| LA
JORNADA de México - 16 de April de 2004
Irak:
las raíces de la resistencia
Noam
Chomsky *
Mucho antes
de los nuevos brotes de violencia en Irak, las evaluaciones de inteligencia
de agencias estadunidenses admitían que "el más formidable
enemigo (de Washington) en Irak en los próximos meses podría
ser el rencor de los iraquíes que se muestran cada vez más
hostiles ante la ocupación militar estadunidense", señalaron
Douglas Jehl y David E. Sanger en septiembre en The New York Times.
El fracaso en entender las raíces
de esa hostilidad (no sólo de la resistencia armada que atrae los
titulares y las secuencias filmadas en televisión) puede sólo
conducir a más derramamiento de sangre y a un impasse.
El prolongado conflicto, incluidas
las horribles demostraciones en Fallujah y otras partes, tal vez no hubiera
ocurrido si la ocupación encabezada por Estados Unidos hubiera sido
menos arrogante, ignorante e incompetente.
Conquistadores dispuestos a transferir
una soberanía auténtica, como exigen los iraquíes,
habrían escogido un curso diferente.
El gobierno de George W. Bush, entre
sus numerosos pretextos para la invasión a Irak, ha patrocinado
la visión de una revolución democrática a través
del mundo árabe. Pero la más plausible razón para
la invasión ha sido eludida: el emplazamiento de seguras bases militares
en un estado cliente situado en el centro de los mayores recursos energéticos
del mundo.
Los iraquíes no soslayan este
tema crucial. En una encuesta de Gallup realizada en Bagdad y divulgada
en octubre, cuando se preguntó a un grupo de personas por qué
Estados Unidos había invadido Irak, uno por ciento dijo que era
para establecer una democracia, y cinco por ciento, que era para ayudar
a los iraquíes. El resto señaló que el motivo de Washington
era controlar los recursos de Irak y reorganizar el Medio Oriente para
satisfacer los intereses estadunidenses.
Otra encuesta de opinión en
Irak divulgada en diciembre por la firma encuestadora Oxford Research International
también es reveladora: cuando se formuló la pregunta sobre
qué era lo que necesitaba Irak, más de 70 por ciento dijo
"democracia". Otro 10 por ciento mencionó a la Autoridad Provisional
de Ocupación, y 15 por ciento, al Consejo de Gobierno Interino iraquí.
Por "democracia" los iraquíes querían decir democracia, no
la soberanía nominal que el gobierno de Bush ha estado planteando.
En general, "la gente no tiene confianza
en las fuerzas de Estados Unidos y Gran Bretaña (79 por ciento)
o en la autoridad provisional (73 por ciento)", según la encuesta.
El favorito del Pentágono, Ahmed Chalabi, no tenía respaldo
alguno.
El conflicto entre los estadunidenses
y los iraquíes en materia de soberanía fue altamente visible
en el primer aniversario de la invasión. Paul Wolfowitz y su personal
en el Pentágono señalaron que "estaban en favor de una estable,
prolongada presencia de soldados estadunidenses y de un ejército
iraquí relativamente débil como la mejor forma de alimentar
la democracia", escribió Stephen Glain en The Boston Globe.
Esa no es democracia, tal como la
entienden los iraquíes. O como la entenderían los estadunidenses,
si estuviesen sometidos a una ocupación extranjera.
No tenía sentido invadir Irak
si eso no conducía a estables bases militares en un estado dependiente
del tipo tradicional.
La Organización de Naciones
Unidas puede ser convocada, pero Washington está pidiendo que "respalde
un futuro gobierno iraquí de soberanía sólo nominal
y de dudosa legitimidad, bajo cuya invitación las potencias ocupantes
podrán quedarse en el lugar", comentó The Financial Times
en enero.
Mas allá de los temas de control
militar, los iraquíes también entienden que las medidas impuestas
intentan reducir la soberanía económica, incluyendo una serie
de órdenes para abrir las industrias y los bancos al efectivo control
de Estados Unidos.
No resulta sorprendente que los planes
estadunidenses hayan sido criticados por empresarios iraquíes que
denunciaron que eso destruirá la industria local.
En cuanto a los obreros iraquíes,
el gremialista David Bacon dice que las fuerzas ocupantes allanaron oficinas
de sindicatos, arrestaron dirigentes, están haciendo cumplir las
leyes antilaborales de Hussein y han entregado concesiones a empresarios
estadunidenses conocidos por su inquina hacia los sindicatos.
El resentimiento iraquí y
el fracaso de la ocupación militar han hecho que Washington tuviese
que dar marcha atrás de cierta manera en sus medidas más
extremas.
Las propuestas para abrir la economía
al capital extranjero han excluido el petróleo. Al parecer, eso
hubiera sido demasiado osado. Sin embargo, los iraquíes no necesitan
leer The Wall Street Journal para descubrir que "el conocimiento
en detalle de la destruida industria petrolera de Irak", gracias a lucrativos
contratos proporcionados por contribuyentes estadunidenses, "eventualmente
podría ayudar a Halliburton a obtener grandes contratos de energía"
en la nación árabe, junto con otras corporaciones multinacionales
respaldadas por gobiernos.
Falta aún saber si los iraquíes
pueden ser obligados a aceptar la soberanía nominal que les ha sido
ofrecida por las potencias ocupantes.
Otra pregunta es aún más
importante para los privilegiados occidentales: ¿permitirán
sus gobiernos "alimentar la democracia" y favorecer los intereses de esos
estrechos sectores del poder a los que sirven esas administraciones, pese
a la vigorosa oposición iraquí?
© Noam Chomsky. Distribuido
por The New York Times Syndicate.
* Noam Chomsky es profesor de lingüística
en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, en Cambridge, y autor
del libro Hegemony or Survival: America's Quest for Global Dominance
(Hegemonía o sobrevivencia: la búsqueda estadunidense de
dominio global), publicado recientemente. |