
que se haya interpretado así. Lo único que dije fue: esto
es una atrocidad espantosa. Pero, desafortunadamente, el número
de muertos no es inusual. Lo único inusual es la dirección
hacia la que apuntaron las armas. Si algo es un crimen cuando es cometido
contra nosotros, también lo es cuando nosotros lo cometemos.
.
-En una reciente entrevista en The
New York Times le preguntaron si no consideraba irse a vivir a otra parte
y usted respondió que Estados Unidos era "el mejor país del
mundo". ¿Verdaderamente lo siente así?
.
-La entrevista que usted menciona también
es muy interesante, porque dice mucho sobre el periodismo norteamericano.
Esa entrevista no tuvo lugar. El periodista me hizo una serie de preguntas
completamente idiotas. Me tomé el trabajo de explicar en detalle,
durante una hora y media, por qué no iba a contestar cada una de
ellas. Lo que luego hizo el editor fue extraer una oración de cada
una de mis explicaciones y ponerla como respuesta. Como les dije que no
contestaría esas preguntas (por ejemplo querían que, como
lingüista, ¡explicara por qué hay tantas palabras para
decir genitales en inglés!) inventaron una entrevista.
.
-Pero, a riesgo de también
quedar frente a usted como alguien que hace preguntas tontas, verdaderamente
me gustaría saber si alguna vez consideró vivir fuera de
los Estados Unidos.
.
-No, ¿por qué habría
de hacerlo? Es mi país. Si viviese en otro país también
consideraría que es mi deber criticar las cosas que en él
no me gustan. Los Estados Unidos son su gente, su cultura, no sólo
su política exterior. Tenemos cosas muy admirables, mejores que
en el resto del mundo, derechos y garantías constitucionales que
fueron el fruto de muchos años de trabajo y de lucha. No lo olvido.
Yo no podría vivir bajo una dictadura.
Enviado por Ramiro
González |