| elPeriódico
de Catalunya - 20 de Marzo de 2004
Las secuelas
de la
guerra de EEUU contra Irak
Noam
Chomsky *
• Desde que se inició la invasión
hace un año, el mundo es un lugar todavía más precario
Los monstruosos atentados en Madrid
resuenan de manera potente y dolorosa en el primer aniversario de la invasión
a Irak encabezada por EEUU, descrita como una reacción ante el ataque
terrorista del 11 de septiembre del 2001.
En el año transcurrido desde
que comenzó la guerra contra Irak, los pronósticos de muchos
analistas han demostrado su certeza, en especial las consecuencias del
ciclo de violencia que engendra más violencia. Otras secuelas parecen
sorprendentes. Un examen podría ofrecer una guía hacia un
mundo con menos atrocidades y más democracia.
La guerra contra Irak liderada por
EEUU fue llevada a cabo pese a la opinión generalizada de que podría
conducir a la proliferación de armas de destrucción masiva
y de terror, riesgos que el Gobierno de Bush consideró al
parecer triviales comparados con la perspectiva de tomar el control de
Irak, establecer la norma de la guerra preventiva y fortalecer su
control del poder a nivel interno.
EN UNA reacción ante la acelerada
militarización de EEUU, Rusia ha aumentado de manera drástica
sus fuerzas militares, en tanto otros países, que se consideran
potenciales objetivos, reaccionan con los medios que tienen a mano: terror,
por razones de venganza o disuasión, y esfuerzos para desarrollar
armas de destrucción masiva, tal como ocurre con los sospechosos
programas de Corea del Norte y de Irán.
Junto con Madrid, la letanía
de terror desde el 11-S incluye Bagdad, Bali, Casablanca, Estambul, Yakarta,
Jerusalén, Mombasa, Moscú y Riad.
Tarde o temprano, es factible que
el terrorismo y las armas de destrucción masiva se combinen en las
mismas manos, con terribles consecuencias. Los presuntos vínculos
de Irak con Al Qaeda fueron descartados por serios analistas y no han sido
halladas evidencias creíbles. Pero nadie discute ya que Irak se
ha convertido, por primera vez, en un "santuario de terroristas", tal como
lo indicó Jessica Stern, una especialista en terrorismo de
la Universidad de Harvard, en un ensayo publicado en The New York Times
después de la destrucción de la sede de la ONU en Bagdad
en agosto del año pasado.
Guerra preventiva es apenas
un eufemismo para poder agredir a voluntad. Fue esa doctrina, no sólo
su aplicación en Irak, la que motivó las vastas protestas
contra la invasión (otra manifestación a nivel mundial está
programada para hoy, 20 de marzo). La reacción internacional ha
elevado seguramente el listón para un ulterior uso de esta doctrina.
UN TIRANO brutal fue derrocado, y
se puso fin a las criminales sanciones que obligaron a los iraquís
a confiar en él para sobrevivir. La investigación del inspector
de armas norteamericano David Kay, además de socavar las
aseveraciones sobre la posesión de arsenales prohibidos por parte
de Sadam, reveló lo frágil que era el control del
poder por parte del tirano en los últimos años. Eso refuerza
la opinión de occidentales que conocían bien la situación.
Por ejemplo, los coordinadores de ayuda humanitaria de la ONU, Denis
Halliday y Hans van Sponeck, dijeron que si las sanciones no
hubieran afectado a la población civil, los propios iraquís
hubiesen derrocado a Sadam.
En abril pasado, tal como lo indicaron
las encuestas, los norteamericanos creían que la ONU, no EEUU, debía
tener la principal responsabilidad en la reconstrucción política
y económica de Irak durante la posguerra. El fracaso de la ocupación
estadounidense de Irak es sorprendente, dado el poder y los recursos de
EEUU, el fin de las sanciones, y el derrocamiento del tirano, así
como la falta de respaldo significativo exterior para la resistencia. En
parte debido a ese fracaso, el Gobierno de Bush ha debido dar marcha
atrás y pedir la ayuda de la ONU. Pero la cuestión de si
Irak puede ser algo más que un Estado vasallo de EEUU, continúa
en duda.
Washington está construyendo
su misión diplomática más grande del mundo en Irak,
con unos 3.000 empleados, tal como informó Robin Wright en
The Washington Post en enero, una clara indicación de que
la transferencia de soberanía intenta ser limitada. Esa conclusión
está fortalecida por la insistencia norteamericana en su derecho
a mantener bases militares y fuerzas en Irak, y por las órdenes
del procónsul de EEUU, Paul Bremer, de que la economía
debe quedar virtualmente abierta para ser controlada por los extranjeros,
una condición que ningún Estado soberano puede aceptar.
La pérdida de control de
la economía reduce drásticamente la soberanía política,
y también las perspectivas de un sano desarrollo, una de las lecciones
más claras en la historia de la economía.
UNA VIGOROSA exigencia, por parte
de los iraquís, de democracia y de algo más que una soberanía
nominal ha obligado a EEUU a retroceder en sus esfuerzos por imponer un
Gobierno, que Washington no puede controlar. Inclusive una Constitución
formal no pone fin al incesante conflicto.
El cambio en el Gobierno de España,
después de los atentados en Madrid, refleja en parte el rechazo
del pueblo español al método de Bush-Blair-Aznar de
combatir el terrorismo mediante el ataque y la ocupación de Irak.
En diciembre, una encuesta de PIPA/Knowledge
Networks indicó que la población norteamericana en general
ofrece escaso apoyo a los esfuerzos del Gobierno por mantener una poderosa
y permanente presencia militar y diplomática en Irak.
En EEUU, la preocupación
popular acerca de la guerra y de la ocupación parece relacionada
con dudas sobre la justicia de la causa. El cambio podría verificarse
en las elecciones presidenciales. El espectro político norteamericano
es bastante reducido y la gente sabe que las elecciones son por lo general
compradas. John Kerry es descrito con precisión como un Bush
bajo en calorías.
Sin embargo, en ocasiones, la opción
entre dos facciones de lo que ha sido calificado el partido de los empresarios
de EEUU puede hacer una diferencia, en estas elecciones, así como
en el 2000. Eso es cierto, tanto en asuntos internos como internacionales.
La gente que rodea a Bush está profundamente comprometida
en revertir los logros de la lucha popular durante el siglo pasado. Una
corta lista de objetivos podría incluir la salud pública,
la seguridad en el empleo e impuestos progresivos, de acuerdo a los ingresos
de cada persona. La perspectiva de un Gobierno al servicio de los intereses
populares está siendo desmantelada.
Desde que comenzó la guerra
en Irak, el mundo se ha convertido en un lugar aún más precario.
Las elecciones en EEUU representan una encrucijada. En este sistema norteamericano
de inmenso poder, pequeñas diferencias pueden tener grandes consecuencias,
con un impacto de gran alcance.
Noam Chomsky. Distribuido por
The New York Times Syndicate.
* Profesor de Lingüística
en el Massachusets Institute of Technology y autor de Hegemony
Or Survival: America's Quest For Global Dominance |